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Un diálogo que no sea farsa


Urge que todas las fuerzas vivas del país (empresa privada, trabajadores, universidades, iglesia, asociaciones cívicas, partidos políticos) se apresten a la realización de un diálogo nacional, inspirado en los verdaderos problemas que, en la actualidad, son un obstáculo para el progreso y desarrollo de la nación. Problemas como la violencia, la corrupción, la ineficiencia de las instituciones gubernamentales, las ambiciones de poder político y económico, así como la falta de respuestas a las demandas del país, hacen enorme brecha en el alma de todos los panameños merecedores a una vida mejor. Esta unidad de fuerzas y de pensamiento para la búsqueda de caminos que nos conduzcan a un destino más prometedor, la hemos pedido con insistencia, pero siempre los intereses partidistas, egoísmos, rencores y ambiciones de muchos panameños, lo han impedido en perjuicio de una comunidad nacional que ya no puede continuar por más tiempo sufriendo las más grandes injusticias sociales y la quiebra de sus más caros valores éticos y morales.
En una mayoría de casos, los servicios que deben prestarse a la comunidad no llegan como debiera ser en lo que se refiere a salud, educación, mejores caminos para las áreas rurales, desarrollo agrícola, vivienda, trabajo, etc. La nación ya no puede soportar, por más tiempo, las altas tarifas de la energía eléctrica, del teléfono, del agua, de los derivados del petróleo y de los artículos de la canasta básica familiar. Todo está indicando que faltan planes de gobierno bien concebidos y orientados para que el país logre su recuperación en todos sus niveles de vida. Las instituciones públicas deben ser protegidas de la deshonestidad, la incapacidad y la corrupción a fin de lograr una imagen mejor de la nación y contribuir, efectivamente, a la solución de los problemas que confrontan a lo largo y ancho del territorio nacional. El país ha venido sufriendo una falta de credibilidad en sus instituciones y urge recobrarla en base al trabajo honesto y responsable de quienes tienen en sus manos la organización y funcionamiento de las mismas. No es positivo para la imagen de la Patria que funcionarios de una gran jerarquía pública deslinden sus diferencias a través de los medios de comunicación, cuando lo correcto sería la coordinación, la comprensión y el alto espíritu cívico y de trabajo, para lograr soluciones efectivas en beneficio de la República.
El diálogo nacional es inaplazable, pero es necesario que quienes participen en él, se despojen de todo interés partidista, de ambiciones de poder, de egoísmo, de deshonestidad, del "juega vivo" para que, únicamente, prevalezca el sentido de Patria, los deseos de trabajar con eficiencia y patriotismo por un país que, en la actualidad, se enfrenta a grandes responsabilidades que deben ser cumplidas con verdadera dedicación y trabajo constructivo y permanente. Un diálogo sin estas características será una farsa más en el panorama socioeconómico y político de la vida nacional.
Aún es tiempo para reflexionar y para buscar dentro la realidad actual del país, aquellos recursos humanos valiosos que por motivo de la politiquería, no han logrado integrarse al desarrollo de una nación que clama por una vida mejor.

101 años de Panamá América

 
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