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Un claro mensaje


La secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine Albright, expresó en un discurso ante el Consejo de las Américas en Washington que "la cultura de la corrupción" es uno de los principales obstáculos para la extensión de la democracia en América Latina: "Los frutos del crecimiento de la última década no aparecen en todos los países de la región, demasiado a menudo, los programas y las políticas de los gobiernos sirven para incrementar, más que reducir, las desigualdades. La corrupción bloquea la capacidad de los gobiernos para suministrar los servicios básicos a los ciudadanos, mina la confianza de la gente en la democracia y a menudo está ligada al crimen "transfronterizo", incluidos el tráfico de drogas, el crimen organizado y el lavado de dinero", concluyó.
Es injusto esquematizar solamente a Latinoamérica en el contexto de la corrupción. Vale preguntarse en qué medida Estados Unidos no mantiene un doble discurso, cuando está comprobado que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) nunca desestimó ningún recurso, incluso el soborno y la promoción de la corrupción, para alcanzar los objetivos del Tío Sam. Ejemplo más reciente tenemos el escándalo de la venta de armas a Irán y la utilización de dichos dineros para financiar la guerrilla nicaragüense.
La corrupción día a día se incrementa ante la mirada atónita de muchos. La política en Panamá se degrada convirtiéndose en profesión. Nadie piensa, donde todos lucran; nadie sueña, donde todos tragan. Lo que antes era signo de infamia o cobardía, se ha tornado en título de astucia; lo que otrora mataba, ahora vivifica; los corruptos se pavonean y ostentan, en vez de tener vergüenza, son hombres sin ideales.
¿Cuál es la raíz de la corrupción? ¿De dónde provienen los genes de ese bebé? Realmente creo que todo se concentra en el deseo desmesurado de ser rico y poderoso. Entonces, esa búsqueda por tener alguna posibilidad de entrar al círculo de los poderosos se da renunciando a los principios y chantajeando o estafando los sueños de un país y la sordidez generada por la falta de aplicación de las leyes, el doble discurso de los políticos y la desaforada intención de organismos internacionales como el FMI, que sólo busca defender el neoliberalismo y la consecuente concentración de riqueza, evidenciando una nueva colonización.
Recientemente las agencias internacionales de prensa dieron a conocer el último desarrollo de la batalla que lleva a cabo el gobierno chino por acabar con la corrupción: Chen Kejie, ex vicepresidente del Congreso Nacional del Pueblo y ex gobernador de la Región Autónoma de Guangxi, fue condenado a muerte. Y es que en China se hace uso de la pena de muerte para las personas que incurran en delitos como el fraude y la evasión fiscal. Son unos sesenta el número de delitos punibles con la pena capital.
Aparentemente es la más alta autoridad condenada a muerte en China desde el inicio del régimen comunista en 1949. La condena de Chen Kejie intenta convencer a la opinión pública que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, y mostrar ante el país entero los esfuerzos del gobierno por acabar con la corrupción, esté donde esté. Muchos ciudadanos chinos han considerado que las condenas realizadas sobre otros altos funcionarios se debían más a haber caído en desgracia que a los delitos cometidos, y no tenían confianza en que las tantas veces anunciadas políticas anti corrupción tuvieran un significado real. Ahora parece que el gobierno chino está decidido a acabar con las manzanas podridas dentro de los estamentos del poder.
Según han divulgado algunos medios de comunicación, Chen Kejie había tejido una red de empresas para aprovecharse de los beneficios derivados de su cargo, embolsándose unos 5 millones de dólares durante los últimos años.
El mensaje que China manda al mundo es que ella no es ajena al trastrocamiento del ser humano y que igual que en Occidente también están sujetos a los actos de corrupción de los funcionarios públicos, sólo que están dispuestos a no permitir su impunidad y sancionan, cualquier que sea el nivel social del corrupto -Chen Kejie era presentado por muchos de los dirigentes del partido como el revolucionario ejemplar, pues hijo de una familia campesina, había ido escalando puestos en el escalafón del poder hasta llegar a lo más alto- con penas tan severas como puede ser la pena de muerte. Quizás si en Panamá aplicáramos penas tan radicales quedaríamos sin población, pero al menos podemos sancionar con cárcel y obligar a quien sustrae fondos del Fisco o ejecuta negocios a costa del mismo, a resarcir al Estado de dichos dineros.

101 años de Panamá América

 
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