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Un asombro en busca del error


Definitivamente que la lectura es un encuentro con el asombro. Asombro del lector que se encuentra asimismo en el pensamiento de otro. Asombro de hallar en otro una nueva visión, una perspectiva distinta de ver las cosas o una forma novedosa de concebir la vida. Asombro por la capacidad infinita del conocimiento humano que se cuestiona, en su hábito de discurrir, el modo -o los modos- de interpretar una realidad cuya pre-existencia, aún en estado virtual, se incorpora al campo de la objetividad por medio del entendimiento.

Leía una ardua conferencia de Gilles Deleuze sobre La inmanencia de una vida y precisamente en ella rescato este pasaje que me dejó perplejo. Estamos acostumbrados a concebir las cosas en su dualidad platónica. Así, la vida de Delleuze es su propia biografía, pero una vida, la de un ser, es una contención de entes virtuales, de singularidades supuestas. Lo cual no quiere decir que lo virtual carezca de realidad. Lo virtual es una realidad en busca de su representación. Delleuze la denomina “actualización”. Un concepto que trae a mi memoria a Pirandello, donde seis personajes van en busca de un autor. O el Godot de Beckett, ente virtual que todos esperan y que nunca llega, pero que es lo suficientemente real como para impactar en la vida de dos vagabundos: Vladimir y Estragón.

Mi conclusión es que lo virtual no debiera concebirse como algo irreal. Cuando las ideas se sumergen en el río del pensamiento salen empapadas de concepto, tal como nacen las palabras. Delleuze lo dice más claro; es como una herida que alguna vez existió en el campo virtual y luego se actualizó en la carne para terminar perpetuándose en cicatriz.

Aprendí pues que la vida no es duración. Es el transcurrir de una existencia plena de hechos singulares e inesperados (los cisnes negros de Taleb) que trascienden desde y hacia nuestro propio ser.

Otro asombro lo hallé en una conferencia de Faucault sobre La vida, la experiencia y la ciencia. Allí desmenuza las teorías del médico y filósofo francés Georges Canguilhem. Este pensador admite que el objetivo de la ciencia no es la búsqueda de la verdad sino del error. “El error no queda eliminado por la verdad que va emergiendo de las sombras sino por medio de la formación de un nuevo modo de decir “la verdad”.

Una de las tareas más difíciles del médico consiste en diagnosticar lo normal. Para emitir un certificado de buena salud los médicos descartamos la enfermedad, es decir: el error. Pero en el usual razonamiento reduccionista se emplea una falacia narrativa muy común. Certificar que No hay evidencias de enfermedad no es lo mismo que afirmar que existan evidencias de buena salud.

De modo que mi asombro no ha sido otra cosa que un encuentro con lo imprevisto. Es en los cisnes negros, en los hechos impredecibles que moldean nuestra vida donde se esconden las respuestas que buscamos afanosamente en el campo erróneo de lo cotidiano y conocido. Es en la muerte inesperada donde se nos revela la plenitud de una vida que ya no es.

101 años de Panamá América

 
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