Traumático drama
Refriéndose al problema que confronta el sistema de transporte público de pasajeros, el Sr. Presidente de la República ha expresado que “…los cambios en este sector serán ordenados, realistas, basados en estudios y recomendaciones para que se hagan bien y no sean traumático”, (La Prensa, 28 de marzo 2008). Sostengo que lo planteado por el mandatario, en el sentido de lo traumático que pudiera resultar el tomar medidas al margen de los aspectos por él señalados, no se corresponde con el vía crucis que vive la colectividad que día a día tiene que bregar con un sistema y unas prácticas que ya se han hecho insostenibles.
Traumático es el drama que viven decenas de familias que no logran aún superar el dolor de la pérdida de sus seres queridos producto de las tragedias de aquel fatídico 23 de octubre de 2006, y de la recientemente ocurrida en la Vía Transístmica. Traumático es el drama que viven miles de panameños humildes que a diario se juegan la vida por trepar, por así decirlo, en estas máquinas de muerte para poder cumplir con sus responsabilidades laborales, escolares o de otra índole, marcados siempre por la incertidumbre de no saber si regresarán sanos y salvos al seno de sus hogares.
Traumático es el estado de angustia que permanentemente experimentamos a lo largo del día los que, aun teniendo automóvil, estamos conscientes de que nuestros familiares, especialmente hijos y cónyuge, están a merced del peligro que implica tener que desplazarse en estas trampas de muertes piloteadas por individuos que, en algunos casos, responden a un perfil patológico propio de quien consume estupefacientes, en otros, a sujetos con bajos niveles de madurez mental y/emocional tal que se les imposibilita el comprender plenamente la responsabilidad que les atañe lo cual, por supuesto, debería incapacitarlos absolutamente para llevar a cabo esta labor.
Estos son, Sr. Presidente, los verdaderos y auténticos traumas, peor no puede ser; aún así entiendo que le asiste a Ud. algo de razón, cambios sustanciales, profundos y radicales; es decir, que implique remover de raíz el mal, y desde ya, pueden en efecto ser traumáticos, la pregunta es: ¿Traumáticos para quién o quiénes? No puede serlo para el humilde panameño que no tiene otra opción; probablemente, sí resulten traumáticos para los grande jerarcas del negocio, algunos de los cuales, olvidando sus originales condiciones sociales y económicas, se codean con sectores del poder político y empresarial, y hasta están insertados en Órganos del Estado y partidos políticos hegemónicos disponiendo así de una cuota del poder político la cual usufructúan a su antojo y en beneficio propio. Humildes trabajadores del transporte colectivo ayer, han devenido, hoy, en personajes que más que empresarios se asemejan a gamonales o jefes mafiosos.
Señor Presidente, existen situaciones en las que es imperativo (un imperativo moral) la separación entre el estadista y el político; atrévase a ser estadista; atrévase a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones, la colectividad panameña sabrá reconocérselo.