Un análisis post-electoral
Con decisión, plena consciencia, seguramente con reflexión, o al menos por intuición, el pueblo panameño acudió masivamente a votar por la nómina más fuerte de oposición encabezada por la ahora presidenta electa del país Mireya Moscoso.
Contrariamente a los indicios detectados en la campaña electoral que inducían a suponer que, por falta de pasión, se produciría una abstención superior a las elecciones anteriores no fue así y la votación fue mayor que el promedio de las últimas. Ello revela que el electorado comprendió con mucha claridad la importancia de lo que estaba en juego y decidió actuar para impedir que se frustraran sus aspiraciones y se empeorara la condición de su calidad de vida. Porque de eso se trataba: a) de evitar que se perjudicara más la democracia con la continuidad del régimen de un partido que se opone a la sana alternabilidad del poder político y que añora los desmanes de una dictadura; y, b) de eliminar el peligro de que por ambiciones personales de algunos dirigentes políticos de la oposición, se pusiera en riesgo el triunfo sobre la alianza encabezada por el PRD.
En ese contexto, se observa que el electorado votó prefiriendo las candidaturas individuales primero y los partidos políticos después. Este fue el caso de casi todos los partidos -con excepción del PRD y de los extinguidos PNP y Papa Egoró -en los que sus simpatizantes votaron para Presidente por una candidatura y para Legisladores y Representantes de Corregimiento, y posiblemente para los Alcaldes, por candidatos de otros partidos, y viceversa.
En el caso de los Partidos Solidaridad, Liberal Nacional, MORENA, Cambio Democrático y el extinto Liberal, sus candidatos a Legisladores y Representantes obtuvieron más votos que papeletas obtuvo su candidato(a) presidencial. En cambio con el Arnulfista, MOLIRENA, Democracia Cristiana y el extinto Renovación Civilista, fue a la inversa. De éstos, sólo el Arnulfista y el P.D.C. aumentaron su caudal básico (promedio ponderado de las distintas clases de votaciones) con respecto a 1994, mientras que el MOLIRENA se mantuvo igual y Renovación Civilista disminuyó un 30%. En el caso del PDC, indudablemente que su aumento se debió al aporte de los votos de los simpatizantes de los llamados "saltamontes" (candidatos a legisladores y dirigentes arnulfistas distanciados de su dirigencia nacional) a pesar de la pequeña pérdida de los votos de los seguidores de los disidentes apodados "artilleros". Algo parecido ocurrió con el Liberal (antes Auténtico) el que a pesar de perder a sus principales líderes de Azuero y los votos de los seguidores de éstos, compensaron esa pérdida y la de los votos de un carismático dirigente de El Chorrillo con la ganancia de los de una porción del desmenuzado Papa Egoró, también simpatizantes de M. Correa.
El caso del MOLIRENA es especial y más complejo. A diferencia del Arnulfista y del PDC que eran los partidos insignias de sus alianzas -y de otras consideraciones- por lo cual podían motivar más votos presidenciales que para otras votaciones, el MOLIRENA motivó 21,000 votos presidenciales, más que en cualquiera otra votación pese a estar dividido en dos bandos y pese a que su candidato en la terna presidencial, como candidato simultáneo a legislador perdió simpatías y votos con respecto a las elecciones de 1994. Esa ganancia y extramotivación se debió a Guillermo. Ford, quien con sus seguidores emprendió una campaña a favor de su candidata como si él también fuera candidato. Su esfuerzo y el de los candidatos de su bando que lograron postularse en MOLIRENA (antes de que una nueva dirigencia cambiara al resto por otros), y en el Arnulfista y Cambio Democrático, conjuntamente con los copartidarios que lo impulsan, fue apreciado por los votantes hasta el punto de que con sus 94,000 votos recibidos sobrepasaron los 90,000 votos de la ventaja del triunfo de M. Moscoso, desglosados en 21,000 de extramotivación presidencial; 22,000 obtenidos pro sus candidatos en otros partidos de su alianza; y, 51,000 logrados por sus candidatos dentro del MOLIRENA.
