default

Trascendencia de la obra interamericana de Roosevelt


Por todas partes se habla de que a Estados Unidos le falta memoria histórica. Sin embargo, al recibir al primer ministro británico, Tony Blair, el presidente Bill Clinton demostró que conocía a fondo la "unidad de propósitos" que forjó la alianza entre Washington y Londres durante la Segunda Guerra Mundial.
Asimismo, en una reafirmación de su afinidad con el visitante, Clinton citó la alianza y amistad personal que forjaron Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill así como la lucha "hombro a hombro" que libraron para derrotar a la alemania nazi.
Para subrayar aún más su afinidad con el visitante, Clinton se apartó del protocolo y lo llevó a que conociera el nuevo jardín de esculturas alusivas creado en homenaje a la presidencia de Roosevelt cerca de los monumentos a Jefferson y Lincoln, a escasas cuadras de la Casa Blanca.
No era para menos después del balón de oxígeno que Blair lanzó durante su visita, otorgando a Clinton su pleno apoyo en la crisis con Irak, así como una contundente defensa contra los ataques de la prensa y de los políticos de la oposición.
Quizás por haber estudiado con una beca en Oxford y creer en la "relación especial" que algunos presidentes estadounidenses sienten por Gran Bretaña, a Clinton no se le ocurrió llevar a ninguno de los mandatarios latinoamericanos que pasaron por la Casa Blanca este último año a recorrer el memorial al presidente que con más éxito consolidó las relaciones hemisféricas en este siglo.
¿Sabrá Clinton que no hay una capital latinoamericana sin un Parque Roosevelt, una Escuela Roosevelt o una Avenida Roosevelt?.
Lo más curioso es que la obra interamericana de Roosevelt, conocida por la política de "buen vecino", que el propio mandatario reconoció como su "más exitosa hazaña" de los primeros ocho años en que estuvo en el poder, tampoco esta reflejada en ninguno de los temas alusivos o esculturas que se concentran en su liderazgo en la Segunda Guerra y las tantas reformas que representaron el "New Deal".
En realidad, tanto la substancia como el estilo de la política que Roosevelt desarrolló con Latinoamérica es tan vigente hoy como cuando escribió su primer ensayo de lo que luego se convirtió en la política del Buen Vecino.
Clinton debería tomarlo en cuenta, considerando de que dentro de dos meses deberá asistir a la Segunda Cumbre de las Américas que se celebrará en Santiago de Chile pero que hasta el momento no ha despertado gran interés, ni en las altas esferas del gobierno ni en los medios informativos o el público de Estados Unidos.
Pero mientras la política hemisférica de Washington está de siesta, la Unión Europea está desplegando una vigorosa ofensiva política y económica en Latinoamérica. Justamente esta semana se reúnen en Panamá los cancilleres del Grupo de Río y la Unión Europea para echar las bases de una multitudinaria cumbre de 49 jefes de Estado de los dos continentes a celebrarse en Ro de Janeiro en 1999.
Clinton, desde que llegó al poder en 1992 se ha concentrado en su programa nacional dejando a sus secretarios de Estado que se ocupen de la política exterior, con excepción de alguna crisis como la de Irak, Bosnia y el Oriente Medio a los que le ha dedicado algún tiempo.
El interés de Roosevelt por Latinoamérica se remonta a los años 1914 cuando fue un joven secretario adjunto de Marina y frecuentemente visitaba a México y los países del Caribe.
Su primera andanada política fue una dura crítica lanzada contra el Partido Republicano en vísperas de las elecciones de 1928. Este fue el famoso artículo "Nuestra Política Exterior la Visión de un Demócrata", publicado en la prestigiosa revista "Foreign Affairs" publicada en 1928, o sea cuatro años antes de su elección a la presidencia, que fue su gran filípica contra el intervencionismo, la "política del dólar" y el proteccionismo comercial que practicaban los gobiernos republicanos.
Ni bien llegó al poder, Roosevelt no dejó pasar nueve meses antes de que retirara los marines de Santo Domingo, Nicaragua y Haití, anuló la odiosa Enmienda Platt que sometía a Cuba a los caprichos de Washington, y aumentó los beneficios que Panamá obtenía del Canal .
Reflexionando sobre la política intervencionista de McKinley, Teodoro Roosevelt, y Taft, el joven Roosevelt sentenció: "El resultado neto de estas políticas, a las que hay que agregar la reciente y poco convincente intervención de Nicaragua, es que nunca antes en la historia hemos tenido menos amigos en el hemisferio occidental de los que tenemos hoy".
Para Roosevelt lo que más contaba era, en sus propias palabras, el "espíritu" de las relaciones y no solamente los aspectos económicos que parecen dominar el panorama actual.
Cual fue el secreto de la popularidd de la política del "buen vecino"? Un paciente y elocuente esfuerzo didáctico por parte del presidente, cosa que aún le falta a Clinton.
Roosevelt usó la Casa Blanca, sus famosas alocuciones radiales y los constantes mensajes al Congreso como herramientas didácticas para lograr que el gran público comparta su convicción que lo que llamaba "la alianza del Nuevo Mundo" era el eslabón más importante de la política exterior de Estados Unidos.
No por nada entre sus mejores amigos no sólo contaba a Churchill, sino también a Harmodio Arias, de Panamá; Alfonso López Pumarejo, de Colombia y éste se expresó a través de un constante y genuino interés por lo que pasaba al sur del Río Grande.
Ni bien fue electo por un segundo periodo en noviembre de 1936 de los cuatro que sirvió antes de morir en 1945 Roosevelt abordó el crucero "Independence" para visitar a Argentina, Uruguay y Brasil.
No fue por accidente que al llegar a Buenos Aires para abrir el Congreso Interamericano para la Paz casi un millón de personas llenaron la avenida con gritos de "Viva Roosevelt" y "Viva la Democracia". Y eso que Argentina en esos años se consideraba el gran rival de Washington para ejercer una influencia hegemónica en el hemisferio.
Clinton deberá hacer un gran esfuerzo para dar mayor relieve a su política hemisférica si espera tener un recibimiento similar en Santiago.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América