Un compromiso por la educación
En lo que pareció a muchos un anticipado discurso de despedida, hace unas pocas semanas el Presidente de la República reconoció que una de las tareas en las que su gobierno no pudo avanzar fue la Educación. ¿Sinceridad o desfachatez? No importa cuál sea la verdad, no es necesario escoger entre estas dos opciones. Queda claro que lo que no se considera importante no se alcanza, y que los políticos no le van a dar importancia a lo que la sociedad no le da importancia.
En última instancia, pues, mientras las organizaciones de la sociedad no le exijan al gobierno un claro compromiso con la transformación del sistema educativo (currículum, formación del docente, y una administración limpia y transparente en los centros escolares), a este mandatario -y al que venga-, no le será difícil poner la cara dura y plantarse ante las cámaras de televisión y decir que no se pudo mejorar la educación.
En otros países, un liderazgo social oportuno puso en boga, en tiempos electorales, la frase "si tu candidato no sabe cambiar la educación, cambia de candidato", como una manifestación inequívoca de que la gente valora la educación porque ha llegado a la convicción de que el desarrollo del individuo, así como la prosperidad de la sociedad, descansan en la formación de capacidades que se inicia cuando niños y niñas comienzan a ir a la escuela.
Ciudadanos, de nosotros depende obligar a los políticos a que tengan un compromiso ineludible con la transformación del sistema educativo. Ese es el mejor interés de la nación.