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Transportistas conducen a contracorriente



Desde mucho antes de la crisis originada, el año pasado, por el incendio del bus 8B-06, el tema del transporte público había sido una constante preocupación de la ciudadanía. Y hay quien no ha olvidado que también fue una promesa de campaña de varios candidatos, como lo fueron tantos temas aún no resueltos en Panamá. Pero los que nunca olvidan que siempre olvidamos son los transportistas. Ellos andan, o más bien conducen, a contracorriente de la opinión pública, pues están a la espera que las "bravas" promesas del cambio del oficialismo quedarán engavetadas. Y, ¿a quién le conviene que esta barbarie siga ocurriendo?
En muchas ocasiones hemos insistido que todos debemos unirnos para enfrentarnos a esa situación. Pero la dirigencia del transporte no parece pensar así. Han reducido el diálogo a sólo dos interlocutores: ellos y el Gobierno. Actúan en consecuencia. Y nuevamente entre amenazas de paro, mal servicio y múltiples comisiones oficiales, el tiempo ha ido pasando. La tácticas dilatorias son su estratagema. Pero nos preguntamos, ¿por qué piensa el Gobierno que esta estrategia puede ser tolerada? En primer lugar, los transportistas son difíciles de tener en cualquier mesa de negociación. Son hostiles, con mañas y llevan a cuestas décadas de corrupción e impunidad. Por otro lado, las medidas propuestas para resolver el tema son desalentadoramente costosas para los debilitados presupuestos nacionales.
Finalmente, si el proyecto -cualquiera que sea- para el mejoramiento del transporte público fuese viable, por lo menos en sus primeras etapas en el país, habría quien le quisiera sacar algún tipo de beneficio político para llevarlo a la práctica. Pero en la medida que esto último sea posible, y eso también lo saben los transportistas, sabrán sacarle provecho para dilatar, negociar y no hacer los cambios necesarios.
Entre la vergüenza nacional, la desesperanza de los usuarios y la inercia gubernamental nos enfrentamos al incierto panorama de un sector cada vez más caótico y peligroso. Lo hemos dicho en múltiples ocasiones, se trata de la anarquía social que a todos perjudicará.

101 años de Panamá América

 
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