¿Ultima oportunidad democrática? Sí se puede
Las próximas elecciones son altamente críticas para el bienestar inmediato del país; representan la oportunidad de lograr cambios en los gobernantes sin eventos sociales traumáticos ni el surgimiento de falsos profetas como viene sucediendo en otras naciones latinoamericanas.
Aún se respira aire de democracia en Panamá, pero esto puede cambiar radicalmente si no somos cuidadosos en lograr adecentar el manejo de la cosa pública y, con nuestros votos, cambiar el clima de desprestigio y corrupción que ha caracterizado esta última gestión. Puede ser la última gran oportunidad de lograr el imperio y respeto a la Ley a través de medios democráticos.
No existe ya grado de tolerancia para equivocarnos. Peligra la democracia panameña. El nivel de desencanto y frustración en la población es alto. Aumenta el número de compatriotas que empieza a dudar si la democracia es el mejor sistema de gobierno en el país; lo escucho con frecuencia. Fenómeno que no es típico para Panamá como lo comprueba los resultados del estudio del PNUD, que establece que el 55% de los latinoamericanos elegiría un gobierno autoritario si resolviese sus problemas económicos. Desafortunadamente, la ausencia de soluciones a los tantos males sociales y económicos que nos aquejan, el deplorable comportamiento de nuestros gobernantes y legisladores, junto al alto desprestigio del Poder Judicial, estimulan dudas.
Introducir dudas en la democracia como el mejor modelo de gobierno para los panameños, es otro de los grandes males que nos lega esta mala Asamblea y administración pública. La mejor garantía de devolver confianza en el sistema democrático es aprovechar para expulsar y enviar al cementerio político a quienes representan el status quo en el gobierno y en la Asamblea, y elegir a quienes confiamos cumplirán sus promesas y representarán un verdadero cambio.
Estas elecciones serán la última oportunidad que tendrán los partidos tradicionales de reivindicarse, de elegir a un buen gobernante que surja de sus filas. Afortunadamente, sí lo podemos hacer. Tenemos la sartén por el mango.
De nosotros depende el porvenir político-económico inmediato de Panamá. Se dice que los pueblos tenemos los gobiernos que nos merecemos. Si eso es así, los panameños merecemos algo mejor, lo que nos obliga a escoger cuidadosamente nuestros próximos gobernantes y legisladores. Los altos riesgos sociales que representan la continuación del estado deplorable de cosas en que nos ha sumido la administración pública actual, no permite alto margen de tolerancia al error en escoger.
Hay que hacer bien la tarea de selección de candidatos. Yo hice mi análisis con calma y buen juicio, y he escogido la nómina Patria Nueva: Martín Torrijos, Samuel Lewis y Rubén Arosemena, como mejor opción. Su programa de gobierno, liderazgo político y equipo de colaboradores representa la mejor alternativa que tenemos los panameños de dar un giro positivo al lamentable estado de cosas a que nos ha llevado el actual gobierno. Por primera vez tomo una abierta posición política. He contribuido con mi esfuerzo profesional a dos administraciones públicas de distintos matices políticos. En ambas ocasiones fui elegido por experiencia profesional.
Me siento muy orgulloso de mi labor como servidor público, que fue alejada de la política. Nunca me interesó participar en ella. No lo consideraba propio para mi integridad personal; pero, a lo largo de estos últimos cinco años de mal gobierno y aumento en mi preocupación por la creciente erosión moral y económica y riesgo a la permanencia del sistema democrático que representa la continuación de este estado de cosas, llegué a convencerme que cometía un error, que era necesario cambiar de opinión e incurrir en actividad política para contribuir con el modesto apoyo que representa mi voto y gestión personal a favor del candidato que representará para mí la mejor garantía de lograr el adecentamiento de la administración pública y la implementación de soluciones impostergables a los graves problemas sociales y económicos que nos aquejan. Decidí en la medida de mis posibilidades contribuir a evitar el eminente debacle social. De ahí nace mi decisión y modesta labor de apoyo a Patria Nueva, a pocos días de las elecciones, con el deseo de que otros tomen conciencia y sigan mi ejemplo: Votemos por una Patria Nueva.
