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Un libro especial


Lil María Herrera. Entre figuras y andanzas (motivos periodísticos). Panamá: Editora Sibauste, 1998. 210 páginas; 21 cm. Ilustraciones de Ariel Batista Fuentes, Miguel Angel Herrera Correa, Wilfi y Taracido.
Entre figuras y andanzas (motivos periodísticos) recoge treinta artículos publicados por Lil María Herrera, entre 1991 y 1995, en medios de la localidad: La Prensa, Ellas, Espacios, Epocas. En este sentido, el libro se enmarca dentro de la venerable tradición antológica, de viejo arraigo en nuestro medio. Pero Entre figuras y andanzas es más que una antología: es testimonio de la dedicación, la curiosidad intelectual y la sensibilidad de la autora. Por ello, su lectura produce intensa satisfacción.
Las figuras y andanzas de Lil María transmiten alegría de vivir y orgullo de ser panameños- como atinadamente lo expresó la estudiante Lorena Ardines, del Círculo de Lecturas de la USMA, una de las presentadoras del libro- pero también inquietud por el deterioro de la calidad de vida y la pérdida de los valores que dan a la sociedad su razón de ser. Nos muestran las alturas a que puede acceder el individuo preocupado por su propia superación y el bienestar de sus semejantes, pero también las injusticias que son resultado del egoísmo colectivo y la pérdida del espíritu comunitario que engrandece a los pueblos.
Todo esto encontramos en las páginas inspiradoras de ENTRE FIGURAS Y ANDANZAS
Estimulantes son sus retratos de Gil Blas Tejeira, periodista, político, pero, sobre todo, estupendo cultor de la lengua castellana; del senador norteamericano J. William Fulbright, humanista de impacto internacional; de Juan Manuel Cedeño, célebre pintor santeño, artista y artesano de profunda espiritualidad; y de diez otros personajes que, de una manera u otra, han dejado su huella en la vida nacional.
Estimulantes son también, entre otras, sus entrevistas a Guillermo Sánchez Borbón, decano de los escritores y periodistas panameños, autor de la inolvidable columna En pocas palabras, que durante varios años inspiró nuestra lucha contra el narcomilitarismo; y a Brittmarie Janson Pérez, valiente estudiosa de la política y cultura istmeñas, cuyos libros y artículos periodísticos han causado positiva impresión en la comunidad; como también su reportaje del curso de relaciones entre Panamá y los Estados Unidos que, con notable buen éxito, dictaron los profesores Thomas Hofer y Miguel Antonio Bernal en el campus panameño de la Universidad Estatal de la Florida (FSU, por sus siglas en inglés).
Pero en la antología hay también escritos que constituyen un aldabonazo a nuestra conciencia social. Está allí testimoniada la dura faena del recolector de basura, que la autora reseñó luego de compartir, de acuerdo con la meritoria recomendación antropológica de la "observación participante", una jornada entera de trabajo con el personal de la DIMA; la despiadada vida del indigente y el "piedrero", que al anochecer culmina su vagar callejero en el miserable ambiente del "hotel sin estrellas"; las esperanzas, logros y sueños del minusválido, como en la entrevista a Elisabel Sáenz Avila, niña símbolo de la Teletón en 1983; y las heroicas vivencias de las floristas de Calidonia, con cuyo esfuerzo sobresaliente por llevar el pan a sus hogares se identifica inmediatamente el lector.
Menos no podía esperarse de Lil María Herrera, cuya natural sensibilidad ha sido alimentada por el entorno familiar en que creció. Su madre, Rosita, se desempeñó por largos años como trabajadora social al servicio de la Caja del Seguro Social. La conciencia de su compromiso con la comunidad ha impulsado a su padre, Alfonso, a participar activamente en la vida gremial y política de la Nación. Tanto a Alfonso como a su hermano Guillermo, recientemente fallecido, los ha distinguido, además la claridad de expresión y la elegancia para escribir. Heredaron, como Lil María, la profundidad intelectual de su progenitor, José de la Cruz Herrera, "el darienita universal", humanista de legendaria solidez, cuya reseña inaugura las páginas de Entre figuras y andanzas.
Contenido y diseño son interesantes en este libro. En torno a lo primero, las líneas que preceden dan alguna información; en cuanto a lo segundo, hay que resaltar la diagramación innovadora, concebida por Ariel Batista Fuentes para mantener la atención del lector, como también las simpáticas ilustraciones que adornan el texto, producto, algunas de ellas, del pincel del joven Miguel Angel Herrera Correa, de doce años de edad. Valioso es también el índice completo de artículos publicados por Lil María Herrera, entre los que sobresalen sus escritos de opinión, género a que la autora dedicó particular esfuerzo.
Entre figuras y andanzas merece la atención en momentos en que la sociedad panameña luce desorientada, como consecuencia de las lacras sociales y políticas que nos aquejan. Y si con su publicación la autora registra un logro significativo, también adquiere responsabilidad de proseguir su labor orientadora de la comunidad, a través de sus aportes al periodismo y las letras nacionales.

101 años de Panamá América

 
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