Un año: ¿avance o retroceso?
A parte de las frases demagógicas de "cero corrupción, más empleo y más seguridad", me llamó la atención la aparente intención del nuevo gobierno de implantar un nuevo estilo de llevar la cosa pública, en contraposición al tradicional "juega vivo". Pero veamos qué se dijo y qué se hace.
En campaña se criticaron unas "reformas saca plata", pero en el gobierno se ampliaron; en campaña se criticaron los madrugonazos, pero en el gobierno se repitieron; en campaña se prometió más seguridad, pero en gobierno los crímenes han aumentado (al punto que la esposa de un ministro es asaltada en su propia casa y la de un legislador es baleada en un taxi).
En campaña se prometió más empleo, pero resulta que cuatro de cada diez panameños son pobres; en campaña se prometió "cero corrupción", pero en el gobierno se siguen avalando las prerrogativas de diputados y magistrados, o se permite que los diputados suplentes cobren sin trabajar, o se elige a un procurador de la Administración que se escuda en la prescripción para no pagar una deuda pública, o se nombran en el engranaje a personas que fueron condenadas en debido proceso en un pasado muy reciente; o que los representantes de corregimiento tengan derecho a licencias con sueldo mientras ejercen su curul (cobrando dos sueldos); preocupa que en la Contraloría la mano derecha del Contralor sea quien lo fuera en los años de la dictadura donde menos control hubo, o que se permitiese cobrar sueldo en período de licencia a la esposa de un diputado de gobierno por una aparente "orden verbal" de supuesto traslado.
Estos hechos están muy lejos del "cero corrupción" prometido en campaña.
¿No se supone que se implementaría un nuevo estilo de gobernar? Preocupa además la posible presencia de algunos asesores del Presidente con nexos directos al noriegato.
Debo confesar que hay hechos positivos como lo son la derogación de la Ley de Transparencia, la consulta permitida a través de la mesa del diálogo sobre la Ley 17 y la suspensión de sus efectos por 90 días para permitir la vía de la negociación; además de la permanente publicación de los gastos de las partidas discrecionales, la publicación de los sueldos de los funcionarios públicos en el nódulo de transparencia, el nombramiento de la Procuradora General de la Nación, así como el trabajo arduo y constante de la Primera Dama a favor de las personas con discapacidad y demás actuaciones de su eficiente despacho.
Considero que al primer año de gestión, el gobierno se ha quedado muy corto en eficiencia.
Ha importado más obtener ingresos tributarios para la caja menuda a costa del pueblo panameño, pero manteniendo las prerrogativas, fueros y privilegios particulares de diputados, magistrados y otros funcionarios públicos que están desangrando al Estado.
Lo bueno no es suficiente. Se ha podido hacer mucho más pero pareciera que la mala asesoría, los compromisos políticos o el acomodo gubernamental, han privado sobre el verdadero sentido de gobernar, a saber: servir al país sin esperar nada a cambio.
En campaña se criticaron unas "reformas saca plata", pero en el gobierno se ampliaron; en campaña se criticaron los madrugonazos, pero en el gobierno se repitieron; en campaña se prometió más seguridad, pero en gobierno los crímenes han aumentado (al punto que la esposa de un ministro es asaltada en su propia casa y la de un legislador es baleada en un taxi).
En campaña se prometió más empleo, pero resulta que cuatro de cada diez panameños son pobres; en campaña se prometió "cero corrupción", pero en el gobierno se siguen avalando las prerrogativas de diputados y magistrados, o se permite que los diputados suplentes cobren sin trabajar, o se elige a un procurador de la Administración que se escuda en la prescripción para no pagar una deuda pública, o se nombran en el engranaje a personas que fueron condenadas en debido proceso en un pasado muy reciente; o que los representantes de corregimiento tengan derecho a licencias con sueldo mientras ejercen su curul (cobrando dos sueldos); preocupa que en la Contraloría la mano derecha del Contralor sea quien lo fuera en los años de la dictadura donde menos control hubo, o que se permitiese cobrar sueldo en período de licencia a la esposa de un diputado de gobierno por una aparente "orden verbal" de supuesto traslado.
Estos hechos están muy lejos del "cero corrupción" prometido en campaña.
¿No se supone que se implementaría un nuevo estilo de gobernar? Preocupa además la posible presencia de algunos asesores del Presidente con nexos directos al noriegato.
Debo confesar que hay hechos positivos como lo son la derogación de la Ley de Transparencia, la consulta permitida a través de la mesa del diálogo sobre la Ley 17 y la suspensión de sus efectos por 90 días para permitir la vía de la negociación; además de la permanente publicación de los gastos de las partidas discrecionales, la publicación de los sueldos de los funcionarios públicos en el nódulo de transparencia, el nombramiento de la Procuradora General de la Nación, así como el trabajo arduo y constante de la Primera Dama a favor de las personas con discapacidad y demás actuaciones de su eficiente despacho.
Considero que al primer año de gestión, el gobierno se ha quedado muy corto en eficiencia.
Ha importado más obtener ingresos tributarios para la caja menuda a costa del pueblo panameño, pero manteniendo las prerrogativas, fueros y privilegios particulares de diputados, magistrados y otros funcionarios públicos que están desangrando al Estado.
Lo bueno no es suficiente. Se ha podido hacer mucho más pero pareciera que la mala asesoría, los compromisos políticos o el acomodo gubernamental, han privado sobre el verdadero sentido de gobernar, a saber: servir al país sin esperar nada a cambio.