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Tras el camino ecológico


Ahora que parece conjurado momentáneamente el peligro, podemos permitirnos un breve análisis en retrospectiva de lo que fue la batalla por el Camino Ecológico que uniría a Cerro Punta y Boquete pasando por el Parque Nacional Volcán Barú. No hemos de redundar sobre lo que todo el mundo sabe, que construir la vía por la ruta sur, a la altura de Cuesta de Piedra es una alternativa factible, que no causa mayores daños. Nos interesa en esta ocasión destacar no el caso concreto sino la lucha por una cultura ecológica en nuestro país, en la que hemos estado empeñados grupos ecologistas, ciudadanos conscientes y algunos medios de comunicación.
Proteger el entorno ecológico no es sólo luchar por la vida sobre el planeta sino también una manera sana de coadyuvar al desarrollo de los pueblos, por medio de una economía conservacionista autosustentable. Esto implica usufructuar racionalmente los frutos de la naturaleza, incluyendo la explotación de un turismo que no dañe el entorno. Si Coiba o Barro Colorado, por ejemplo, no aguantan en su ecosistema más de 100 visitantes al mes, deberán ser pues 100 y ni uno más. Y así igual con hoteles, carreteras y asentamientos humanos.
Cuando se comunicó por primera vez la intención del actual gobierno de construir el Camino Ecológico por las inmediaciones del Sendero de los Quetzales, uno de los más bellos y singulares paisajes del planeta, nos alarmamos. Pero fieles a nuestra política de no criticar sin plantear soluciones, sugerimos en varias ocasiones que el camino se construyera sobre pilotes, por encima de la copa de los árboles, con estrictas regulaciones de tránsito respecto a ruido, gases, peso, número y horarios. Estimamos entonces que el mismo costaría unos B/.18 millones, cuatro veces más de lo presupuestado para el camino por el medio del bosque y los riachuelos que nacen en la Cordillera. Pero estimamos que valía la pena. No queríamos el camino, salvo por la ruta sur; mas fuimos claros que si se insistía debía hacerse sobre pilotes.
El ingeniero Eduardo Esquivel Ríos, ha explicado en nuestras páginas las muchas deficiencias del estudio de impacto ambiental, preparado para el proyecto original. En esencia nos dice que si la constructora tuviera que introducir al proyecto las medidas de mitigación ambiental necesarias que omitió, la vía no costaría ya los B/.4.6 millones previstos sino el doble o más. Nos dice: "un verdadero camino ecológico que afectara en lo mínimo el suelo, la fauna y la flora, tendría que ser construido sobre columnas, pasar a 10 metros del suelo, entre los árboles, y debe tener un diseño integrado con el paisaje", por eso - estima - "la ruta sur, puede ser una salida honorable para el gobierno" y en eso volvemos a concordar plenamente.

101 años de Panamá América

 
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