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Un libro triste


Cuando terminé de leer "El libro de la invasión" de los hermanos Pedro Rivera y Fernando Martínez, sentí como si el ciclo que se iniciara aquel 20 de diciembre de 1989, se empezara a cerrar en mi mente. Navegando por el libro comprendí, casi en su total extensión el doloroso fenómeno de la invasión, expresado en su rechazo popular unánime,porque para sacar al borracho impertinente (Noriega), acabaron con la cantina y muchos de sus parroquianos, algunos de los cuales nada tenían que ver con el beodo. Identifiqué también las recriminaciones contra la crueldad de la guerra, la imposibilidad de encontrar y dar sepultura a los seres queridos, la evidente falta de atención humana a los heridos y damnificados y las secuelas de la invasión en los niños de entonces, adolescentes de hoy, que quien sabe con qué traumas habrán quedado.
Pedro y Fernando nos llevan de la mano, a través del verbo de los testimoniales, hacia lo que desean expresar y denunciar, de tal manera que convirtiéndose en juglares de la literatura, nos dejan la voz del pueblo impresa para la posteridad. Para que no olvidemos, pero sobre todo, para que no cometamos (ellos y nosotros) los mismos errores que nos llevaron a tal desenlace. Más aún, para que la barbarie de la guerra a que nos sometió la nación más poderosa del planeta, no resuelva jamás, lo que la diplomacia entre naciones dirime en forma civilizada.
El "Libro de la invasión" me abrió los ojos para entender mejor la naturaleza de parte de nuestra sociedad, tan pero tan concreta, que no tuvo el menor reparo en apoyar inicialmente a quienes resistían al invasor, para terminar denunciándolos, cuando los percibió derrotados por el extranjero. En dicha conducta social identifiqué retos y oportunidades. Retos para superar el valor supremo del panameño (el juegavivismo), oportunidades para ir pensando en serio como modificar las conductas de nuestros jóvenes, vía el sistema educativo, para inyectarles renovados valores morales, sociales y políticos.
Pero el libro también me ayudó a identificar el por qué de aquellas decisiones post-invasión, en donde decidimos como sociedad, utilizar la política (democracia participativa) para dirimir nuestras diferencias y construir los consensos sociales. El por qué la presente Administración (y espero las siguientes ) desechó el método del terrorismo judicial (usual durante la anterior) para perseguir a sus adversarios. El por qué y también como sociedad, hemos decidido que la presencia militar extranjera ya no es viable en esta tierra y que la diplomacia (sin imposiciones) entre nosotros y los Estados Unidos, debiera ser del único método de lograr acuerdos en tantas materias aún pendientes.
Finalmente, el "Libro de la invasión" me ayudó también a cerrar la última página de mi propio libro sobre el fenómeno. Necesitaba enfrentarme en mi yo íntimo al hecho, conocerlo a profundidad y volverlo a vivir, para restañar heridas, reconstruir compromisos e intentar el perdón, que sólo con el tiempo, pero más con los hechos, podría renacer. Salud por el nacimiento de tan esperado vástago, sobre el cual a todos nos cabe parte de la paternidad.

101 años de Panamá América

 
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