Tributos y demagogia (II)
La Ley 61 del 26 de diciembre de 2002, mejor conocida como la Ley de la Reforma Tributaria, es la principal muestra de la ineptitud, incoherencia y descrédito que caracteriza a la actual gestión gubernamental; y de la falsa, demagógica y anacrónica oposición política, liderada por el PRD. Así me atrevo a calificar la norma que ha dado paso a un sistema tributario que de simple, justo y equitativo, no tiene nada.
El sistema tributario panameño ha requerido, desde hace mucho tiempo, una reestructuración total, que se base en reformas objetivas y responsables; sin embargo, las nuevas modificaciones introducidas a partir de este año, distan mucho de cumplir con estos importantes requisitos. Por el contrario, su alto nivel de inverosimilitud con la realidad nacional, las han convertido en una herramienta sutil a la hora del proselitismo politiquero y barato que caracteriza nuestro accionar electoral.
Todo el mundo habla de lo malo que son las nuevas reformas tributarias y que hay que “tumbarlas”. Algunos promueven marchas multitudinarias para conseguirlo lo más pronto posible, antes de que se caldeen los ánimos de la campaña electoral y todo el mundo se olvide de la lucha y prefiera pasar a ser fiel espectador del discurso falaz y demagógico de más de un candidato. Otros, por su parte, guardan sus esperanzas en que el próximo gobierno las derogue o las modifique, olvidando que esos mismos candidatos que están haciendo campaña con este tema, se están aprovechando de la situación, de los ánimos de rechazo que el país tiene hacia la actual administración, prometiendo derribar algo que es más difícil de tumbar que el finado muro de Berlín. Simple y sencillamente hablan de derogar, modificar y mejorar; pero ninguno establece sus propuestas en blanco y negro. La politiquería con el asunto ha llegado hasta tal punto, que un precandidato a alcalde por el Partido Popular anda haciendo campaña política con el tema tributario en sus volantes publicitarias.
Nuestro sistema tributario siempre ha sido injusto, y ahora lo es más; gracias a la mediocre administración Moscoso y a la patética oposición Torrijos -estoy empezando a creer el asunto del Pacto MAMI-.
No se puede hablar de equidad y de justicia, cuando un ciudadano que no tiene trabajo y que se detiene frente a una refresquería a comprar un “chicheme y un cuara de patacón”, debe pagarle al Estado un 5% de ITBMS, mientras que aquel que se da el lujo de facturar mensualmente más de B/. 50.00 en servicio telefónico o eléctrico, no tiene que contribuir con un solo centavo al erario público porque se trata de “un servicio público”. Eso para dar un pequeño ejemplo de los tantos que se pueden considerar, pero que por razones de espacio limitaré.
Los panameños estamos conscientes de que el nuevo sistema tributario es nefasto y queremos que el mismo sea revisado. ¿Qué se requiere aumentar las recaudaciones fiscales? Pues antes de hacerlo, es necesario que el gobierno de turno tenga la suficiente voluntad de generar, primero, las reformas administrativas que permitan establecer un sistema de recaudación que disminuya a un mínimo, casi imperceptible, la posibilidad de evasión fiscal de parte de los contribuyentes irresponsables; de igual forma, debe impulsar cambios que permitan una mejor utilización de los recursos del Estado, demostrándole a los contribuyentes que el dinero que se recauda se utiliza en lo que se debe, que no se exoneran sinvergüenzadas -como actualmente se hace- y que cada centavo del presupuesto es hartamente sustentado para que nadie tenga dudas. Tal vez, si Moscoso y su equipo hubiesen actuado de esta manera, el reordenamiento tributario actual, a pesar de ser incoherente, no hubiese sido recibido con tanto repudio.
En fin, las reformas tributarias están ahí, y entre las voces demagogas que prometen su derogación y las voces de los que siguen luchando por una verdadera equidad social; se sigue perdiendo la responsabilidad ciudadana de exigir a nuestros candidatos presidenciales que pongan las cartas sobre la mesa y que se comprometan a sentar, una vez entrado el nuevo período gubernamental, a los mejores economistas y contadores de la nación, a analizar y estructurar un sistema tributario eficiente, que reemplace al actual, mismo que ha dejado en evidencia su decadencia, y más que eso, su injusticia para con los que menos tienen.
