¿Tratado de Libre Comercio con EU?
En los últimos meses, el Gobierno Nacional ha estado divulgando las diversas gestiones que adelanta para la celebración de un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Parte de ellas las adelanta el Ministerio de Comercio e Industrias y otras corresponden a la Embajada de Panamá en Washington, a cargo de Roberto Alfaro. Más recientemente, se ha sumado a la tarea el Canciller Arias quien incluso ha informado de una próxima visita a la capital norteamericana de la Presidenta Moscoso, cuyo principal propósito sería tratar el tema.
En varias oportunidades, distintos funcionarios de Estados Unidos han expresado que la vía que más conviene a Panamá para acceder a un tratado de libre comercio es la multilateral, sumada al bloque centroamericano, en momentos en que todavía no se habían iniciado las negociaciones que hoy se adelantan para ese propósito. Desafortunadamente, los dos últimos gobiernos panameños perdieron el tiempo, jugando a la ruta corta de un tratado bilateral, en vez de sumarse al esfuerzo un tanto más adelantado de nuestros vecinos del istmo.
Hoy es tarde para eso. Los centroamericanos, liderados por Costa Rica, llevan varios meses negociando el tratado con Estados Unidos. Es un proceso fascinante, duro y complicado. El sector agropecuario luce como el principal obstáculo, pero tarde o temprano lo superarán.
Panamá ha tocado la puerta a esa negociación, con la actitud agitada de quien llega tarde. Pero un alto funcionario centroamericano dijo que Panamá ya no podía subirse al carro de las negociaciones, ya que está muy avanzado. Ante la tajante negativa, presurosos nos fuimos a tocar la puerta de Washington. La respuesta que recibieron los nuestros fue peor, la única alternativa que nos quedaría sería aguardar a la firma del tratado con Centroamérica para luego adherirnos a él. El inconveniente es obvio, pues Panamá tiene particularidades que no comparte con sus vecinos y sobre las cuales ellos, lo más seguro, es que no harán reserva alguna.
Cerrada así la puerta de la adhesión, hemos ido de vuelta al principio, a gestionar una negociación bilateral. Ojalá tengamos suerte en ese camino, pero hay que tener claro que las posibilidades de lograrlo son remotas. Para muestra está Colombia.
El argumento de esta última para acceder a una negociación es el mismo que el nuestro: Una relación especial (en su caso, $1,200 millones de ayuda bélica recibida y una creciente presencia militar en su territorio) y la posición geográfica estratégica (entre el Canal por un lado y el petróleo de Venezuela, Perú y Ecuador, por el otro). Y a Colombia le acaban de dar un rotundo no, señalándole como única alternativa el esperar al ALCA, cuyo inicio está previsto para el 2005 y el cual ni siquiera ha superado la etapa de las meras intenciones.
En varias oportunidades, distintos funcionarios de Estados Unidos han expresado que la vía que más conviene a Panamá para acceder a un tratado de libre comercio es la multilateral, sumada al bloque centroamericano, en momentos en que todavía no se habían iniciado las negociaciones que hoy se adelantan para ese propósito. Desafortunadamente, los dos últimos gobiernos panameños perdieron el tiempo, jugando a la ruta corta de un tratado bilateral, en vez de sumarse al esfuerzo un tanto más adelantado de nuestros vecinos del istmo.
Hoy es tarde para eso. Los centroamericanos, liderados por Costa Rica, llevan varios meses negociando el tratado con Estados Unidos. Es un proceso fascinante, duro y complicado. El sector agropecuario luce como el principal obstáculo, pero tarde o temprano lo superarán.
Panamá ha tocado la puerta a esa negociación, con la actitud agitada de quien llega tarde. Pero un alto funcionario centroamericano dijo que Panamá ya no podía subirse al carro de las negociaciones, ya que está muy avanzado. Ante la tajante negativa, presurosos nos fuimos a tocar la puerta de Washington. La respuesta que recibieron los nuestros fue peor, la única alternativa que nos quedaría sería aguardar a la firma del tratado con Centroamérica para luego adherirnos a él. El inconveniente es obvio, pues Panamá tiene particularidades que no comparte con sus vecinos y sobre las cuales ellos, lo más seguro, es que no harán reserva alguna.
Cerrada así la puerta de la adhesión, hemos ido de vuelta al principio, a gestionar una negociación bilateral. Ojalá tengamos suerte en ese camino, pero hay que tener claro que las posibilidades de lograrlo son remotas. Para muestra está Colombia.
El argumento de esta última para acceder a una negociación es el mismo que el nuestro: Una relación especial (en su caso, $1,200 millones de ayuda bélica recibida y una creciente presencia militar en su territorio) y la posición geográfica estratégica (entre el Canal por un lado y el petróleo de Venezuela, Perú y Ecuador, por el otro). Y a Colombia le acaban de dar un rotundo no, señalándole como única alternativa el esperar al ALCA, cuyo inicio está previsto para el 2005 y el cual ni siquiera ha superado la etapa de las meras intenciones.