default

Un día después, política de Estado


Todos los años un número plural de mujeres queda embarazada sin haberlo planificado. Muchas son menores de edad o solteras. Algunas deciden continuar la gestación, otras terminarla mediante métodos que ponen en peligro sus propias vidas.
Jamás sabremos con exactitud la cantidad de abortos inducidos en Panamá, tampoco el costo que representa para la sociedad; pero ha de resultar suficientemente elevado para que pensemos en alternativas menos traumáticas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la utilización de anticonceptivos orales más el preservativo para evitar, tanto las infecciones de transmisión sexual, incluida el HIV/SIDA, como los embarazos no deseados.
Existe una diferencia sutil entre estar embarazada, provocar un aborto; a evitar la fecundación.
En Estados Unidos se libra una batalla entre la FDA (Food and Drug Administration), por lo menos 41 miembros del Congreso, la ciudadanía y fabricantes de un medicamento que ofrece alternativas a la prevención de embarazos no deseados cuando sea producto de violación o falla en métodos anticonceptivos habituales. La disputa se concentra en si la venta del medicamento ha de ser de libre compra o continuar bajo prescripción médica. No se cuestiona el beneficio ni su efectividad del 75-89% cuando se toma dentro de las 72 horas post-relación no consentida o no programada, sino la metodología en su venta.
Las consideraciones de Steven Galson, Director del Centro de Evaluación e Investigaciones de Drogas, para posponer su venta libre fueron basadas en que el estudio con 585 pacientes solamente contempló a 29 que estaban en la edad de 14-16 años y ninguno era menor de 14 por lo que no se puede comprobar su uso seguro en adolescentes.
Según el Informe Nacional "Clara González" sobre la situación de la mujer en Panamá, 1999, se estimó que en 1995 se practicaron 11,126 abortos conocidos y que en 1998 la tasa de fecundidad para mujeres entre los 15-19 años de edad fue 82 por cada 1,000.
Con estos datos surgen varias interrogantes: ¿Cuántos abortos inducidos no han sido reportados? ¿Cuál es el costo-paciente por cada aborto inducido? ¿Cuántas madres solteras existen hoy día? ¿Cuántas de ellas no han podido terminar sus estudios? ¿Cómo será la calidad de vida de sus hijos? ¿Dónde estaban los padres de estas niñas cuando quedaron embarazadas? ¿Cuántas quedarán con lesiones permanentes? ¿Nadie les habló de planificación familiar? Así podríamos hacernos muchísimas otras preguntas, cada cual con respuesta más compleja.
En Estados Unidos, la política de un año electoral fue determinante en la toma de decisiones de la FDA, contraviniendo la ciencia médica y el sentido común, según varios editoriales y revistas médicas.
En Panamá, con nuevas herramientas seguras, es hora que el Estado entre a analizar la posibilidad de incluir nuevos planes para ofrecer a la población alternativas a embarazos no deseados. La píldora de un día después es una de ellas a ser considerada como política de Estado.
El tema siempre causará controversias morales y eclesiásticas, pero no por ello hemos de eludir los beneficios que la ciencia nos ofrece y que, además, tienen que ver con el respeto a los derechos humanos de las mujeres.
(teranjm@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América