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Transporte público y liderazgo poltico


Amargo es nuestro vino, pero es nuestro vino. Los representantes políticos que hemos elegido y se congregan en la Asamblea Nacional parecen tener más cuidado de representar genuinamente los intereses, legítimos y no legítimos, de los propietarios de buses y taxis, y les importa muy poco el bienestar de los miles de ciudadanos que sufren el transporte público diariamente.

Hay que reconocer que es gracias a estos llamados líderes políticos, que no tenemos ni tendremos una ley del transporte público que modifique el actual colapsado sistema y permita desarrollar uno nuevo y moderno para el área metropolitana. Como estos diputados no llegaron ahí con los votos de los que manejan el negocio del transporte solamente, habrá que concluir que la responsabilidad parcial de esta triste parálisis en la transformación del servicio de transporte público le incumbe al electorado.

Por eso, habrá que ir pensando en que en la campaña electoral que arrancará el próximo año los ciudadanos deben ser muy celosos de la información relativa a los negocios de los aspirantes a diputados. Pues si seguimos eligiendo a dueños del negocio de transporte a la Asamblea Nacional, jamás lograremos desmantelar esa operación ineficiente y mal administrada, pues los diputados-transportistas no lo permitirán.

No está de más comentar que en temas como éstos, que requieren un verdadero liderazgo político, ahí entonces no lo hay. Para llenarse la boca de la palabra soberanía y justificar una agenda personal y oculta, no se escatimen esfuerzos en la demostración de sus convicciones.

Pero cuando se trata de actuar con conciencia cívica y proceder a los cambios por los que el pueblo clama, entonces la misma gente dice no tener liderazgo. ¿Hasta cuándo vamos a seguir tomando el mismo vino amargo?

¿No será hora de ir pensando en dotar a la contienda electoral de cuestiones ciudadanas para generar líderes políticos que se comprometan con ciertos cambios a los que aspira la sociedad?

101 años de Panamá América

 
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