En la alianza triunfadora de Unión por Panamá, los votos presidenciales de los partidos se desglosaron de la siguiente manera: Arnulfista=28.8%; MOLIRENA =11.0%; Cambio Democrático =2.8%; y MORENA = 2.2%. En la alianza Nueva Nación fue: PRD=31.6%; Liberal Nacional =2.8%; Solidaridad=1.8%; y, Papa Egoró=1.6%, en la alianza Acción Opositora resultó: PDC.=11.1%, Renovación Civilista=3.5%; Liberal =2.0%; y PNP=0.8%.
Los partidos Arnulfista, MOLIRENA, PRD y PDC superaron la cuota de 5% en todas las votaciones; Solidaridad y el Liberal Nacional lo lograron en las votaciones para Legisladores y Representantes; mientras que Cambio Democrático lo consiguió en la de Legisladores. Por eso, todos sobrevivieron como partidos. Y, de ellos los que no sobrevivieron y con respecto a las elecciones de 1994, el Papa Egoró fue el más desgastado o desinflado al perder 79% de aquel caudal, mientras que MORENA y Renovación Civilista perdieron un tercio de su volumen; y, el PNP mantuvo su microscópico 1%. De los sobrevivientes, el PRD, Arnulfista, Cambio Democrático (viniendo de cero) y Liberal Nacional tuvieron avances de más de 50%, mientras que el PDC sin el aporte de los "saltamontes" hubiera disminuido. MOLIRENA, Solidaridad y el Liberal, aunque experimentaron un aumento que no llegó al 8%, en realidad perdieron en proporción de simpatías trascendentes frente a un aumento poblacional de 15% y de votación de 19.8%.
Los resultados demuestran, una vez más, que una acción política sustentada en realidades electorales, méritos y conductas, es la clave para el crecimiento de un liderazgo y para evitar la caída en inconsecuencias e injusticias auto-destructivas.
Contrariamente a los indicios detectados en la campaña electoral que inducían a suponer que, por falta de pasión, se produciría una abstención superior a las elecciones anteriores no fue así y la votación fue mayor que el promedio de las últimas. Ello revela que el electorado comprendió con mucha claridad la importancia de lo que estaba en juego y decidió actuar para impedir que se frustraran sus aspiraciones y se empeorara la condición de su calidad de vida. Porque de eso se trataba: a) de evitar que se perjudicara más la democracia con la continuidad del régimen de un partido que se opone a la sana alternabilidad del poder político y que añora los desmanes de una dictadura; y, b) de eliminar el peligro de que por ambiciones personales de algunos dirigentes políticos de la oposición, se pusiera en riesgo el triunfo sobre la alianza encabezada por el PRD.
En ese contexto, se observa que el electorado votó prefiriendo las candidaturas individuales primero y los partidos políticos después. Este fue el caso de casi todos los partidos -con excepción del PRD y de los extinguidos PNP y Papa Egoró -en los que sus simpatizantes votaron para Presidente por una candidatura y para Legisladores y Representantes de Corregimiento, y posiblemente para los Alcaldes, por candidatos de otros partidos, y viceversa.
