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Un busto para Victorio


El 21 de octubre pasado, con ocasión de las celebraciones del Cristo Negro de Portobelo, fue develado un busto erigido a la memoria del trovador puertorriqueño desaparecido, Ismael Rivera, quien fuera uno de los más fieles devotos del milagroso Nazareno, y a la vez máximo exponente de la música popular de la hermana nación.
Rivera había revolucionado los ritmos caribeños en los años 60, hasta entonces dominados por los intérpretes cubanos de una constelación de estrellas encabezadas, entre muchos, por Beny Moré, "Pacho" Alonso y Rolando Laserie.
Pero el triunfo revolucionario en 1959, significó un trauma que congeló la evolución de la excelente música cubana, lo que fue aprovechado por los talentosos músicos puertorriqueños para llenar el vacío. En particular, Rafael Cortijo dio el primer gran paso en ese sentido, junto a su joven cantante Ismael Rivera, al igual que José Mateos, forzando a un cambio de ritmo que prevaleció en todo el Caribe y en la comunidad latina de EU.
Mateos y Cortijo habían unido sus respectivas orquestas, fundando una nueva que monopolizó la música caribeña por casi dos décadas, bajo el nombre de "Gran Combo de Puerto Rico". Juntos hicieron escuela, generando una legión de discípulos y competidores que, a la postre, terminaron superándolos. Dejaron pues sembrada una simiente que rindió hasta hoy abundantes frutos.
En medio de sus años de gloria, Ismael Rivera se hizo devoto del Cristo Negro; y por varios años consecutivos, hizo el largo peregrinaje desde lejanos rincones del planeta hasta el humilde Portobello, dedicando incluso candorosas coplas al Nazareno, con lo que quedó así inmortalizado por todo el continente. Tito Curet Alonso y Eddie Palmieri, entre otras luminarias del género, fueron invitados a la develación multitudinaria. Aquello fue apoteósico, con miles de panameños rindiendo homenaje al músico.
Por eso, observando la feliz iniciativa de amigos y admiradores del cantante puertorriqueño, que sumaron recursos y esfuerzos hasta encargar a un insigne escultor borinqueño la elaboración de la preciosa escultura en inmaculado bronce, volvemos a reiterar nuestra sugerencia de que los panameños, admiradores de Victorio Vergara, hagamos igual con uno de nuestros más queridos, míticos y admirados músicos típicos. De ese modo, con una regia estatua, también en bronce, de un Victorio eternizado en la cúspide de su carrera, en plena brega y acordeón en mano, al pie del Canajagua, rendiremos merecido homenaje a nuestra música, sus compositores e intérpretes, allá en Azuero, cuna y baluarte del folclore patrio y de los más caros valores nacionales. ¿No lo hizo acaso Jamaica con Bob Marley y Tennesee con Elvis Presley, en su género?


101 años de Panamá América

 
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