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Un ahorro extraño



Todos los años, la comunidad nacional debe padecer las graves deficiencias de las carreteras. Huecos, enormes o pequeños, atentan contra los amortiguadores, las puntas de flecha o los terminales de los autos. Las autoridades carecen de un mecanismo para medir cuánto le cuesta esto a los conductores, aunque bien se podría recurrir a las casas distribuidoras de repuestos para comprobar en cuánto se han incrementado las ventas de esas piezas de automóviles.
Y el problema es el mismo. Todos los años se deben reparar las calles a costos altísimos, y se dice que se recurre al asfalto porque hacerlas de cemento resultaría costosísimo. Pero es evidente que si se hubieran construido de cemento, las reparaciones serían más espaciadas. Ahí está la carretera hacia Chepo que ya ha cumplido más de 20 años y habría que preguntarse cuántas reparaciones ha requerido.
Con las calles de asfalto pasa algo: o el material es de pésima calidad o quienes las construyen le incorporan, ex profeso, delgadas capas asfálticas para tener que repararlas nuevamente el año siguiente, y tal situación sugiere otro tipo de temas. En ambos casos sería necesario redoblar los controles de calidad, porque aun cuando las afectaciones a los automóviles no poseen el drama y la tragedia de los muertos por envenenamiento, bueno sería saber a cuánto y cómo se traduce en costos económicos.
Repetir todos los años las mismas reparaciones, con los mismos métodos y con nuevos y mayores costos resulta una extraña forma de ahorrar, por lo que sería aconsejable que el Ministerio de Obras Públicas contemplara medidas que generen verdaderos ahorros en este renglón.

101 años de Panamá América

 
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