En el caso de los Partidos Solidaridad, Liberal Nacional, MORENA, Cambio Democrático y el extinto Liberal, sus candidatos a Legisladores y Representantes obtuvieron más votos que papeletas obtuvo su candidato(a) presidencial. En cambio con el Arnulfista, MOLIRENA, Democracia Cristiana y el extinto Renovación Civilista, fue a la inversa. De éstos, sólo el Arnulfista y el P.D.C. aumentaron su caudal básico (promedio ponderado de las distintas clases de votaciones) con respecto a 1994, mientras que el MOLIRENA se mantuvo igual y Renovación Civilista disminuyó un 30%. En el caso del PDC, indudablemente que su aumento se debió al aporte de los votos de los simpatizantes de los llamados "saltamontes" (candidatos a legisladores y dirigentes arnulfistas distanciados de su dirigencia nacional) a pesar de la pequeña pérdida de los votos de los seguidores de los disidentes apodados "artilleros". Algo parecido ocurrió con el Liberal (antes Auténtico) el que a pesar de perder a sus principales líderes de Azuero y los votos de los seguidores de éstos, compensaron esa pérdida y la de los votos de un carismático dirigente de El Chorrillo con la ganancia de los de una porción del desmenuzado Papa Egoró, también simpatizantes de M. Correa.
El caso del MOLIRENA es especial y más complejo. A diferencia del Arnulfista y del PDC que eran los partidos insignias de sus alianzas -y de otras consideraciones- por lo cual podían motivar más votos presidenciales que para otras votaciones, el MOLIRENA motivó 21,000 votos presidenciales, más que en cualquiera otra votación pese a estar dividido en dos bandos y pese a que su candidato en la terna presidencial, como candidato simultáneo a legislador perdió simpatías y votos con respecto a las elecciones de 1994. Esa ganancia y extramotivación se debió a Guillermo. Ford, quien con sus seguidores emprendió una campaña a favor de su candidata como si él también fuera candidato. Su esfuerzo y el de los candidatos de su bando que lograron postularse en MOLIRENA (antes de que una nueva dirigencia cambiara al resto por otros), y en el Arnulfista y Cambio Democrático, conjuntamente con los copartidarios que lo impulsan, fue apreciado por los votantes hasta el punto de que con sus 94,000 votos recibidos sobrepasaron los 90,000 votos de la ventaja del triunfo de M. Moscoso, desglosados en 21,000 de extramotivación presidencial; 22,000 obtenidos pro sus candidatos en otros partidos de su alianza; y, 51,000 logrados por sus candidatos dentro del MOLIRENA.
En la alianza triunfadora de Unión por Panamá, los votos presidenciales de los partidos se desglosaron de la siguiente manera: Arnulfista=28.8%; MOLIRENA =11.0%; Cambio Democrático =2.8%; y MORENA = 2.2%. En la alianza Nueva Nación fue: PRD=31.6%; Liberal Nacional =2.8%; Solidaridad=1.8%; y, Papa Egoró=1.6%, en la alianza Acción Opositora resultó: PDC.=11.1%, Renovación Civilista=3.5%; Liberal =2.0%; y PNP=0.8%.
Los partidos Arnulfista, MOLIRENA, PRD y PDC superaron la cuota de 5% en todas las votaciones; Solidaridad y el Liberal Nacional lo lograron en las votaciones para Legisladores y Representantes; mientras que Cambio Democrático lo consiguió en la de Legisladores. Por eso, todos sobrevivieron como partidos. Y, de ellos los que no sobrevivieron y con respecto a las elecciones de 1994, el Papa Egoró fue el más desgastado o desinflado al perder 79% de aquel caudal, mientras que MORENA y Renovación Civilista perdieron un tercio de su volumen; y, el PNP mantuvo su microscópico 1%. De los sobrevivientes, el PRD, Arnulfista, Cambio Democrático (viniendo de cero) y Liberal Nacional tuvieron avances de más de 50%, mientras que el PDC sin el aporte de los "saltamontes" hubiera disminuido. MOLIRENA, Solidaridad y el Liberal, aunque experimentaron un aumento que no llegó al 8%, en realidad perdieron en proporción de simpatías trascendentes frente a un aumento poblacional de 15% y de votación de 19.8%.
Los resultados demuestran, una vez más, que una acción política sustentada en realidades electorales, méritos y conductas, es la clave para el crecimiento de un liderazgo y para evitar la caída en inconsecuencias e injusticias auto-destructivas.