Ultraje a la libertad de prensa
El periodismo panameño que tanto ha aportado a la causa nacional, que ha llegado hasta el sacrificio por defender los intereses de las grandes mayorías nacionales, continúa recibiendo los embates de una administración de gobierno que no se decide a dar a este pueblo leyes que dignifiquen la libertad y la coloquen en el lugar que le corresponde como cuarto poder del Estado que representa por su extraordinaria influencia en la vida de la nación.
Ya habíamos manifestado que nubes negras amenazaban la libre expresión del pensamiento, cuando se inició la discusión de las reformas al Código Penal, en donde aparecían fuertes penas por calumnia e injuria que nos hablan de un retroceso en la lucha por una ley de prensa genuinamente democrática.
Y así ha sucedido, porque la Asamblea Nacional aprobó artículos que representan una vergüenza para quienes han abrazado la tarea de periodista para llevar el mensaje de verdad al pueblo en torno a la realidad nacional y contribuyen con sus ideas y críticas constructivas, a la solución de los tantos problemas que agobian al país; para periodistas que han escogido este rumbo, tan lleno de sacrificios, para estar muy cerca del drama de la patria y poder, de esa manera, brindar sus desvelos y luchas en el afán de hacerla más grande y próspera; para comunicadores que han hecho de su oficio un apostolado y lo han puesto al servicio de los pueblos, a través de campañas permanentes por la democracia, la libertad y la justicia social; para periodistas que colocan muy en alto la imagen de tan noble profesión y hacen gala de su formación moral, intelectual y cultural que les permite que ese juego de ideas se oriente, adecuadamente, hacia el progreso y bienestar de la nación.
No es de esta manera como debe estimularse a ese periodista panameño que, en su mayoría, tiene conciencia del deber cumplido y responsabilidad profesional, porque ha realizado un trabajo informativo y formativo de calidad, a fin de que la comunidad nacional conozca la verdad de los hechos que ocurren en la República y se pueda dar rumbo cierto a los esfuerzos que tanto el gobierno como la empresa privada, los trabajadores, asociaciones cívicas, aportan al progreso de la nación.
En ningún momento el periodismo nacional ha rehuido su responsabilidad de informar y de señalar los mejores caminos para el éxito en esta brega por un Panamá Mejor; éste siempre ha sabido analizar la realidad del país y, con frecuencia, ha defendido las cosas buenas y trascendentes de los gobernantes y ha cuestionado, con el mayor respeto, a aquellos funcionarios que hacen daño a la imagen de la República.
Son muchos los casos de periodistas que han experimentado en carne vida denuncias y carcelazos, pero ello no ha sido óbice para que su lucha desinteresada y patriótica, continúe adelante, libre de temores y llenos de anhelos de superación. El periodista panameño ha escrito páginas de gloria, sobre todo en la época de la dictadura que acabó con todo vestigio de libertad de expresión. ¿Quién no recuerda el despojo de la Editora El Panamá América, el cierre de La Prensa y de otros medios de comunicación que defendían con calor el libre juego de ideas y el respeto de los derechos humanos? Aún quedan lastres del pasado en lo que se refiere a libertad de expresión y ahora la aprobación del articulado relativo a la profesión de periodista, no contribuye en ninguna forma al perfeccionamiento del ejercicio que haga posible, en toda su extensión, la libertad de prensa.
En 1999, durante el régimen de Ernesto Pérez Balladares, el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa reunida en Panamá manifestaba: "Es triste pensar que su legado al dejar la Presidencia sea una historia de ataques y leyes que denigren la libertad de prensa y tratan de sofocar su expresión. Es triste pensar que está usted perdiendo la oportunidad de redimirse ante la historia, su pueblo y la comunidad periodística, al respaldar esta iniciativa que empeora las condiciones en que los medios deben trabajar en Panamá". Estas mismas palabras pueden ir dirigidas al señor Presidente de la República, Martín Torrijos Espino quien, al dejar el poder, debe dejar a los panameños una ley de prensa genuinamente democrática; que sea instrumento de democracia, libertad y justicia social.
Para la construcción del ferrocarril y del Canal de Panamá arribaron al Istmo de Panamá una inmensa mayoría de hombres, jóvenes y mujeres de las islas caribeñas: Jamaica, Martinica, Barbados, Isla Caimán y en Centro América: Puerto Limón (Costa Rica), Belice (antigua Honduras Británica) Bluefield (Nicaragua) quienes muchos se radicaron en el corregimiento de Río Abajo.
