¿Un año escolar para el olvido?
Si tomamos como referencia el calendario inicial del Ministerio de Educación, aquel que se presentó con antelación, pero que no previó el sinfín de inconvenientes de un año lectivo que parece sería mejor olvidar, quedan ya pocas semanas de clases. Es tiempo de evaluación.
Todos sabemos lo difícil que es completar el año escolar al ritmo con el que se comienza; a estas alturas hay que agregar el repique de tambores de las fiestas de noviembre, en ese sinnúmero de desfiles patrióticos y no patrióticos, que ninguno de los cuatro ministros de la Patria Nueva, ni los de la vieja, han podido regular. Como si fuera poco, apenas guardados los arreos de esta especie de cruzada nacionalista mal entendida, nos sorprende diciembre con la alucinante publicidad navideña y el culto a la cultura del consumo puro y duro.
Quizás entre fiesta y fiesta, en medio del jolgorio electoral, entre promesa y esperanzas se nos olvide el año escolar 2008, pero antes de que ello pase, convendría hacernos unas cuantas preguntas: ¿Ya tomaron las autoridades las medidas pertinentes para evitar el caos de la fibra de vidrio que ha marcado todo el año escolar 2008? ¿En el súper presupuesto de 2009, están contemplados todos los arreglos a baños y sanitarios de nuestras escuelas? ¿Se hará lo necesario para que las aguas servidas no inunden patios escolares ni salones de clase? ¿Podrá cada estudiante panameño tener acceso a agua potable en su escuela con la cual se lave sus manos y sacie su sed? ¿Podrán los educadores cumplir con su función sin el temor de la represalia violenta de padres y madres de familia? ¿Podrá cada alumno asistir a las escuelas a aprender sin ser sometido a ningún tipo de abuso?
No es comprensible que en un país de una importante inversión en educación, con recursos tecnológicos a disposición de muchísimas escuelas, el sistema educativo sea tan deficiente: resultados negativos, pérdidas innecesarias de clases, infraestructuras deplorables, vandalismo desde dentro y fuera de los planteles, metodologías obsoletas, desfase con la realidad global, poco me importa.
Lo más extraño de todo es que aún ninguno de los candidatos presidenciales haya hecho verdaderas propuestas en este sentido. Los problemas educativos van más allá de útiles escolares gratis y becas por doquier, ambas son medidas muy buenas para las clases desfavorecidas, pero son apenas parches sobre parches.
Muchos han de ser los temas obligados en la agenda de los aspirantes al Palacio de las Garzas, pero han de dedicar un amplio espacio al tema de la educación. Dejarla de lado nos garantizará perder cinco años más, y nos acercaremos a un peligroso abismo del cual no nos salvarán los mensajes de textos, ni las llamadas, ni los jugosos excedentes del Canal.