¿Un centenario sin historia?
En poco menos de dos años, nuestro país cumplirá el Primer Centenario de Separación de Colombia, gesta que inauguró la república independiente. Sabemos de algunos esfuerzos que se realizan, por ejemplo, en la Universidad de Panamá, que adelanta investigaciones y actividades sobre el tema, y es probable que el sector gubernamental emita monedas conmemorativas y realice otros eventos.
No obstante, en materia histórica, de investigaciones, de publicaciones, foros, etc., estamos atrasados y pareciera que nos disponemos a esperar la fecha para improvisar en materias donde no es justo ni recomendable. La celebración del centenario es una tarea de toda la sociedad panameña, incluyendo gremios y organizaciones.
Por ejemplo, la historia centenaria del comercio y la gestión empresarial en nuestro país debiera ser un compromiso de la Cámara de Comercio y otros gremios patronales. El Consejo Nacional de Trabajadores Organizados (CONATO) pudiera presentar su versión del Centenario del movimiento obrero panameño. Los ingenieros y arquitectos tendrían a su cargo la historia de los últimos cien años del urbanismo y desarrollo físico expansivo de nuestras principales ciudades, otro, de la historia de los partidos políticos, la evolución de las leyes, del desarrollo de los medios de comunicación social, los principales aportes tecnológicos, la evolución de la educación, en fin, los distintos sectores tendrían la oportunidad de aportar versiones investigativas que fortalecerían las bases históricas nacionales para esta y futuras generaciones. Más aún, si otros sectores aportaran todo lo relacionado a los antecedentes de distintas esferas que tuvieron alguna relación con la gesta separatista. Ello es fundamental, sobre todo si tomamos en cuenta que este año conmemoramos el primer Centenario de la Guerra de los Mil Días, la cual tuvo un impacto directo en los acontecimientos de 1903 y es muy poco, o casi nada, lo que se ha hecho o dicho al respecto.
Una investigación que parta de estos antecedentes, bien podría ser el punto inicial para un análisis crítico de la historia de los partidos políticos en Panamá. Paradójicamente, los panameños, en un afán por reafirmar nuestra individualidad ciudadana, negamos con nuestra actitud que formamos parte de una totalidad mayor que es la nación, que hace al país y que al redescubrirnos, nos hace identificar objetivos que, juntos en su búsqueda, nos hace fuertes.
Creo que los historiadores panameños, todos en su momento, han hecho lo mejor que han podido. No obstante, desconozco si en 1921, en el centenario de nuestra independencia de España, alguien pudo recoger y producir lo relacionado con la evolución histórica de nuestro comportamiento social, como pueblo con vocación de libertad e independencia.
Panamá se adeuda a sí misma y al mundo entero una versión real, verídica y coherente de su papel histórico.
Por ahora tenemos pedazos de historia con vacíos y distorsiones que este centenario nos obliga a llenar y aclarar. Pero también tenemos la obligación de distribuir este producto centenario. Los medios masivos y la informática nos ayudarán en ello.
Realmente es mucho lo que se puede hacer en la ruta hacia el Primer Centenario de aquel 3 de noviembre, pero es igualmente preocupante que todos los componentes de la sociedad esperen que todo se planifique y se ejecute desde las esferas oficiales. Se trata de este país que es de todos, se trata de nuestra historia, aunque en este momento, se trata de romper nuestro propio silencio.
Ojalá que los distintos órganos del Estado aporten iniciativas de cara al Primer Centenario. Pero qué grandioso fuera que cada sector iniciara proyectos que marquen la diferencia, porque cada panameño es unidad y totalidad de una nación que tiene la obligación de descubrir su propia y auténtica historia.
No obstante, en materia histórica, de investigaciones, de publicaciones, foros, etc., estamos atrasados y pareciera que nos disponemos a esperar la fecha para improvisar en materias donde no es justo ni recomendable. La celebración del centenario es una tarea de toda la sociedad panameña, incluyendo gremios y organizaciones.
Por ejemplo, la historia centenaria del comercio y la gestión empresarial en nuestro país debiera ser un compromiso de la Cámara de Comercio y otros gremios patronales. El Consejo Nacional de Trabajadores Organizados (CONATO) pudiera presentar su versión del Centenario del movimiento obrero panameño. Los ingenieros y arquitectos tendrían a su cargo la historia de los últimos cien años del urbanismo y desarrollo físico expansivo de nuestras principales ciudades, otro, de la historia de los partidos políticos, la evolución de las leyes, del desarrollo de los medios de comunicación social, los principales aportes tecnológicos, la evolución de la educación, en fin, los distintos sectores tendrían la oportunidad de aportar versiones investigativas que fortalecerían las bases históricas nacionales para esta y futuras generaciones. Más aún, si otros sectores aportaran todo lo relacionado a los antecedentes de distintas esferas que tuvieron alguna relación con la gesta separatista. Ello es fundamental, sobre todo si tomamos en cuenta que este año conmemoramos el primer Centenario de la Guerra de los Mil Días, la cual tuvo un impacto directo en los acontecimientos de 1903 y es muy poco, o casi nada, lo que se ha hecho o dicho al respecto.
Una investigación que parta de estos antecedentes, bien podría ser el punto inicial para un análisis crítico de la historia de los partidos políticos en Panamá. Paradójicamente, los panameños, en un afán por reafirmar nuestra individualidad ciudadana, negamos con nuestra actitud que formamos parte de una totalidad mayor que es la nación, que hace al país y que al redescubrirnos, nos hace identificar objetivos que, juntos en su búsqueda, nos hace fuertes.
Creo que los historiadores panameños, todos en su momento, han hecho lo mejor que han podido. No obstante, desconozco si en 1921, en el centenario de nuestra independencia de España, alguien pudo recoger y producir lo relacionado con la evolución histórica de nuestro comportamiento social, como pueblo con vocación de libertad e independencia.
Panamá se adeuda a sí misma y al mundo entero una versión real, verídica y coherente de su papel histórico.
Por ahora tenemos pedazos de historia con vacíos y distorsiones que este centenario nos obliga a llenar y aclarar. Pero también tenemos la obligación de distribuir este producto centenario. Los medios masivos y la informática nos ayudarán en ello.
Realmente es mucho lo que se puede hacer en la ruta hacia el Primer Centenario de aquel 3 de noviembre, pero es igualmente preocupante que todos los componentes de la sociedad esperen que todo se planifique y se ejecute desde las esferas oficiales. Se trata de este país que es de todos, se trata de nuestra historia, aunque en este momento, se trata de romper nuestro propio silencio.
Ojalá que los distintos órganos del Estado aporten iniciativas de cara al Primer Centenario. Pero qué grandioso fuera que cada sector iniciara proyectos que marquen la diferencia, porque cada panameño es unidad y totalidad de una nación que tiene la obligación de descubrir su propia y auténtica historia.