Un elefante sobre nuestros hombros
LA DISCUSIÓN sobre la reforma fiscal y tributaria, gira en torno a tres verdades: existen demasiados pobres en Panamá; el gobierno aduce necesitar más dinero para atenderlos; hay filtraciones en el sistema tributario que permiten a los que más ganan pagar proporcionalmente menos que otros. En todo caso, sobre lo que deberíamos discutir es sobre el tamaño del Estado. ¿Deseamos un Estado que sea responsable por mí, desde la cuna hasta la tumba o seremos, individualmente, responsables de nuestro destino?
Para definir si un Estado es pequeño o grande, se requiere un índice de medición. Los economistas dividen lo que gasta el gobierno entre todo lo que el país produce. Ese índice nos permite comparar el peso del Estado, de un país a otro. Panamá tiene un Estado enorme (superado por Brasil, en Latinoamérica) y que no impacta significativamente el desarrollo humano de la población que busca atender.
Comprendo que los conceptos abstractos conllevan dificultades. Por un lado, se entiende que el Estado es un "algo" que hará lo que me tocaría a mí hacer. Por otro, equivocadamente se cree que el sector privado se resume a los gremios empresariales. Lo cierto es que son los productores y los trabajadores generando bienes y servicios, quienes aportan libremente su trabajo y sus recursos para ofrecer al mercado. Lo cierto es que son los consumidores quienes deciden cómo usar sus recursos para demandar al mercado.
Durante los años 90, el aumento del gasto público estuvo relacionado con el pago de intereses de la deuda y el aumento de la planilla. El gobierno propone que para el 2009 tengamos el nivel de gasto en planilla que teníamos en 1999. Eso es insuficiente. Tendrían que echar mano, también, de los jugositos contratos, fuera de planilla, históricamente utilizados para agradecer el apoyo durante el período de campaña.
La oportunidad de una reforma debería llevarnos a eliminar, de un tajo, todas las subvenciones, exoneraciones y subsidios. El trato desigual que le da el gobierno a la sociedad, cocinado al calor del populismo, ha favorecido a los peores y desfavorecido a los mejores. La oportunidad de una reforma, debería llevarnos a fijar una tasa "flat", muy baja, de impuestos. Sólo así se acaba con la filtración y maximizamos la recaudación. El equipo de economistas que sugieren poner la casa en orden no debe dar la espalda a la evidencia internacional: Estados pequeños e impuestos bajos sacan a la gente de la pobreza.
El Estado tiene cinco roles de su exclusiva responsabilidad: la defensa nacional; el manejo de las relaciones exteriores; la administración de una justicia transparente y expedita; el respeto por los derechos individuales. Bastaría con que se ocupara bien sólo de esas cinco cosas y permitiera al sector privado generar el desarrollo que crea riqueza y acaba con la pobreza. Es más fácil correr y saltar obstáculos, sin un elefante sobre nuestros hombros.
Para definir si un Estado es pequeño o grande, se requiere un índice de medición. Los economistas dividen lo que gasta el gobierno entre todo lo que el país produce. Ese índice nos permite comparar el peso del Estado, de un país a otro. Panamá tiene un Estado enorme (superado por Brasil, en Latinoamérica) y que no impacta significativamente el desarrollo humano de la población que busca atender.
Comprendo que los conceptos abstractos conllevan dificultades. Por un lado, se entiende que el Estado es un "algo" que hará lo que me tocaría a mí hacer. Por otro, equivocadamente se cree que el sector privado se resume a los gremios empresariales. Lo cierto es que son los productores y los trabajadores generando bienes y servicios, quienes aportan libremente su trabajo y sus recursos para ofrecer al mercado. Lo cierto es que son los consumidores quienes deciden cómo usar sus recursos para demandar al mercado.
Durante los años 90, el aumento del gasto público estuvo relacionado con el pago de intereses de la deuda y el aumento de la planilla. El gobierno propone que para el 2009 tengamos el nivel de gasto en planilla que teníamos en 1999. Eso es insuficiente. Tendrían que echar mano, también, de los jugositos contratos, fuera de planilla, históricamente utilizados para agradecer el apoyo durante el período de campaña.
La oportunidad de una reforma debería llevarnos a eliminar, de un tajo, todas las subvenciones, exoneraciones y subsidios. El trato desigual que le da el gobierno a la sociedad, cocinado al calor del populismo, ha favorecido a los peores y desfavorecido a los mejores. La oportunidad de una reforma, debería llevarnos a fijar una tasa "flat", muy baja, de impuestos. Sólo así se acaba con la filtración y maximizamos la recaudación. El equipo de economistas que sugieren poner la casa en orden no debe dar la espalda a la evidencia internacional: Estados pequeños e impuestos bajos sacan a la gente de la pobreza.
El Estado tiene cinco roles de su exclusiva responsabilidad: la defensa nacional; el manejo de las relaciones exteriores; la administración de una justicia transparente y expedita; el respeto por los derechos individuales. Bastaría con que se ocupara bien sólo de esas cinco cosas y permitiera al sector privado generar el desarrollo que crea riqueza y acaba con la pobreza. Es más fácil correr y saltar obstáculos, sin un elefante sobre nuestros hombros.