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A un lustro del 31 de diciembre de 1999


El PASADO viernes 31 de diciembre se cumplió un año más de la transferencia del Canal de Panamá a control panameño. Más que el primer lustro del histórico acontecimiento, ese aniversario fue una ocasión para recordar con orgullo que el Canal tiene cinco años de estar en manos panameñas y que su eficiencia como vía marítima interoceánica tiene niveles mejores que los que alcanzaba en tiempos de su control por Estados Unidos.
Desde que se firmaron los Tratados Torrijos - Carter el 7 de septiembre de 1977, los panameños han frecuentado asiduamente la idea de un gran proyecto nacional que involucre a todos en una experiencia de construcción compartida de un futuro mejorado en virtud de las posibilidades que ofrece el Canal como bien patrimonial colectivo e inalienable. Esa idea no se ha podido realizar. Los gobiernos que se han sucedido no han logrado darle el impulso necesario, especialmente en este último quinquenio.
Pero la idea no ha cambiado. Los gobiernos cambian, pero el pueblo guarda la idea de que la recuperación de su soberanía sobre el Canal y las reivindicaciones nos da derecho a soñar con un futuro mejor para todos.
En la cátedra de Sociología de la Universidad de Panamá a cargo del Prof. Marco A. Gandásegui, hijo, se ha planteado que "El futuro del Canal de Panamá ha sido un punto importante en la agenda panameña", y se señala que "Las decisiones que se toman en relación con el Canal de Panamá han sido manejadas como secreto de Estado". Se hace el planteamiento de que "Cualquier proyecto de ampliación del Canal requiere un enorme esfuerzo humano y una inversión de capital que supera los $6 mil millones. ¿De dónde saldrá ese esfuerzo humano y el capital? Hasta el momento -agrega- es el mejor secreto gubernamental. Nadie dice saber".
La ciudadanía no puede ser indiferente ante el siguiente planteamiento de la cátedra universitaria: "Si los gobiernos tuvieran el coraje, abrirían a debate la cuestión del Canal. Hasta la fecha ningún gobierno ha preparado a un solo técnico, profesional u obrero para participar en la obra que según ellos se avecina. El Presidente Torrijos tiene que pensar en formar 500 profesionales y técnicos en materia hidráulica. Además, tiene que formar 1000 profesionales y técnicos en otros campos especializados. Martín Torrijos tiene que preparar el país para que cuando la ampliación del canal demande 5000 obreros especializados se les pueda ofrecer. Sin embargo, nada se está haciendo. ¿Por qué?
La respuesta es sencilla. El proyecto de ampliación no se ha concebido como un proyecto nacional. El proyecto de ampliación se está ejecutando como un negocio para un pequeño grupo de especuladores."
La conclusión a que se llega con estos antecedentes es la siguiente: "Si Panamá invierte $6 mil millones u $8 mil millones, tiene que ser para impulsar el desarrollo del país, beneficiar a los campesinos, acabar con la pobreza y la desigualdad, garantizar educación y salud igual para todos y poner en práctica un programa económico que erradique el desempleo en el siglo XXI. No hay una hoja, ni siquiera una línea, escrita, preparada por el gobierno actual o por el gobierno electo que indique que se está trabajando en un plan que ponga al servicio del país una inversión en el Canal".
En estos cinco años transcurridos desde el 31 de diciembre de 1999, hemos aprendido muchas cosas. Entre otras, hemos aprendido a desconfiar de los vértigos que producen las palabras huecas y los proyectos secretos. También hemos aprendido que la incapacidad de los gobernantes a alzarse por encima de las dificultades y de los intereses si bien alejan un poco el horizonte, no impiden que sean los valores y las aspiraciones comunes las que iluminen el camino.
El 31 de diciembre de 1999, gracias al protagonismo de Omar Torrijos Herrera, ocurrió un desarrollo previsto, histórico y maravilloso para los panameños.
Cinco años después podemos constatar que ha habido evoluciones en los temas del Canal y que algunas de esas evoluciones nos causan a muchos justificada inquietud y profundo desencanto. Mientras los responsables de la Autoridad del Canal de Panamá aseguran y reafirman que la integración de la realidad del Canal con las necesidades y las aspiraciones panameñas se hace mejor de lo que muchos creemos, me encuentro entre los muchos panameñas y panameños que hemos seguido y seguimos insistiendo en que son negativos y contrarios al interés nacional los proyectos que otorgan la primacía a los intereses de los usuarios, en el mejor de los casos, o a los intereses de los especuladores en el peor de los casos, haciéndolo prevalecer sobre los intereses del país en general.
El Presidente Martín Torrijos ha declarado recientemente lo siguiente: "El Canal de Panamá se convertirá en motor de la economía del país". Esta declaración no puede encontrar otra cosa que adhesión y aplauso entre todos los panameños. Pero debo decir que el Canal puede cumplir esa función de motor sin que sea necesario meter en dicha fuerza motora ningún tigre foráneo, combustibles secretos o armas de destrucción masiva del tipo que se invoca como elemento de cooperación panameña en un TLC para que resulte grato al Congreso Norteamericano.
El pueblo panameño ambiciona expresarse en el referéndum que debe realizarse sobre la expansión del Canal con el corazón latiendo al unísono con los responsables del Canal y desde luego, con el gobierno central. Ojalá esto sea posible. Este es mi voto para el año 2005.

101 años de Panamá América

 
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