default

Un llamado a los clubes cívicos


Hace unos días escuchaba, a través de una emisora radial, el llamado patriótico de una ciudadana reclamando la voz y la pronunciación de los clubes cívicos de Panamá frente a la corrupción gubernamental, el desempleo, el nepotismo, así como el aumento creciente de la violencia y la criminalidad en el país. También reclamaba un mejor comportamiento de la clase política en general. Sobre el particular, obliga insistir en señalar lo siguiente:
Cualquiera que sea, un movimiento cívico sin doctrinas y sin ideales definidos, es un conglomerado amorfo, carente de fuerza vitalizadora y de representatividad. Los pueblos necesitan agrupaciones políticas, cívicas, sociales y culturales que esclarezcan la conciencia ciudadana, que ilustren el entendimiento de las masas, que siembren las inquietudes patrióticas, que condenen los males de la demagogia y de la corrupción, y enseñen a compartir los bienes de la democracia y a manejar con ayuda de la ciencia y conscientemente los beneficios de la libertad.
Que los políticos se ajusten a las reglas de la decencia y la ética, que inspiren su conducta un verdadero patriotismo y un probado desprendimiento; que cuanto digan y hagan responda a una convicción sincera y a un riguroso sentimiento de responsabilidad. Así servirán a la colectividad y contribuirán a restablecer en ella el sentido moral, hoy tan decaído; así -con hechos y no con palabras enfáticas y vacías- habrá de prestigiarse la política, y del menester inferior que ha llegado a ser, se transformará en una auténtica escuela de dignidad cívica.
¡El país parece de momento adormecido por un maleficio! Sólo entre algunos grupos obreros, jubilados y estudiantiles, donde ha ido a refugiarse la pasión de la lucha política, surge alguna vez, como una llamarada, la inquietud en que vivimos. Pero, a pesar de la calma aparente (entre escándalos de corrupción interminables), la situación de nuestros problemas económicos y sociales es a todas luces peor que antes. No se ha resuelto nada, absolutamente nada. El desgobierno de la señora Moscoso ofrece a la vida panameña los mismos problemas y angustias. El arco continúa tenso. No se da un solo paso hacia delante en la reforma de la organización social, económica y política de Panamá. La prerrogativa real se cierne enigmática sobre el futuro y nadie sospecha a estas horas cuáles van a ser los destinos del país dentro de pocas semanas o pocos meses que faltan para finalizar esta pésima administración de gobierno. Es doloroso decirlo, pero a esta progresiva descalificación de las señoras y señores dirigentes de este desgobierno, han contribuido, sin duda, la incompetencia, la codicia, el nepotismo, la corrupción, la ley del capricho, el servilismo y la turbidez.
En la confusión de este momento abierto a la más acentuada "crisis histórica" de nuestra era centenaria, pasan haciendo gestos de una grotesca bufonería unas señoras y unos señores turbios de un desgobierno igualmente turbio, cuyo oficio consiste en llenar de turbiedad la vida panameña. ¿Y dónde están las voces ardientes y patrióticas de los clubes cívicos y de las fuerzas civilistas de los años "80? ¿Acaso también han sido afectados por los efectos del maleficio de este desgobierno? ¡No! Los clubes cívicos (aunque tardíamente) han respondido mediante un comunicado a la ciudadanía. ¡Pero esto no es suficiente! Hay que retomar la lucha permanente por el rescate institucional, cívico y moral de la República.
La fe en el destino de Panamá es una de las formas del bien; las oscuras fuerzas que conspiran contra ese destino son uno de los semblantes del mal.
Mantengámonos alerta contra ellas; no dejemos de prever todas las consecuencias de sus proyecciones, aunque ello desazone y ensombrezca momentáneamente nuestro horizonte espiritual; hagamos de nuestra fe democrática una potencia activa en grado sumo; no abdiquemos de nuestra responsabilidad; no renunciemos jamás a creer que al mal se lo evita no nombrándolo y tratando de no verlo; que ni su ceño adusto ni sus lisonjas nos intimiden o engañen.
El quehacer panameño debe estar en todo instante comprometido con la responsabilidad de no malograr el futuro, cuya realización no depende de factores sobrenaturales ni obedece a una necesidad inexorable, sino a lo que los panameños y panameñas hagamos o dejemos de hacer en su favor.
¡Feliz Año Nuevo, compatriotas!

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América