Tribulaciones del niño cubano
Quizás desde el tiempo en que el rey Salomón amenazó con descuartizar al niño que disputaban una madre legítima y otra apócrifa no se había presentado un caso como el del niño cubano Elián González. A los seis años Elián es la víctima inocente del huracán político levantado por los cubanos del exilio, por un lado, y los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, por el otro. Unos ven al niño que sobrevivió al naufragio en que pereció su madre en aguas de Miami como el símbolo del éxodo de los cubanos que huyen del comunismo, en tanto los otros se dividen entre el régimen fidelista que se rasga las vestiduras en defensa de una patria potestad, mientras vulnera todas las libertades de sus ciudadanos, y el gobierno de Estados Unidos que se ciñe a la ley de migración, temiendo crear un precedente que provoque otra estampida de cubanos y haitianos.
En la vorágine de la disputa eminentemente política pocos piensan en los traumas sicológicos alojados en la mente de este niño de seis años. Primero padeció el naufragio y vio la desaparición de su madre; a esta experiencia perturbadora se suman las tensiones desatadas por sus familiares de Miami que no quieren que retorne a la isla y el padre que lo reclama. Elián dificilmente olvidará cómo su infancia fue quebrada por la ordalía que ha politizado su desventura personal a límites inauditos, convirtiéndolo en objeto de permutas ideológicas. No podemos dejar de anotar la aparente coincidencia de dos países, Estados Unidos y Cuba, invariablemente en posiciones contrapuestas desde 1960. Podríamos decir que la coincidencia parte de supuestos ideológicos distintos. El gobierno de Estados Unidos se rige por el respeto al principio de patria potestad y estima que Elián debe vivir al lado de su padre. Desde el punto de vista migratorio se ciñe a sus leyes, dando la impresión de que no desea amparar más el exilio premeditado. Fidel ha maniobrado con astucia para desacreditar a los exilados cubanos como una comunidad que no acata las leyes del país en que residen, refugiándose en una patria potestad que es un derecho natural y universal, pero que explota en esta ocasión, en provecho de su condenable régimen.
En la vorágine de la disputa eminentemente política pocos piensan en los traumas sicológicos alojados en la mente de este niño de seis años. Primero padeció el naufragio y vio la desaparición de su madre; a esta experiencia perturbadora se suman las tensiones desatadas por sus familiares de Miami que no quieren que retorne a la isla y el padre que lo reclama. Elián dificilmente olvidará cómo su infancia fue quebrada por la ordalía que ha politizado su desventura personal a límites inauditos, convirtiéndolo en objeto de permutas ideológicas. No podemos dejar de anotar la aparente coincidencia de dos países, Estados Unidos y Cuba, invariablemente en posiciones contrapuestas desde 1960. Podríamos decir que la coincidencia parte de supuestos ideológicos distintos. El gobierno de Estados Unidos se rige por el respeto al principio de patria potestad y estima que Elián debe vivir al lado de su padre. Desde el punto de vista migratorio se ciñe a sus leyes, dando la impresión de que no desea amparar más el exilio premeditado. Fidel ha maniobrado con astucia para desacreditar a los exilados cubanos como una comunidad que no acata las leyes del país en que residen, refugiándose en una patria potestad que es un derecho natural y universal, pero que explota en esta ocasión, en provecho de su condenable régimen.