Un defensor independiente
El proceso de selección del nuevo Defensor del Pueblo ha abierto un sano debate sobre la necesidad de una actuación independiente por parte de quien sea escogido por la Asamblea Legislativa. La Ley señala una serie de requisitos que se debe tener y también establece prohibiciones que se deben acatar una vez se es escogido. Es correcto que las personas quieran seguridades de que quien sea elegido por la Asamblea Legislativa, vaya a actuar dentro del mandato de la ley y esto implica que no se utilizará la Defensoría como parte de una agenda partidista.
Conozco muy bien esto, porque hice mi tesis de Licenciatura en Derecho sobre el Ombudsman y también participé en la redacción de la Ley. No sólo conozco la Ley, sino que creo firmemente en que así debe actuar el Defensor del Pueblo. Ahora bien, ¿qué tiene de malo que alguien milite o haya militado en un partido político y luego aspire a ser Defensor del Pueblo? Nada. Así como no es malo que aspiren a este cargo quienes sean o hayan sido fiscales, dirigentes gremiales, profesores universitarios y un largo etc. ¿O es que alguien va a sugerir que un ex profesor universitario no va a actuar correctamente frente a una denuncia contra la Administración de la Universidad de Panamá por haber sido docente allí?
La independencia o falta de ésta no se determina por haber pertenecido o no a algún grupo, organización o partido, sino a la trayectoria personal y la integridad del candidato. La hasta hace poco, defensora de los Habitantes de Costa Rica, Sandra Pisck, era, al momento de ser elegida, defensora, diputada por al Partido Liberación Nacional, en ese entonces en el poder y esto no le impidió cuestionar al gobierno de su ex partido ni al sucesor gobierno del PUSC cuando hubo que hacerlo, ni menoscabó su capacidad de comunicación con las autoridades nacionales de una y otra administración cada vez que fue necesario. Doña Sandra terminó su mandato en medio del reconocimiento general por su valentía y entereza, es más, de haberlo querido seguramente hubiese sido reelecta por un período adicional.
Luego de 15 años de militancia política renuncié en paz y buenos términos al partido que me hizo legislador y me dediqué al periodismo y la administración de empresas. Pongo por testigos a los periodistas que laboraron conmigo, que nunca pretendí utilizar los medios de comunicación que me tocó dirigir enmarcado en agenda partidista alguna, porque creo que el periodismo hay que ejercerlo con independencia. Pero también recordarán que me preocupé no sólo de cuestionar lo que veía mal, sino también reconocer lo que creí positivo y siempre busqué el fortalecimiento del sistema democrático. No hice miramientos en la información y las opiniones que querían emitir viejos amigos o antiguos adversarios, es más, en el periódico publiqué artículos de personas que en el pasado me atacaron de forma personal. No tengo enemigos ni guardo rencores y por eso duermo en paz todas las noches. Cuando hubo que enfrentar la dictadura, lo hice frente a frente y cuando hubo que construir la democracia, lo hice hombro con hombro. Esto me ha permitido hacer amigos entre antiguos adversarios y ganarme el respeto de quienes no concuerdan con mis ideas.
Ya he señalado que la militancia partidista no es prueba de una futura falta de independencia y por lo tanto, no tiene nada de malo, pero quiero ir un poco más allá. Yo creo que la experiencia política es un activo que aporta el candidato a Defensor del Pueblo, siempre y cuando tenga la integridad de actuar independientemente una vez asuma el cargo. Es un activo porque le da a quien la ha vivido, una experiencia importantísima al momento de buscar la solución a un problema. Le permite al Defensor comprender mejor las razones y motivaciones del funcionario señalado, le permite un acceso más directo a los tomadores de decisión política y por todo lo anterior, le confiere la destreza y la credibilidad para lograr soluciones donde todos se pueden sentir ganadores. "Hacer posible lo necesario", decía Calvani, es el arte de la política y el Defensor del Pueblo debe dominar ese arte para servir bien a su país.
Conozco muy bien esto, porque hice mi tesis de Licenciatura en Derecho sobre el Ombudsman y también participé en la redacción de la Ley. No sólo conozco la Ley, sino que creo firmemente en que así debe actuar el Defensor del Pueblo. Ahora bien, ¿qué tiene de malo que alguien milite o haya militado en un partido político y luego aspire a ser Defensor del Pueblo? Nada. Así como no es malo que aspiren a este cargo quienes sean o hayan sido fiscales, dirigentes gremiales, profesores universitarios y un largo etc. ¿O es que alguien va a sugerir que un ex profesor universitario no va a actuar correctamente frente a una denuncia contra la Administración de la Universidad de Panamá por haber sido docente allí?
La independencia o falta de ésta no se determina por haber pertenecido o no a algún grupo, organización o partido, sino a la trayectoria personal y la integridad del candidato. La hasta hace poco, defensora de los Habitantes de Costa Rica, Sandra Pisck, era, al momento de ser elegida, defensora, diputada por al Partido Liberación Nacional, en ese entonces en el poder y esto no le impidió cuestionar al gobierno de su ex partido ni al sucesor gobierno del PUSC cuando hubo que hacerlo, ni menoscabó su capacidad de comunicación con las autoridades nacionales de una y otra administración cada vez que fue necesario. Doña Sandra terminó su mandato en medio del reconocimiento general por su valentía y entereza, es más, de haberlo querido seguramente hubiese sido reelecta por un período adicional.
Luego de 15 años de militancia política renuncié en paz y buenos términos al partido que me hizo legislador y me dediqué al periodismo y la administración de empresas. Pongo por testigos a los periodistas que laboraron conmigo, que nunca pretendí utilizar los medios de comunicación que me tocó dirigir enmarcado en agenda partidista alguna, porque creo que el periodismo hay que ejercerlo con independencia. Pero también recordarán que me preocupé no sólo de cuestionar lo que veía mal, sino también reconocer lo que creí positivo y siempre busqué el fortalecimiento del sistema democrático. No hice miramientos en la información y las opiniones que querían emitir viejos amigos o antiguos adversarios, es más, en el periódico publiqué artículos de personas que en el pasado me atacaron de forma personal. No tengo enemigos ni guardo rencores y por eso duermo en paz todas las noches. Cuando hubo que enfrentar la dictadura, lo hice frente a frente y cuando hubo que construir la democracia, lo hice hombro con hombro. Esto me ha permitido hacer amigos entre antiguos adversarios y ganarme el respeto de quienes no concuerdan con mis ideas.
Ya he señalado que la militancia partidista no es prueba de una futura falta de independencia y por lo tanto, no tiene nada de malo, pero quiero ir un poco más allá. Yo creo que la experiencia política es un activo que aporta el candidato a Defensor del Pueblo, siempre y cuando tenga la integridad de actuar independientemente una vez asuma el cargo. Es un activo porque le da a quien la ha vivido, una experiencia importantísima al momento de buscar la solución a un problema. Le permite al Defensor comprender mejor las razones y motivaciones del funcionario señalado, le permite un acceso más directo a los tomadores de decisión política y por todo lo anterior, le confiere la destreza y la credibilidad para lograr soluciones donde todos se pueden sentir ganadores. "Hacer posible lo necesario", decía Calvani, es el arte de la política y el Defensor del Pueblo debe dominar ese arte para servir bien a su país.