Un lugar al sol
Antes de una década, la Unión Europea tendrá 50 millones de personas mayores de 65 años. Estas personas son las que más visitas hacen a los servicios médicos de la Seguridad Social, a parte de pasar más tiempo en sus casas durante los meses del crudo invierno europeo. Se incrementan el consumo de calefacción, afecciones respiratorias y reumáticas, soledad y la sensación de que la sociedad ya no las necesita.
Antes, estas cifras de jubilados por su edad o por las políticas laborales de las empresas se producían en los países más ricos del norte de Europa. Ahora, hasta los países europeos del Mediterráneo ya conocen ese fenómeno sociológico creciente. Nuestras sociedades no estaban preparadas para responder a esas demandas y se agotan las medidas de vacaciones subvencionadas y de actividades culturales para ese ocio impuesto.
La desestructuración de las familias en la mayoría de los países europeos es una de las causas de que no haya sitio para los abuelos en los nuevos hogares.
Ante este problema, se me ocurre lo siguiente: En España, Grecia, sur de Italia y sur de Portugal el espectacular desarrollo económico ha venido precedido por las remesas de divisas que los emigrantes de estos países enviaban desde Europa. A medida que el nivel de vida de esos países se acercaba a los del resto de la Unión Europea, los emigrantes regresaban a sus lugares de origen aportando saberes, costumbres y capacidades que fueron imprescindibles para la formidable industria del turismo que se apoyó en el clima del Mediterráneo.
Cientos de miles de matrimonios pensionistas empezaron a tener su segunda residencia en las islas Baleares, Canarias, Costa del sol y otros lugares similares de Italia, Portugal y Grecia. Esta reflexión se puede adaptar a los países emergentes del Caribe, Cuba y República Dominicana, entre otros.
¿Por qué no se transforma el norte de África en instalaciones hoteleras de acogida para esos millones de jubilados europeos?
Las visitas a los centros médicos se reducirían notablemente. El uso de carburantes para calefacciones descendería. El estado anímico y la felicidad de estos millones de personas mejorarían. *Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del CCS.