Trompetas de crisis general
LA FRECUENCIA con que personas del público y otras fuentes más calificadas han venido refiriéndose por la prensa al panorama de crisis generalizada que está viviendo diariamente nuestra República, nos mueve a insistir en el tema.
Por todos lados, por todos los sectores, por todos los ángulos desde los cuales el panameño opina se escucha la alarma en torno a la existencia difícil y lamentable a que ha llegado toda la vida panameña desde hace bastante tiempo.
Sin embargo, se observa la nula atención con que la mayoría ciudadana no da alguna muestra de que podría participar de algún modo en un entendimiento de grupos para ir echando las bases de lo que a lo mejor llegarían a ser conciertos militantes en torno a los caminos necesarios para que el país supere esta situación que cada vez más lo hunde en el fracaso y en la ausencia de autenticidad colectiva, lo que también podríamos nombrar como crisis de conciencia nacional mínima. Hay tan sólo algunas pocas agrupaciones de personas que se preocupan por el destino panameño y celebran reuniones más o menos periódicas para analizar los problemas nacionales. Pero sin criticar a estos congresos positivos, no parecen ellos dispuestos a ampliar el radio de su propia actividad, fomentando la extensión de su actitud y ejemplo hacia otras esferas de la problemática nacional.
Para nosotros no son extrañas las expresiones de recrudecimiento de la delincuencia y otros casos de progreso de una existencia colectiva muy desfavorable y socialmente peligrosa. Nos parece que el incendio capitalino de varios juzgados importantes es la muestra pública de la corrupción que señorea en instancias de nuestra justicia. ¿Cuándo podrá tomar caminos rectos tal sector gubernamental? ¿Qué haremos con tal fin?
Sin embargo, se observa que es nula la actuación de personas que bien podrían contribuir grupalmente en las rectificaciones indispensables para que otras esferas de la vida colectiva propiciaran el ejemplo que pueden dar a situaciones que merecen el apoyo de los que han experimentado exitosamente, aunque con muchos esfuerzos, por el mejoramiento progresivo pero firme de las carencias nacionales.
Pero la ausencia de consenso para comunicar los éxitos parciales que se tengan, haría pensar en que Panamá ha llegado al punto en que se impone la conclusión de que somos un país a la deriva, ajeno a su propio devenir. Nosotros mismos hemos pensado a veces que nuestro país no ha podido generar internamente fuerzas sociales que lo encaucen hacia un estadio de las taras que señalamos. Y creemos que si en algún momento pudiéramos integrar un grupo de analistas, bien haríamos en contagiar o otros panameños con esa experiencia.
Por ahora seguirán resonando en nuestros oídos las taras colectivas a que aludimos, pero ojalá que esta culminación de una verdadera crisis a que estamos asistiendo, podría dar la vuelta de un camino directo hacia la superación de las agobiantes realidades negativas que oscurecen el presente y hacen peligrar el camino rectificador de un próximo futuro.
1. Declarar que el Gobierno de la República de Panamá es responsable de no haber prohibido el tránsito por el Canal de Panamá de barcos con materiales altamente radioactivos, como se lo demandó el Tribunal Centroamericano del Agua en su Veredicto de hace dos años.
2. Reiterar la demanda del Tribunal Centroamericano del Agua al gobierno de Panamá, en el sentido de que tome medidas para el cese total del tránsito de material altamente radioactivo por Panamá, a efecto de prevenir cualquier catástrofe.
3. Exhortar a las autoridades judiciales de Panamá para que den debido trámite y resolución a las acciones y recursos presentados sobre esta materia.
4. Instar a la sociedad civil panameña, particularmente a los medios de comunicación social, a que ejerzan una activa y determinante acción de seguimiento para asegurar el cumplimiento de lo declarado en la presente resolución.
5. Instar a la parte actora a solicitar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que resuelve medidas cautelares para prevenir y proteger a la población panameña de posibles daños graves por el tránsito de materiales nucleares por el Canal de Panamá.
Por todos lados, por todos los sectores, por todos los ángulos desde los cuales el panameño opina se escucha la alarma en torno a la existencia difícil y lamentable a que ha llegado toda la vida panameña desde hace bastante tiempo.
Sin embargo, se observa la nula atención con que la mayoría ciudadana no da alguna muestra de que podría participar de algún modo en un entendimiento de grupos para ir echando las bases de lo que a lo mejor llegarían a ser conciertos militantes en torno a los caminos necesarios para que el país supere esta situación que cada vez más lo hunde en el fracaso y en la ausencia de autenticidad colectiva, lo que también podríamos nombrar como crisis de conciencia nacional mínima. Hay tan sólo algunas pocas agrupaciones de personas que se preocupan por el destino panameño y celebran reuniones más o menos periódicas para analizar los problemas nacionales. Pero sin criticar a estos congresos positivos, no parecen ellos dispuestos a ampliar el radio de su propia actividad, fomentando la extensión de su actitud y ejemplo hacia otras esferas de la problemática nacional.
Para nosotros no son extrañas las expresiones de recrudecimiento de la delincuencia y otros casos de progreso de una existencia colectiva muy desfavorable y socialmente peligrosa. Nos parece que el incendio capitalino de varios juzgados importantes es la muestra pública de la corrupción que señorea en instancias de nuestra justicia. ¿Cuándo podrá tomar caminos rectos tal sector gubernamental? ¿Qué haremos con tal fin?
Sin embargo, se observa que es nula la actuación de personas que bien podrían contribuir grupalmente en las rectificaciones indispensables para que otras esferas de la vida colectiva propiciaran el ejemplo que pueden dar a situaciones que merecen el apoyo de los que han experimentado exitosamente, aunque con muchos esfuerzos, por el mejoramiento progresivo pero firme de las carencias nacionales.
Pero la ausencia de consenso para comunicar los éxitos parciales que se tengan, haría pensar en que Panamá ha llegado al punto en que se impone la conclusión de que somos un país a la deriva, ajeno a su propio devenir. Nosotros mismos hemos pensado a veces que nuestro país no ha podido generar internamente fuerzas sociales que lo encaucen hacia un estadio de las taras que señalamos. Y creemos que si en algún momento pudiéramos integrar un grupo de analistas, bien haríamos en contagiar o otros panameños con esa experiencia.
Por ahora seguirán resonando en nuestros oídos las taras colectivas a que aludimos, pero ojalá que esta culminación de una verdadera crisis a que estamos asistiendo, podría dar la vuelta de un camino directo hacia la superación de las agobiantes realidades negativas que oscurecen el presente y hacen peligrar el camino rectificador de un próximo futuro.
1. Declarar que el Gobierno de la República de Panamá es responsable de no haber prohibido el tránsito por el Canal de Panamá de barcos con materiales altamente radioactivos, como se lo demandó el Tribunal Centroamericano del Agua en su Veredicto de hace dos años.
2. Reiterar la demanda del Tribunal Centroamericano del Agua al gobierno de Panamá, en el sentido de que tome medidas para el cese total del tránsito de material altamente radioactivo por Panamá, a efecto de prevenir cualquier catástrofe.
3. Exhortar a las autoridades judiciales de Panamá para que den debido trámite y resolución a las acciones y recursos presentados sobre esta materia.
4. Instar a la sociedad civil panameña, particularmente a los medios de comunicación social, a que ejerzan una activa y determinante acción de seguimiento para asegurar el cumplimiento de lo declarado en la presente resolución.
5. Instar a la parte actora a solicitar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que resuelve medidas cautelares para prevenir y proteger a la población panameña de posibles daños graves por el tránsito de materiales nucleares por el Canal de Panamá.