Un conflictivo mundo árabe
La guerra iniciada por Estados Unidos e Inglaterra en Irak, pone de relieve el nudo de conflictos y la alta fragmentación política que caracteriza al mundo árabe. Con frecuencia, la prensa internacional reduce la compleja realidad del Medio Oriente a la situación existente entre Israel y la Autoridad Palestina.
A pesar del innegable impacto de la disputa palestino-israelí, la volatilidad regional obedece a múltiples causas e involucra a muchos actores. Para comprobarlo, es necesario repasar los acontecimientos de las últimas décadas: aparte de los enfrentamientos armados con Israel, los países árabes e islámicos se han embarcado en feroces disputas entre sí o con fuerzas foráneas.
En los comienzos de 1970, Jordania luchó implacablemente con grupos armados palestinos que intentaban derrocar al monarca jordano y controlar parte de su territorio. La lucha generó un nivel de destrucción sin precedentes y desembocó en las expulsiones masivas de residentes palestinos.
A mediados de la misma década, se inició la guerra civil del Líbano que provocó el colapso político, administrativo y económico del país. En ese contexto, la mayoría de los estados árabes apoyaron a una u otra facción combatiente, contribuyendo a agudizar la confrontación. Actualmente, el Líbano continúa ocupado por un contingente militar sirio compuesto por 20,000 hombres. Por su parte, Irán provee financiación, entrenamiento y dirección al grupo armado Hezbollah, arraigado en el sur libanés.
222 A pesar del innegable impacto de la disputa palestino-israelí, la volatilidad regional obedece a múltiples causas e involucra a muchos actores.
Entre 1980-1988, Irán e Irak se enfrentaron en una guerra que estuvo a punto de desestabilizar el Golfo Pérsico. Durante ocho años de lucha, un millón de iraníes e iraquíes murieron peleando, millares resultaron heridos, desplazados de sus hogares o cayeron prisioneros. La guerra destruyó, además, una parte importante de la infraestructura portuaria, de vivienda, productiva y de comunicación de ambos países.
En 1990, Irak invadió Kuwait y volvió a alterar el balance político-militar del cercano Oriente. El régimen iraquí se lanzó a esa aventura expansionista argumentando dar apoyo a un inexistente levantamiento popular contra la monarquía kuwaití. Durante los meses que duró la ocupación, y hasta la liberación del país por Estados Unidos, Irak destruyó todo cuanto estuvo a su alcance.
En septiembre de 2001, los ataques terroristas ocurridos en Washington y Nueva York desencadenaron la campaña militar norteamericana en Afganistán. Este país islámico (no árabe) protegió durante años a corrientes musulmanas radicales que amenazaban a las monarquías moderadas del área.
En tan sólo 20 años, Afganistán enfrentó a las dos principales potencias del planeta: la Unión Soviética, tras la invasión del Ejército Rojo en 1979, y Estados Unidos, en su esfuerzo bélico destinado a deponer al régimen talibán.
Esta reseña sugiere que, incluso acortando la brecha entre palestinos e israelíes, el mundo árabe está lejos de alcanzar una paz efectiva. Tanto los gobiernos árabes "moderados" (Egipto, Arabia Saudita) como los más beligerantes (Irán, Siria) responsabilizan a Israel y Estados Unidos (su principal aliado) por la situación regional. Sin embargo, otras cuestiones internas deberían ser abordadas sin demoras.
La carencia de instituciones democráticas de gobierno, medios de prensa controlados por las autoridades, sociedades civiles amordazadas, estructuras policiales y de seguridad represivas; y corporaciones militares determinantes de las políticas públicas son algunos de los temas que el mundo árabe debe enfrentar.
De otra forma, la estabilidad regional, prosperidad económica y paz social necesaria para el desarrollo de sus naciones continuará siendo una mera promesa incumplida.
A pesar del innegable impacto de la disputa palestino-israelí, la volatilidad regional obedece a múltiples causas e involucra a muchos actores. Para comprobarlo, es necesario repasar los acontecimientos de las últimas décadas: aparte de los enfrentamientos armados con Israel, los países árabes e islámicos se han embarcado en feroces disputas entre sí o con fuerzas foráneas.
En los comienzos de 1970, Jordania luchó implacablemente con grupos armados palestinos que intentaban derrocar al monarca jordano y controlar parte de su territorio. La lucha generó un nivel de destrucción sin precedentes y desembocó en las expulsiones masivas de residentes palestinos.
A mediados de la misma década, se inició la guerra civil del Líbano que provocó el colapso político, administrativo y económico del país. En ese contexto, la mayoría de los estados árabes apoyaron a una u otra facción combatiente, contribuyendo a agudizar la confrontación. Actualmente, el Líbano continúa ocupado por un contingente militar sirio compuesto por 20,000 hombres. Por su parte, Irán provee financiación, entrenamiento y dirección al grupo armado Hezbollah, arraigado en el sur libanés.
222 A pesar del innegable impacto de la disputa palestino-israelí, la volatilidad regional obedece a múltiples causas e involucra a muchos actores.
Entre 1980-1988, Irán e Irak se enfrentaron en una guerra que estuvo a punto de desestabilizar el Golfo Pérsico. Durante ocho años de lucha, un millón de iraníes e iraquíes murieron peleando, millares resultaron heridos, desplazados de sus hogares o cayeron prisioneros. La guerra destruyó, además, una parte importante de la infraestructura portuaria, de vivienda, productiva y de comunicación de ambos países.
En 1990, Irak invadió Kuwait y volvió a alterar el balance político-militar del cercano Oriente. El régimen iraquí se lanzó a esa aventura expansionista argumentando dar apoyo a un inexistente levantamiento popular contra la monarquía kuwaití. Durante los meses que duró la ocupación, y hasta la liberación del país por Estados Unidos, Irak destruyó todo cuanto estuvo a su alcance.
En septiembre de 2001, los ataques terroristas ocurridos en Washington y Nueva York desencadenaron la campaña militar norteamericana en Afganistán. Este país islámico (no árabe) protegió durante años a corrientes musulmanas radicales que amenazaban a las monarquías moderadas del área.
En tan sólo 20 años, Afganistán enfrentó a las dos principales potencias del planeta: la Unión Soviética, tras la invasión del Ejército Rojo en 1979, y Estados Unidos, en su esfuerzo bélico destinado a deponer al régimen talibán.
Esta reseña sugiere que, incluso acortando la brecha entre palestinos e israelíes, el mundo árabe está lejos de alcanzar una paz efectiva. Tanto los gobiernos árabes "moderados" (Egipto, Arabia Saudita) como los más beligerantes (Irán, Siria) responsabilizan a Israel y Estados Unidos (su principal aliado) por la situación regional. Sin embargo, otras cuestiones internas deberían ser abordadas sin demoras.
La carencia de instituciones democráticas de gobierno, medios de prensa controlados por las autoridades, sociedades civiles amordazadas, estructuras policiales y de seguridad represivas; y corporaciones militares determinantes de las políticas públicas son algunos de los temas que el mundo árabe debe enfrentar.
De otra forma, la estabilidad regional, prosperidad económica y paz social necesaria para el desarrollo de sus naciones continuará siendo una mera promesa incumplida.