Un buen sistema tributario es aquél en el que todos aportan, en menor o mayor grado, dependiendo de su capacidad de ingreso; y en el cual el gobierno es capaz de demostrar que esos aportes son empleados para beneficio del Estado, que somos todos.
El sistema tributario panameño ha requerido, desde hace mucho tiempo, una reestructuración total, que se base en reformas objetivas y responsables; sin embargo, las nuevas modificaciones introducidas a partir de este año, distan mucho de cumplir con estos importantes requisitos. Por el contrario, su alto nivel de inverosimilitud con la realidad nacional, las han convertido en una herramienta sutil a la hora del proselitismo politiquero y barato que caracteriza nuestro accionar electoral.
Todo el mundo habla de lo malo que son las nuevas reformas tributarias y que hay que “tumbarlas”. Algunos promueven marchas multitudinarias para conseguirlo lo más pronto posible, antes de que se caldeen los ánimos de la campaña electoral y todo el mundo se olvide de la lucha y prefiera pasar a ser fiel espectador del discurso falaz y demagógico de más de un candidato. Otros, por su parte, guardan sus esperanzas en que el próximo gobierno las derogue o las modifique, olvidando que esos mismos candidatos que están haciendo campaña con este tema, se están aprovechando de la situación, de los ánimos de rechazo que el país tiene hacia la actual administración, prometiendo derribar algo que es más difícil de tumbar que el finado muro de Berlín. Simple y sencillamente hablan de derogar, modificar y mejorar; pero ninguno establece sus propuestas en blanco y negro. La politiquería con el asunto ha llegado hasta tal punto, que un precandidato a alcalde por el Partido Popular anda haciendo campaña política con el tema tributario en sus volantes publicitarias.
Nuestro sistema tributario siempre ha sido injusto, y ahora lo es más; gracias a la mediocre administración Moscoso y a la patética oposición Torrijos -estoy empezando a creer el asunto del Pacto MAMI-.
No se puede hablar de equidad y de justicia, cuando un ciudadano que no tiene trabajo y que se detiene frente a una refresquería a comprar un “chicheme y un cuara de patacón”, debe pagarle al Estado un 5% de ITBMS, mientras que aquel que se da el lujo de facturar mensualmente más de B/. 50.00 en servicio telefónico o eléctrico, no tiene que contribuir con un solo centavo al erario público porque se trata de “un servicio público”. Eso para dar un pequeño ejemplo de los tantos que se pueden considerar, pero que por razones de espacio limitaré.
Los panameños estamos conscientes de que el nuevo sistema tributario es nefasto y queremos que el mismo sea revisado. ¿Qué se requiere aumentar las recaudaciones fiscales? Pues antes de hacerlo, es necesario que el gobierno de turno tenga la suficiente voluntad de generar, primero, las reformas administrativas que permitan establecer un sistema de recaudación que disminuya a un mínimo, casi imperceptible, la posibilidad de evasión fiscal de parte de los contribuyentes irresponsables; de igual forma, debe impulsar cambios que permitan una mejor utilización de los recursos del Estado, demostrándole a los contribuyentes que el dinero que se recauda se utiliza en lo que se debe, que no se exoneran sinvergüenzadas -como actualmente se hace- y que cada centavo del presupuesto es hartamente sustentado para que nadie tenga dudas. Tal vez, si Moscoso y su equipo hubiesen actuado de esta manera, el reordenamiento tributario actual, a pesar de ser incoherente, no hubiese sido recibido con tanto repudio.
En fin, las reformas tributarias están ahí, y entre las voces demagogas que prometen su derogación y las voces de los que siguen luchando por una verdadera equidad social; se sigue perdiendo la responsabilidad ciudadana de exigir a nuestros candidatos presidenciales que pongan las cartas sobre la mesa y que se comprometan a sentar, una vez entrado el nuevo período gubernamental, a los mejores economistas y contadores de la nación, a analizar y estructurar un sistema tributario eficiente, que reemplace al actual, mismo que ha dejado en evidencia su decadencia, y más que eso, su injusticia para con los que menos tienen.
Un buen sistema tributario es aquél en el que todos aportan, en menor o mayor grado, dependiendo de su capacidad de ingreso; y en el cual el gobierno es capaz de demostrar que esos aportes son empleados para beneficio del Estado, que somos todos.