Hoy les sobreviven sus antecesores.
Ya habíamos manifestado que nubes negras amenazaban la libre expresión del pensamiento, cuando se inició la discusión de las reformas al Código Penal, en donde aparecían fuertes penas por calumnia e injuria que nos hablan de un retroceso en la lucha por una ley de prensa genuinamente democrática.
Y así ha sucedido, porque la Asamblea Nacional aprobó artículos que representan una vergüenza para quienes han abrazado la tarea de periodista para llevar el mensaje de verdad al pueblo en torno a la realidad nacional y contribuyen con sus ideas y críticas constructivas, a la solución de los tantos problemas que agobian al país; para periodistas que han escogido este rumbo, tan lleno de sacrificios, para estar muy cerca del drama de la patria y poder, de esa manera, brindar sus desvelos y luchas en el afán de hacerla más grande y próspera; para comunicadores que han hecho de su oficio un apostolado y lo han puesto al servicio de los pueblos, a través de campañas permanentes por la democracia, la libertad y la justicia social; para periodistas que colocan muy en alto la imagen de tan noble profesión y hacen gala de su formación moral, intelectual y cultural que les permite que ese juego de ideas se oriente, adecuadamente, hacia el progreso y bienestar de la nación.
No es de esta manera como debe estimularse a ese periodista panameño que, en su mayoría, tiene conciencia del deber cumplido y responsabilidad profesional, porque ha realizado un trabajo informativo y formativo de calidad, a fin de que la comunidad nacional conozca la verdad de los hechos que ocurren en la República y se pueda dar rumbo cierto a los esfuerzos que tanto el gobierno como la empresa privada, los trabajadores, asociaciones cívicas, aportan al progreso de la nación.
En ningún momento el periodismo nacional ha rehuido su responsabilidad de informar y de señalar los mejores caminos para el éxito en esta brega por un Panamá Mejor; éste siempre ha sabido analizar la realidad del país y, con frecuencia, ha defendido las cosas buenas y trascendentes de los gobernantes y ha cuestionado, con el mayor respeto, a aquellos funcionarios que hacen daño a la imagen de la República.
Son muchos los casos de periodistas que han experimentado en carne vida denuncias y carcelazos, pero ello no ha sido óbice para que su lucha desinteresada y patriótica, continúe adelante, libre de temores y llenos de anhelos de superación. El periodista panameño ha escrito páginas de gloria, sobre todo en la época de la dictadura que acabó con todo vestigio de libertad de expresión. ¿Quién no recuerda el despojo de la Editora El Panamá América, el cierre de La Prensa y de otros medios de comunicación que defendían con calor el libre juego de ideas y el respeto de los derechos humanos? Aún quedan lastres del pasado en lo que se refiere a libertad de expresión y ahora la aprobación del articulado relativo a la profesión de periodista, no contribuye en ninguna forma al perfeccionamiento del ejercicio que haga posible, en toda su extensión, la libertad de prensa.
En 1999, durante el régimen de Ernesto Pérez Balladares, el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa reunida en Panamá manifestaba: "Es triste pensar que su legado al dejar la Presidencia sea una historia de ataques y leyes que denigren la libertad de prensa y tratan de sofocar su expresión. Es triste pensar que está usted perdiendo la oportunidad de redimirse ante la historia, su pueblo y la comunidad periodística, al respaldar esta iniciativa que empeora las condiciones en que los medios deben trabajar en Panamá". Estas mismas palabras pueden ir dirigidas al señor Presidente de la República, Martín Torrijos Espino quien, al dejar el poder, debe dejar a los panameños una ley de prensa genuinamente democrática; que sea instrumento de democracia, libertad y justicia social.
Para la construcción del ferrocarril y del Canal de Panamá arribaron al Istmo de Panamá una inmensa mayoría de hombres, jóvenes y mujeres de las islas caribeñas: Jamaica, Martinica, Barbados, Isla Caimán y en Centro América: Puerto Limón (Costa Rica), Belice (antigua Honduras Británica) Bluefield (Nicaragua) quienes muchos se radicaron en el corregimiento de Río Abajo.
Hoy les sobreviven sus antecesores.