Tremendo cocinado
Cronista político
En una oportunidad nos ocupamos de la Reforma Tributaria y ahora haremos lo propio con la Reforma Electoral. También se ha hablado de reformas a la Constitución Política de Panamá que prometemos, en su momento, igualmente comentar. Parece que el cocinado que está llevando a cabo el Tribunal Electoral es grande y procuran mantener tapada la olla para evitar el escape de aromas que puedan dar lugar a recelos. Nada o muy poco se sabe de las reformas que se adelantan, sólo de vez en cuando la ciudadanía conoce alguna que otra noticia lo que parece indicativo de la inadvertencia de que la sociedad civil es la determinante primordial en todo el proceso electoral.
Se ha dicho que los partidos políticos son indispensables para el funcionamiento de la democracia y se ha sostenido la idea de que no puede existir una democracia sin partidos políticos, mas sin embargo en términos históricos, los partidos políticos tienen una reciente vinculación con la democracia. En sus inicios, la democracia moderna tuvo sus primeras experiencias sin la presencia de los partidos políticos tal como hoy los conocemos. Una vez surgieron tuvieron una vinculación íntima con la democracia representativa a tal grado que hoy algunos no conciben a la democracia sin la existencia de los partidos políticos. Otros han expresado que "los partidos políticos son los constructores de los regímenes democráticos. Son actores distinguidos en los procesos de transición a la democracia y pueden ser los principales garantes de la profundización y consolidación de la misma. En las democracias modernas son indispensables."
Lo cierto es que los partidos políticos en Panamá han dejado de ser la "correa de transmisión" entre la sociedad civil y el Estado y por ello se da el enorme distanciamiento y divorcio existente entre gobernantes y gobernados.
Los partidos políticos en Panamá carecen de liderazgo, perdieron su fundamento ideológico y programático. Se han reducido al logro de unas cuotas para asegurar su permanencia política. Hoy día sólo las masas de sus integrantes burocráticos suelen ser movilizadas por los partidos políticos, carecen de todo arraigo entre la ciudadanía. Sus integrantes los usan como trampolín para la consecución de cargos burocráticos y emolumentos. Carecen de toda ideología e ideas, proyectos y principios. Más que partidos políticos son facciones políticas incapaces de vincularse con las aspiraciones y los intereses de la sociedad. Sólo reclutan clientelas y cada vez están integrados por ciudadanos menos calificados para gobernar y menos comprometidos con una gestión honesta y respetable. Se han convertido en el destino de los ciudadanos que no dan "bola" en otras actividades, los fracasados.
Los partidos políticos que tenemos en Panamá son especies degeneradas de partidos políticos, pues son agrupaciones de carácter personalista o surgidos de intereses inferiores que han llevado al desprestigio el concepto de "partido político". Los partidos políticos en Panamá están basados únicamente en la comunidad de intereses económicos privados o en lazos de parentesco o de amistad personal lo que ha contribuido con la naturaleza degenerada y espuria que estas agrupaciones poseen. Se han convertido en medios perversos y degenerativos de la democracia en Panamá, en una partidocracia. Han perdido la capacidad para articular las demandas de la comunidad y no actúan con la celeridad que los nuevos tiempos exigen.
Ante la indubitable profunda crisis existente en los partidos políticos estamos frente a la siguiente encrucijada: o los reformamos a fondo para rescatar su sentido con opciones políticas viables para acceder al ejercicio democrático del poder público o construimos nuevas formaciones que reflejen nuevos proyectos políticos capaces de enfrentar y resolver los grandes problemas de nuestras sociedades en este milenio que recién inicia. No hay otra, o lo uno o lo otro, porque permanecer o mantener la actual situación sólo nos conducirá al exterminio de la democracia.
La ciudadanía debe estar consciente de que el orden social existente no está dado, que se puede cambiar por actores inclinados a la búsqueda de soluciones a los problemas sociales dispuestos a romper con el monopolio político que siempre ha manejado la clase política nacional y que es la única causante de todo el malestar existente. Es menester que la ciudadanía se apropie de las reglas del juego, que con su accionar responsable reivindique su protagonismo en la toma de las decisiones políticas.
¿Reformas electorales? Pues sí y urgentemente son requeridas, sólo que cualquiera que éstas sean, si provienen solamente del seno del conglomerado de partidos políticos, -una autorregulación- nos estamos engañando y nada lograremos en beneficio de la democracia panameña. Es la sociedad civil la que el Tribunal Electoral y los partidos políticos desean excluir de las reformas electorales que se adelantan, la llamada a re potenciar a los partidos políticos para que éstos resurjan provistos de fundamentación ideológica y programática para representar los intereses de la sociedad civil. Debería impulsarse un coloquio entre los partidos políticos y la sociedad civil, con la mediación del tribunal Electoral, para que así entre estos dos grandes componentes salgan las normas y reglas necesarias que determinen el protagonismo de los partidos políticos. Mientras se margine a la sociedad civil todo no será otra cosa que un parapeto, un autoengaño que sin duda nos conducirá a la desaparición de la frágil democracia panameña.
Todavía estamos a tiempo para rectificar. Se debe suspender la farsa que se adelanta en el proceso de reformas electorales que se están llevando a cabo y reconducir las Reformas Electorales con fundamento a las consideraciones que hemos expuesto. Ninguna Reforma Electoral que soslaye la grave distorsión de los partidos políticos nacionales, merece credibilidad.