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Tribunal Electoral, patrimonio nacional


"Finalmente, las elecciones para Consejos Municipales se verificaron el 25 de junio (1916), en medio de las más exaltadas denuncias de fraude, al punto que el 9 de julio en las votaciones presidenciales, los partidarios de Chiari no fueron a las urnas. De esta manera, el candidato oficial Ramón M. Valdés pudo acceder al solio presidencial. Para el Encargado de Negocios de Francia, M. Bisel, "el fraude electoral sobrepasó en cinismo todos los precedentes conocidos"..." (Estudios sobre El Panamá Republicano, Patricia Pizurno y Celestino Araúz, Edit. Manter, S.A.,1996).
Los fraudes electorales nacieron con la República, seguramente bien enseñados por los colombianos. En esas trampas Estados Unidos fue a veces un freno y, en no pocas oportunidades, un acelerador de las mismas cuando le convenía a ellos. No era para menos. La geoestrategia americana que buscaba hacer el Canal con fines exclusivamente militares, no paraba mientes en otra cosa que no fuera el cuidado de sus intereses. Los presidentes eran bien o mal vistos en la medida que fueran más o menos adláteres al gobierno de Washington.
De modo que la democracia era una frase bastante hueca y los vicios electorales eran la orden del día. Todos conocemos otras cosas...cómo insurge alguien políticamente atípico ante las camarillas liberales de distintas facciones, como el Dr. Arnulfo Arias, quien irrumpe en el escenario audazmente, con maniobras y conspiraciones palaciegas, golpes e intrigas, asaltos a cuarteles con policías baleados. De tales acciones y reacciones recibe, igualmente, el caudillo carismático el odio de liberales y facciones adversas, militares incluidos, que luego le devolverán sus facturas con fraudes y negación de sus votos.
Esa historia de trampas no era nueva cuando los militares asaltan el poder y echan abajo el precario orden constitucional en 1968. Antes estaba inscrita en los registros las componendas de la oligarquía tradicional buscando emparejar los votos necesarios para ganar de todas maneras, lo que llevó en el tiempo de los conteos, según órdenes alfabéticas, a que la provincia donde se hacían los ajustes finales era Veraguas. De allí que a la palabra "paquetazos" se le agregó la de "veraguazos".
Nuestros jóvenes ignoran esas cosas, y sólo se les ha querido enseñar, descaradamente, los fraudes electorales de los militares, acción de saña inmisericorde desde el enfoque serio de la historia autocrítica. Y aquí nadie conoce eso, la autocrítica; y los que sí creemos en ella, lo hemos pagado caro.
En medio de todos los empujones y zancadillas que nos hemos dado entre todos los políticos, civiles y militares, sin ninguna excepción de santos o santas de la política, llegamos al Tribunal Electoral de hoy. Y esa corporación que tenemos, más o menos robusta, pero expuesta a todo tipo de bacterias y virus, va mucho más allá de los dignatarios que la presiden. Se trata de un patrimonio nacional inalienable, que la Constitución consagra dándole en espíritu autonomía e independencia, o sea lo que nunca quisimos darle. De eso se trata, el resto es politiquería que a todos nos gusta.
Si ya pasaron las épocas en que de los dos ingenios azucareros salían los presidentes, si ya se acabó la etapa en que los cuarteles ponían los mandatarios, si queremos jugar en serio, entonces, llegó la hora de sacar toda mano innecesaria, toda injerencia tóxica del Tribunal Electoral; darle los recursos, exigirle con énfasis cumplimiento y seriedad, y darnos todos un instrumento que no nos lleve a situaciones de guerras sociales.
Hay demasiados rumores en la calle, de todo se habla. Pero salgámonos de los rumores, que algunos parecen muy graves. Dejemos a un lado la información de que el Gobierno de Washington ha planteado serias preocupaciones, según algunas fuentes importantes; y en vez de estar metiendo en nuestros asuntos otra vez a los gringos, defendamos como hombres y mujeres lo que mañana no querramos llorar como niños. Nadie está para cuentos.
Si ese Tribunal Electoral está pegando como un árbol sano, aunque a veces le caigan hongos y requiera de tratamientos, conservémoslo así, no pretendamos echarlo abajo con ninguna excusa. Y luego, que los magistrados respondan por sus obligaciones, con madurez, honestidad, responsabilidad ciudadana, que para eso le pagamos altos sueldos, y muchos privilegios, que sólo ellos y los otros altos dignatarios del país ostentan, en estas horas de tanta miseria.

101 años de Panamá América

 
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