Un militar al frente de la Policía
El Presidente electo visitó ayer la sede de la Policía Nacional en compañía del Ministro de Gobierno y Justicia designado, y del futuro director de esta entidad. Es prerrogativa del Presidente de la República, a través del ministro del ramo, designar a dicho director. Pero este no es un nombramiento cualquiera, y ya en la campaña electoral se generó una polémica sobre las características de la persona que ocupe esta dirección.
Todavía está fresca la memoria de una institución armada que se toma el Poder Público por la fuerza de las mismas armas que le dio la República para cumplir y hacer cumplir la Constitución y la Ley. El debate acerca de las características ha girado en torno a dos puntos fundamentales, a saber: Que el Director de la Polícía no fuera un militar y que el Director de la Polícía conociera de la materia de seguridad. Parece que el nuevo gobierno se las ha ingeniado para ir simultáneamente en contra de ambos puntos de vista. Veamos: El Sr. Pérez es graduado de West Point, lo que lo hace un militar, pero el Sr. Pérez nunca ha laborado en el campo de la seguridad pública, lo que lo hace inexperto en las materias que atañen a la Policía. Su trayectoria de banquero y de subcontralor seguramente lo harían idóneo para otras actividades estatales. Tal vez podría desempeñarse muy bien en la gerencia del Banco Nacional, que aparentemente aún es un cargo sin llenar.
Los panameños hemos construido a los largo de casi tres lustros un modelo de seguridad civilizada donde los uniformados están efectivamente bajo la autoridad civil y en el cual la Fuerza Pública está dividida en cuerpos distintos de acuerdo a las tareas que le corresponde a cada especialidad. No es lo mismo proponer a alguien que haya estudiado para Policía, o que haya servido en la Policía Nacional y luego haya adquirido otra profesión, como Director General en su calidad de civil, que designar a una persona que hace varias décadas estudio para militar. Aunque nunca haya formado parte de las fuerzas armadas y haya vivido por muchos años como civil, su forma de enfrentar los temas de seguridad será con mentalidad militar y no policial. Bien ha hecho el Presidente electo en designar a aquellos allegados de su confianza que formaron parte de las Fuerzas de Defensa, en posiciones ajenas a la Policía Nacional. No es lo mismo profesionalizar la Policía que militarizarla. Profesionalizar es un avance, militarizar es un retroceso. No nos haga retroceder Sr. Presidente.
¿Acaso los Juegos Olímpicos han destruido las diferencias culturales? Claro que no. Se ha alcanzado la uniformidad en ciertos campos, pero no en todos. Los trajes y uniformes de los deportistas y la música que prefieren para ciertos eventos son diferentes. También comen alimentos diferentes, según sus gustos y costumbres. Y hablan idiomas diferentes.
Esto nos prueba que la gente alrededor del mundo puede compartir ciertas prácticas sin perder sus costumbres y sin conflicto alguno.
Como dice el actor cómico Steve Martin en su más reciente película: "su uniformidad fue sólo interrumpida por su variedad individual".
El intento del comunismo y de otras ideologías totalitarias de hacernos a todos iguales siempre fracasa.
La gente de todas partes del mundo se comunica hablando y escribiendo algún idioma, sin embargo los idiomas son diferentes. Viven en sus casas, pero la arquitectura de las casas es diferente en diferentes sitios. La gente se viste de manera diferente. El arte, los bailes, las costumbres son universales y a la vez muy diferentes.
La globalización incluye prácticas que todos deben seguir, sin despojar a nadie de su originalidad, de sus diferencias culturales, de su personalidad, etc. Por el contrario, la interacción de todos esos estilos y maneras de ser diferentes hacen que surjan nuevas modalidades, mientras que otras desaparecen.
Todos esos estilos de vida, de arte, de idiomas diferentes surgieron espontáneamente, sin que ningún dictador los impusiera.
Lo negativo y perjudicial es cuando los gobiernos introducen medidas proteccionistas, subsidios, controles de precios y demás regulaciones al libre intercambio; así tratan de imponer coercitivamente la manera cómo los individuos deben actuar, en lugar de permitirles que lo hagan según su propia conveniencia.
Por lo tanto, lo que tiene que ser excluido en las relaciones humanas y lo que la gente debe en realidad temer es que algunos traten de imponernos su voluntad.
