Un gobierno sin oposición
Literalmente no existe. Lo que se ha visto han sido gobiernos autocráticos, ejercidos sin las debidas normas constitutivas; algo así como una dictadura disfrazada. También han existido administraciones dirigidas por políticos de corte populistas, como las de los Doctores Porras y Arnulfo Arias. De igual forma las han habido, cuando quienes las adversan no cuentan con la suficiente autoridad moral para hacerlo. Cualquiera de los casos (especialmente el primero) atenta contra principios democráticos y, obviamente, podría interponerse y lesionar los sagrados intereses del pueblo.
El actual gobierno ni es dictadura disfrazada -gracias a Dios- ni tampoco es de corte populista- quizás por la clase de aliados con que hoy cuenta el arnulfismo a pesar del gran respaldo sentimental que le profesa el pueblo de forma exclusiva a la Señora Presidenta.
Su gobierno tienen una gran aceptación, donde el pueblo ha hipotecado toda su esperanza ; pero que desafortunadamente no cuenta con una verdadera oposición, no que la obstaculice, sino que procure el equilibrio necesario para hacer las correcciones, cuando sea necesario.
Cualquiera administración, en esta situación, pueda que esté haciendo las cosas no de la mejor manera y no darse cuenta, y ello se debe a que los artífices de la actual oposición no cuentan con la mínima autoridad moral para dirigir ningún comentario que cuestione las acciones del Gobierno. Esta misma suerte corren los grupos sindicales, federaciones estudiantiles y demás sectores voceros de las inquietudes sociales.
Cómo se explica que un partido que estando en el poder, y haya afectado a muchos sectores con sus acciones inconsultas -tal es el caso de los educadores y los obreros de la construcción, entre otros- ahora venga a querer ser el vocero y mediador, precisamente de quienes avasalló hace unos meses atrás. Y lo más descabellado del caso, es a las figuras que pone al frente de tan delicada comisión. Estos hombres y mujeres que cuestionan al Gobierno -y que quieren que éste realice en 100 días lo que ellos no pudieron hacer en cinco años- deben estar presos, de lo contrario prófugos y en el anonimato de la palestra pública.
Cuando esta situación se da, el Organo Legislativo -como Institución Política que aglutina las fuerzas populares- ocupa este rol, con el fin de buscar el equilibrio y la armonía entre los que administran la cosa pública y el resto (la mayoría), que demanda acciones a favor de equidad en la prestación de los servicios públicos y una mejor distribución de la riqueza que genera el Estado como tal.
De la posición de los mal llamados "Padres de la Patria" desafortunadamente el Pueblo, también mantiene sus dudas.
Cuando no existe una oposición coherente y revestida de autoridad moral, se aleja de alcanzar el poder en las próximas elecciones, ya que el verbo de su discurso trasnochado, no cala ni ganará adeptos.
De hecho, el Gobierno adoptaría una posición de juez y parte, que tampoco le beneficia políticamente en nada. Es decir, todos nos afectaremos en un momento dado.
Afortunadamente, la Señora Presidenta y algunos de sus colaboradores han dado muestras de la voluntad de realizar acciones a favor del país. Una prueba de ello ha sido el arduo trabajo de derogación de leyes inconsultas y presentación de proyectos tendientes a rescatar la institucionalidad del Estado. ¡Alguien tenía que poner orden !
Los nuevos retos a que se enfrentará el país, exigen conciliar a todos los grupos sociales y consolidar nuestro incipiente proceso democrático.
Ello será posible gracias a una verdadera institucionalización del Estado, el cual dependerá del trabajo del Gobierno y el aporte de la clase política en la oposición (...) en una posición con altura, "Todos juntos por un Panamá mejor".
El actual gobierno ni es dictadura disfrazada -gracias a Dios- ni tampoco es de corte populista- quizás por la clase de aliados con que hoy cuenta el arnulfismo a pesar del gran respaldo sentimental que le profesa el pueblo de forma exclusiva a la Señora Presidenta.
Su gobierno tienen una gran aceptación, donde el pueblo ha hipotecado toda su esperanza ; pero que desafortunadamente no cuenta con una verdadera oposición, no que la obstaculice, sino que procure el equilibrio necesario para hacer las correcciones, cuando sea necesario.
Cualquiera administración, en esta situación, pueda que esté haciendo las cosas no de la mejor manera y no darse cuenta, y ello se debe a que los artífices de la actual oposición no cuentan con la mínima autoridad moral para dirigir ningún comentario que cuestione las acciones del Gobierno. Esta misma suerte corren los grupos sindicales, federaciones estudiantiles y demás sectores voceros de las inquietudes sociales.
Cómo se explica que un partido que estando en el poder, y haya afectado a muchos sectores con sus acciones inconsultas -tal es el caso de los educadores y los obreros de la construcción, entre otros- ahora venga a querer ser el vocero y mediador, precisamente de quienes avasalló hace unos meses atrás. Y lo más descabellado del caso, es a las figuras que pone al frente de tan delicada comisión. Estos hombres y mujeres que cuestionan al Gobierno -y que quieren que éste realice en 100 días lo que ellos no pudieron hacer en cinco años- deben estar presos, de lo contrario prófugos y en el anonimato de la palestra pública.
Cuando esta situación se da, el Organo Legislativo -como Institución Política que aglutina las fuerzas populares- ocupa este rol, con el fin de buscar el equilibrio y la armonía entre los que administran la cosa pública y el resto (la mayoría), que demanda acciones a favor de equidad en la prestación de los servicios públicos y una mejor distribución de la riqueza que genera el Estado como tal.
De la posición de los mal llamados "Padres de la Patria" desafortunadamente el Pueblo, también mantiene sus dudas.
Cuando no existe una oposición coherente y revestida de autoridad moral, se aleja de alcanzar el poder en las próximas elecciones, ya que el verbo de su discurso trasnochado, no cala ni ganará adeptos.
De hecho, el Gobierno adoptaría una posición de juez y parte, que tampoco le beneficia políticamente en nada. Es decir, todos nos afectaremos en un momento dado.
Afortunadamente, la Señora Presidenta y algunos de sus colaboradores han dado muestras de la voluntad de realizar acciones a favor del país. Una prueba de ello ha sido el arduo trabajo de derogación de leyes inconsultas y presentación de proyectos tendientes a rescatar la institucionalidad del Estado. ¡Alguien tenía que poner orden !
Los nuevos retos a que se enfrentará el país, exigen conciliar a todos los grupos sociales y consolidar nuestro incipiente proceso democrático.
Ello será posible gracias a una verdadera institucionalización del Estado, el cual dependerá del trabajo del Gobierno y el aporte de la clase política en la oposición (...) en una posición con altura, "Todos juntos por un Panamá mejor".