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Un mal negocio


NUESTRA CONSTITUCIÓN Política establece que la soberanía reside en el Pueblo y la ejerce el Estado. Este enunciado es muy importante en el tema de la reforma fiscal porque establece quién está en función de quién.
Si la mayor parte de los ingresos corrientes se dedican al pago de la planilla estatal y con lo demás no alcanza ni para pagar el servicio de la deuda, mucho menos para inversiones, el Estado tiene un problema. Si sabemos que el Estado es ineficiente en el uso de los recursos que los ciudadanos ponemos a su disposición, mientras que las personas y empresas hacen que el dinero se multiplique, sacar más dinero de los particulares para dárselo al Estado parece ser un mal negocio. Es verdad que existe un enorme déficit. Es verdad que requerimos de mejores servicios públicos, es verdad que hay cientos de miles de panameños en la pobreza. Todos estamos de acuerdo con que hay que resolver estos problemas, en lo que discrepamos es en el cómo.
El estatismo mostró su fracaso hace varios lustros. Hoy todos los dirigentes lúcidos saben que para sacar a un país de la pobreza se requiere producir crecimiento económico, para lograr el crecimiento económico se debe obtener cada vez más inversiones, especialmente foráneas, para atraer dichas inversiones se requiere de un régimen económico de libertad, del respeto a la propiedad privada, de un Estado de Derecho y de un sistema de baja pero equitativa, tributación. Aquellos que además desean que este crecimiento se distribuya con equidad y sostenibilidad saben que se requiere contar también con un robusto régimen democrático y con una vigorosa prensa.
Quienes nos quieren vender el mal negocio de las reformas fiscales, dicen que todos tenemos que pagar más y que si se nos va a bajar el nivel de vida a los ciudadanos, ese será el precio para "resolver" los problemas fiscales del Estado. Nosotros nos preguntamos ¿quién está en función de quién? ¿Por qué los ciudadanos tenemos que recortar nuestro nivel de vida en lugar de que el Estado recorte sus gastos?
Para tapar el hueco fiscal y sacar a más panameños de la pobreza necesitamos el motor de los particulares no el lastre del Estado. El asunto no es cómo repartimos la pobreza, sino cómo creamos más riqueza.
Mientras tanto, lo más positivo de lo sucedido en la Convención, es lo que menos ha trascendido.
Los panameñistas tenemos ahora unos nuevos Estatutos, con primarias obligatorias para escoger a los candidatos a puestos de elección popular, con representación proporcional en la elección de convencionales y con una nueva estructura que garantiza mayor participación y mayor democracia a los inscritos en el Partido. Ese, a mi juicio, es el resultado más significativo de ese histórico evento político.
Con visión de futuro, nos corresponde a todos poner en práctica dichos cambios y fortalecer nuestro Partido, como requisito indispensable para unir a la oposición y hacer un efectivo contrapeso al actual Gobierno.

101 años de Panamá América

 
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