Todo lo demás se puede arreglar y negociar hasta conseguir un punto medio, aceptable para las partes.
(*)Profesor de Chapman University y académico asociado del Cato Institute.
©www.aipenet.com
Todavía está fresca la memoria de una institución armada que se toma el Poder Público por la fuerza de las mismas armas que le dio la República para cumplir y hacer cumplir la Constitución y la Ley. El debate acerca de las características ha girado en torno a dos puntos fundamentales, a saber: Que el Director de la Polícía no fuera un militar y que el Director de la Polícía conociera de la materia de seguridad. Parece que el nuevo gobierno se las ha ingeniado para ir simultáneamente en contra de ambos puntos de vista. Veamos: El Sr. Pérez es graduado de West Point, lo que lo hace un militar, pero el Sr. Pérez nunca ha laborado en el campo de la seguridad pública, lo que lo hace inexperto en las materias que atañen a la Policía. Su trayectoria de banquero y de subcontralor seguramente lo harían idóneo para otras actividades estatales. Tal vez podría desempeñarse muy bien en la gerencia del Banco Nacional, que aparentemente aún es un cargo sin llenar.
Los panameños hemos construido a los largo de casi tres lustros un modelo de seguridad civilizada donde los uniformados están efectivamente bajo la autoridad civil y en el cual la Fuerza Pública está dividida en cuerpos distintos de acuerdo a las tareas que le corresponde a cada especialidad. No es lo mismo proponer a alguien que haya estudiado para Policía, o que haya servido en la Policía Nacional y luego haya adquirido otra profesión, como Director General en su calidad de civil, que designar a una persona que hace varias décadas estudio para militar. Aunque nunca haya formado parte de las fuerzas armadas y haya vivido por muchos años como civil, su forma de enfrentar los temas de seguridad será con mentalidad militar y no policial. Bien ha hecho el Presidente electo en designar a aquellos allegados de su confianza que formaron parte de las Fuerzas de Defensa, en posiciones ajenas a la Policía Nacional. No es lo mismo profesionalizar la Policía que militarizarla. Profesionalizar es un avance, militarizar es un retroceso. No nos haga retroceder Sr. Presidente.
¿Acaso los Juegos Olímpicos han destruido las diferencias culturales? Claro que no. Se ha alcanzado la uniformidad en ciertos campos, pero no en todos. Los trajes y uniformes de los deportistas y la música que prefieren para ciertos eventos son diferentes. También comen alimentos diferentes, según sus gustos y costumbres. Y hablan idiomas diferentes.
Esto nos prueba que la gente alrededor del mundo puede compartir ciertas prácticas sin perder sus costumbres y sin conflicto alguno.
Como dice el actor cómico Steve Martin en su más reciente película: "su uniformidad fue sólo interrumpida por su variedad individual".
El intento del comunismo y de otras ideologías totalitarias de hacernos a todos iguales siempre fracasa.
La gente de todas partes del mundo se comunica hablando y escribiendo algún idioma, sin embargo los idiomas son diferentes. Viven en sus casas, pero la arquitectura de las casas es diferente en diferentes sitios. La gente se viste de manera diferente. El arte, los bailes, las costumbres son universales y a la vez muy diferentes.
La globalización incluye prácticas que todos deben seguir, sin despojar a nadie de su originalidad, de sus diferencias culturales, de su personalidad, etc. Por el contrario, la interacción de todos esos estilos y maneras de ser diferentes hacen que surjan nuevas modalidades, mientras que otras desaparecen.
Todos esos estilos de vida, de arte, de idiomas diferentes surgieron espontáneamente, sin que ningún dictador los impusiera.
Lo negativo y perjudicial es cuando los gobiernos introducen medidas proteccionistas, subsidios, controles de precios y demás regulaciones al libre intercambio; así tratan de imponer coercitivamente la manera cómo los individuos deben actuar, en lugar de permitirles que lo hagan según su propia conveniencia.
Por lo tanto, lo que tiene que ser excluido en las relaciones humanas y lo que la gente debe en realidad temer es que algunos traten de imponernos su voluntad.
Todo lo demás se puede arreglar y negociar hasta conseguir un punto medio, aceptable para las partes.
(*)Profesor de Chapman University y académico asociado del Cato Institute.
©www.aipenet.com