Un balance político
EL DOMINGO 16 de enero pasado se realizó la tan esperada Convención Extraordinaria del Partido Arnulfista, en la que se contemplaba reformar los Estatutos e iniciar el proceso de renovación de su dirigencia.
En la práctica, como muchos esperaban, se hizo evidente que los convencionales estaban divididos en tres grupos distintos y que ninguno de los tres, reunía por sí solo a la mayoría de los presentes (la mitad más uno).
Cuando se trata de un órgano colegiado, como lo es una Convención o Asamblea, el diálogo y la capacidad de concertación son elementos fundamentales para llegar a resultados mayoritarios. En una situación como la que se presentaba en dicha Convención, el resultado, para que fuese legítimo, debía representar a, por lo menos, dos de los tres grupos presentes. Ya que, si por el contrario, se imponía la voluntad del tercio más grande (cualquiera que éste fuera), la unidad del Partido sería mucho más difícil de conseguir a posteriori.
En virtud de lo anterior, los dos grupos que tuvieron la voluntad y la capacidad de conversar y ceder en ánimos de concertar, fueron los que finalmente terminaron obteniendo la mayoría.
El tercer grupo, liderado por el copartidario Varela, aunque terminó en minoría, es lo suficientemente representativo como para ser tomado muy en consideración en cualquier escenario futuro.
Aunque lo ideal hubiese sido una salida de compromiso entre todos los sectores, lo cierto es que la política es el arte de hacer realidad lo posible y eso fue lo que fue posible hacer realidad.
Hoy nos corresponde mirar a futuro.
La unidad del ahora Partido Panameñista debe consolidarse, extendiendo una mano fraterna a los copartidarios que vieron frustrada su legítima aspiración a presidir el colectivo.
El actual Directorio Nacional es, en todo caso, una instancia transitoria. De enero a julio del año 2006 debe realizarse un proceso de elecciones y de renovación de autoridades que culminará en la elección de un nuevo Directorio Nacional. De aquí a allá, es muy posible que haya una recomposición de fuerzas y que, incluso, puedan surgir nuevos actores en el escenario panameñista.
Mientras tanto, lo más positivo de lo sucedido en la Convención, es lo que menos ha trascendido.
Los panameñistas tenemos ahora unos nuevos Estatutos, con primarias obligatorias para escoger a los candidatos a puestos de elección popular, con representación proporcional en la elección de convencionales y con una nueva estructura que garantiza mayor participación y mayor democracia a los inscritos en el Partido. Ese, a mi juicio, es el resultado más significativo de ese histórico evento político.
Con visión de futuro, nos corresponde a todos poner en práctica dichos cambios y fortalecer nuestro Partido, como requisito indispensable para unir a la oposición y hacer un efectivo contrapeso al actual Gobierno.
En la práctica, como muchos esperaban, se hizo evidente que los convencionales estaban divididos en tres grupos distintos y que ninguno de los tres, reunía por sí solo a la mayoría de los presentes (la mitad más uno).
Cuando se trata de un órgano colegiado, como lo es una Convención o Asamblea, el diálogo y la capacidad de concertación son elementos fundamentales para llegar a resultados mayoritarios. En una situación como la que se presentaba en dicha Convención, el resultado, para que fuese legítimo, debía representar a, por lo menos, dos de los tres grupos presentes. Ya que, si por el contrario, se imponía la voluntad del tercio más grande (cualquiera que éste fuera), la unidad del Partido sería mucho más difícil de conseguir a posteriori.
En virtud de lo anterior, los dos grupos que tuvieron la voluntad y la capacidad de conversar y ceder en ánimos de concertar, fueron los que finalmente terminaron obteniendo la mayoría.
El tercer grupo, liderado por el copartidario Varela, aunque terminó en minoría, es lo suficientemente representativo como para ser tomado muy en consideración en cualquier escenario futuro.
Aunque lo ideal hubiese sido una salida de compromiso entre todos los sectores, lo cierto es que la política es el arte de hacer realidad lo posible y eso fue lo que fue posible hacer realidad.
Hoy nos corresponde mirar a futuro.
La unidad del ahora Partido Panameñista debe consolidarse, extendiendo una mano fraterna a los copartidarios que vieron frustrada su legítima aspiración a presidir el colectivo.
El actual Directorio Nacional es, en todo caso, una instancia transitoria. De enero a julio del año 2006 debe realizarse un proceso de elecciones y de renovación de autoridades que culminará en la elección de un nuevo Directorio Nacional. De aquí a allá, es muy posible que haya una recomposición de fuerzas y que, incluso, puedan surgir nuevos actores en el escenario panameñista.
Mientras tanto, lo más positivo de lo sucedido en la Convención, es lo que menos ha trascendido.
Los panameñistas tenemos ahora unos nuevos Estatutos, con primarias obligatorias para escoger a los candidatos a puestos de elección popular, con representación proporcional en la elección de convencionales y con una nueva estructura que garantiza mayor participación y mayor democracia a los inscritos en el Partido. Ese, a mi juicio, es el resultado más significativo de ese histórico evento político.
Con visión de futuro, nos corresponde a todos poner en práctica dichos cambios y fortalecer nuestro Partido, como requisito indispensable para unir a la oposición y hacer un efectivo contrapeso al actual Gobierno.