Aún se respira aire de democracia en Panamá, pero esto puede cambiar radicalmente si no somos cuidadosos en lograr adecentar el manejo de la cosa pública y, con nuestros votos, cambiar el clima de desprestigio y corrupción que ha caracterizado esta última gestión. Puede ser la última gran oportunidad de lograr el imperio y respeto a la Ley a través de medios democráticos.
No existe ya grado de tolerancia para equivocarnos. Peligra la democracia panameña. El nivel de desencanto y frustración en la población es alto. Aumenta el número de compatriotas que empieza a dudar si la democracia es el mejor sistema de gobierno en el país; lo escucho con frecuencia. Fenómeno que no es típico para Panamá como lo comprueba los resultados del estudio del PNUD, que establece que el 55% de los latinoamericanos elegiría un gobierno autoritario si resolviese sus problemas económicos. Desafortunadamente, la ausencia de soluciones a los tantos males sociales y económicos que nos aquejan, el deplorable comportamiento de nuestros gobernantes y legisladores, junto al alto desprestigio del Poder Judicial, estimulan dudas.
Introducir dudas en la democracia como el mejor modelo de gobierno para los panameños, es otro de los grandes males que nos lega esta mala Asamblea y administración pública. La mejor garantía de devolver confianza en el sistema democrático es aprovechar para expulsar y enviar al cementerio político a quienes representan el status quo en el gobierno y en la Asamblea, y elegir a quienes confiamos cumplirán sus promesas y representarán un verdadero cambio.
Estas elecciones serán la última oportunidad que tendrán los partidos tradicionales de reivindicarse, de elegir a un buen gobernante que surja de sus filas. Afortunadamente, sí lo podemos hacer. Tenemos la sartén por el mango.
De nosotros depende el porvenir político-económico inmediato de Panamá. Se dice que los pueblos tenemos los gobiernos que nos merecemos. Si eso es así, los panameños merecemos algo mejor, lo que nos obliga a escoger cuidadosamente nuestros próximos gobernantes y legisladores. Los altos riesgos sociales que representan la continuación del estado deplorable de cosas en que nos ha sumido la administración pública actual, no permite alto margen de tolerancia al error en escoger.
Hay que hacer bien la tarea de selección de candidatos. Yo hice mi análisis con calma y buen juicio, y he escogido la nómina Patria Nueva: Martín Torrijos, Samuel Lewis y Rubén Arosemena, como mejor opción. Su programa de gobierno, liderazgo político y equipo de colaboradores representa la mejor alternativa que tenemos los panameños de dar un giro positivo al lamentable estado de cosas a que nos ha llevado el actual gobierno. Por primera vez tomo una abierta posición política. He contribuido con mi esfuerzo profesional a dos administraciones públicas de distintos matices políticos. En ambas ocasiones fui elegido por experiencia profesional.
Me siento muy orgulloso de mi labor como servidor público, que fue alejada de la política. Nunca me interesó participar en ella. No lo consideraba propio para mi integridad personal; pero, a lo largo de estos últimos cinco años de mal gobierno y aumento en mi preocupación por la creciente erosión moral y económica y riesgo a la permanencia del sistema democrático que representa la continuación de este estado de cosas, llegué a convencerme que cometía un error, que era necesario cambiar de opinión e incurrir en actividad política para contribuir con el modesto apoyo que representa mi voto y gestión personal a favor del candidato que representará para mí la mejor garantía de lograr el adecentamiento de la administración pública y la implementación de soluciones impostergables a los graves problemas sociales y económicos que nos aquejan. Decidí en la medida de mis posibilidades contribuir a evitar el eminente debacle social. De ahí nace mi decisión y modesta labor de apoyo a Patria Nueva, a pocos días de las elecciones, con el deseo de que otros tomen conciencia y sigan mi ejemplo: Votemos por una Patria Nueva.