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Un menú de salvación del Seguro sin problemas


EL SR. ENRIQUE Iglesias, que era presidente del BID hasta hace unos días, y recordado con pesadumbre por el significado terrible que había en sus palabras cuando, en 1990, se refirió a la década de los ochenta como "una década perdida" para los países hispanoamericanos. Ayer, la noticia de su renuncia y sus declaraciones me abrieron los ojos a una serie de iniciativas que no sólo resolverían la crisis actual sino que, además, pondrían al país sobre una base sólida para pensar en el futuro. Iglesias dijo ahora, al retirarse para siempre de su misión globalizadorísima, que reconocía los malos resultados que había tenido la globalización, algo realmente conmovedor si constituye un acto de contrición.
Ahora bien, ¿cuáles son esos malos resultados en Panamá? Me limito a lo que veo y constato a intervalos regulares con la cuenta de la electricidad, con la de teléfonos y con el sonido de la tecla de total de la caja registradora del supermercado.
Es cosa sabida que la planilla del IRHE se redujo enormemente, la planilla del INTEL quedó tan flaca como Rocinante, y la canasta básica de todos los panameños incorporó los factores alcistas de una cuenta de electricidad triplicada o cuadruplicada y de un gasto de teléfonos mucho mayor, al punto de que nada más los celulares representan, para decenas de miles de panameños, una cifra que deja chica a la cuenta entera del INTEL hace diez años.
Además de eso, sin que nadie esté contento con el servicio que prestan, ni los economistas oficiales niegan ya que hay una fuga de capitales de más de quinientos millones de dólares al año en ganancias de las empresas privatizadas en viaje de una vía, o sea que deben ser más los dólares que dicen adiós, para siempre adiós como el bolero.
¿Qué puede hacerse entonces? ¿Ampliar el Canal para que le rinda al gobierno un par de centenares de millones más, si es que la interpretación estadounidense de la expresión "peajes razonables" en el Tratado de Neutralidad permite mantener peajes altos? ¿Si eso no basta, entonces qué? Pues bien, si hacemos un examen de conciencia de Enrique Iglesias, como buenos cristianos podemos arrepentirnos y tratar de tapar los huecos que el error y los grandes timos han dejado en el mapa nacional real.
Cuando Nasser lo nacionalizó, el Canal de Suez tenía un par de miles de empleados, y ahora tiene cerca de cincuenta mil porque la Autoridad del Canal egipcio ha desarrollado muchas otras actividades lucrativas adicionales. La Autoridad del Canal de Panamá tiene facultades legales y constitucionales que le permitirían generar y distribuir electricidad y establecer servicios de telefonía con instalaciones que, a la luz de lo que producen en ganancias anuales resultan baratísimas. Podría también montar instalaciones de generación de electricidad hidráulica con las nuevas fuentes de agua que necesitará la ampliación y hasta utilizar los chorros de agua de las esclusas que muy bien se podrían aprovechar con pequeñas turbinas de diseño japonés o alemán, además de aprovechar la gran extensión de las riberas canaleras con sistemas de generación de energía solar y de turbinas eólicas. Podría también darnos, por fin, lo que todo país civilizado tiene, o sea dos sistemas de distribución que se respalden cuando uno falla y acaben con los costosos apagones y cortes de agua. El drenaje de capitales se aliviaría o se acabaría, y el servicio sería mejor y más barato. Ya en Europa están previendo el petróleo a cien dólares el barril, porque nada más quedan reservas para cuarenta años en todo el planeta. No olvidemos que los habitantes anteriores de la Zona producían su propia electricidad, potabilizaban su propia agua y tenían su propio sistema completo de comunicaciones.
Por otra parte, recordando el estado en que está la Caja de Seguro Social gracias a la sangría que sufrió durante los últimos cuarenta años o más (porque no fueron nada más los militares), me viene a la mente la frase críptica de Omar Torrijos cuando se refirió a las áreas revertidas diciendo que debería dárseles "el mayor uso colectivo".
Cuando dijo "colectivo", con toda seguridad, estaba pensando en Singapur que, si mal no recuerdo, estaba previsto en su itinerario después de parar en el Japón en 1980, aunque a última hora tuvo que modificar el plan. La idea de singapurizar a Panamá la volvió a tomar Nicolás Ardito Barletta durante su breve período de mando, pero todos sabemos por qué se quedó en idea.
Todavía queda tierra suficiente disponible para formar un bloque valioso e invitar a tres o cuatro grandes consorcios a comercializarlo y aprovechar nuestra posición geográfica para los fines de la mundialización pero sin que nos tengamos que morir de hambre. Con el gobierno panameño de miembro pasivo pero beneficiario del consorcio, surgirían trabajos nuevos por decenas de miles, con toda clase de fábricas y de instalaciones de distribución de las principales empresas industriales.
Ya debe estar preguntándose el lector: ¿Y el Seguro Social dónde entra? Pues bien, cuando surgió el "boom" del petróleo en el Estado de Alaska y se hicieron las concesiones, la legislatura local creó el Fondo de Desarrollo de Alaska que recibiría todos pagos de las petroleras en regalías. Lo último que he sabido es que cada habitante de Alaska recibe casi dos mil dólares anuales sólo por vivir allá, y nadie en el resto del país lo objeta.
Del mismo modo, el producto de la singapurización de las áreas ribereñas del Canal, que puede ser a base de arrendamiento de las tierras, se establecería por ley como un fondo que subsidie permanentemente al Seguro Social, y si el arrendamiento contempla la devolución a los cincuenta años con las mejoras, Panamá podría llegar a ser uno de los seis países más ricos del continente, y habría plata suficiente para que se llenaran los de ahora, sus hijos, sus nietos, sus tataranietos y sus choznos. Además, nunca volvería a haber huelgas por crisis del Seguro Social.
Gracias, señor Iglesias, por decirles a sus alumnos lo que hicieron tan mal y con tanto menoscabo de toda posibilidad de progreso futuro, porque no hay ser humano que no sepa que lo malo se puede corregir. Dentro de unos días escribiré sobre la justificación moral de ese subsidio.

101 años de Panamá América

 
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