"Un militar de carrera"
"La espada empobrece a las naciones, el arado lo enriquece". "El militarismo es una planta a la cual hay que cuidar con esmero para que no florezca". "Ahora que han finalizado las guerras de independencia, lo que tienen que hacer los pueblos latinoamericanos es liberarse de sus libertadores". (Simón Bolívar).
La preocupación de Bolívar ha quedado histórica y políticamente justificada y él, mejor que nadie, tenía que saber porqué esta temática del militarismo en nuestros países era una de sus constantes en algunas de sus propuestas, las cuales, en ocasiones, estaban aparentemente inconexas con esta prevención, pero latente tras de ella. Ejemplo de ello fue cuando propuso a la corona inglesa convertir a América Latina en un protectorado inglés. Esta propuesta, que levantó polvoradas, probablemente implicaba las nociones de mayor poderío bélico a efectos de frustrar cualquier intento español de recuperar "sus colonias". También podría estar latente el deseo de que el militarismo latino adquiriera, aunque fuera someramente, respeto y sometimiento al poder civil, noción ésta que enerva a la soldadesca de nuestros ejércitos, pero que es inherente a la tradición sajona.
Por eso resulta irónico que, como alegan algunos, los yankees nos enseñaron a tener dictaduras. En realidad, Estados Unidos no era ni siquiera una referencia geográfica con la trascendencia que tuvo posteriormente, cuando ya la herencia española nos había hecho sentir, por varios siglos, los rigores de los "capitanes generales" (o su equivalente), a quienes hasta los oidores del rey les tenían temor reverencial. Ejemplo de ello es Cristóbal Colón, a quien para agradecerle el descubrimiento de un nuevo mundo, lo encadenaron tras su retorno del cuarto viaje; típico y castizo ejemplo de envidia .
Por su parte, a Vasco Núñez de Balboa, como reconocimiento y agradecimiento por haber descubierto todo un océano, le cortaron la cabeza.
Como detalle histórico y didáctico paso a describir una de estas situaciones tragicómicas que se dieron en Panamá en los años de 1940, preludio del ascenso de la bota militar, narrada por uno de sus protagonistas, el señor Bellido, quien en esa época fungía de Ministro de Gobierno y Justicia, bajo la presidencia del Dr. Daniel Chanis. Según su versión, un buen día el presidente Chanis lo llamó y le dio órdenes de llamar a la presidencia al coronel Remón (jefe de la policía), para comunicarle que estaba destituido y lo retuviera a la fuerza si era necesario, hasta que el nuevo comandante tomara posesión. El buen señor cumplió la orden presidencial y preparó el recibimiento haciéndose acompañar por varios copartidarios, armados todos "por si acaso", ya que temían una reacción violenta del coronel, quien, sin embargo, una vez reunidos y dado a conocer el propósito, sorprendió a todos asumiendo una actitud sumisa, y cabizbajo comentó: "Está bien, ya me lo estaba esperando; bueno, voy a la comandancia a sacar mis cosas personales y entregar el cuartel central a mi sucesor". Todos al unísono gritaron: "No sea usted tan bellaco, usted no va para ningún lado, está detenido, nos cree tontos..."
Cuando los ánimos se apaciguaron, se escuchó una voz que dijo: "Señores, cómo van a dudar de la palabra de un caballero, de un militar, de un militar de carrera...él nos está dando su palabra de que va a desocupar su despacho para su sucesor".
"Además -acotó el coronel Remón-, tengo que ir a la comandancia a sacar unos "documentos muy comprometedores", de diversa índole y, en particular, relacionados con las últimas elecciones..." (Hacía poco se había cometido un monstruoso fraude electoral).
La misma voz apaciguadora, que era la de David Sacudio, agregó con mayor énfasis: "Ya ven ustedes, el coronel nos está advirtiendo de un peligro, y es que esa documentación caiga en malas manos, recuerden que aunque "ganamos las elecciones", aún nuestros enemigos especulan de mil maneras... Señores, tengamos fe en la palabra de un militar de carrera, es más yo me comprometo, como garantía, a acompañarlo a la comandancia y ayudarlo a sacar sus cosas..."
Más que estos risibles argumentos que provenían de un acto de humor involuntario, a todos parecía preocupar superlativamente, los "documentos", y cayeron todos en la trampa, no sin antes exigirle al coronel que verbalmente reiterara otra vez, su promesa y su palabra de "militar de carrera", además de que iría acompañado.
Una hora después, todos estos confiados caballeros (menos ya tú sabes quién, por supuesto), estaban detenidos y destituidos, incluido el presidente Chanis, quien en esos momentos se enteró que ya le habían redactado su "carta de renuncia".
En la actual contienda electoral hay un partido, tú sabes cuál, que propugna que se nombre en la policía a un "militar de carrera". Dios nos tome confesados...
La preocupación de Bolívar ha quedado histórica y políticamente justificada y él, mejor que nadie, tenía que saber porqué esta temática del militarismo en nuestros países era una de sus constantes en algunas de sus propuestas, las cuales, en ocasiones, estaban aparentemente inconexas con esta prevención, pero latente tras de ella. Ejemplo de ello fue cuando propuso a la corona inglesa convertir a América Latina en un protectorado inglés. Esta propuesta, que levantó polvoradas, probablemente implicaba las nociones de mayor poderío bélico a efectos de frustrar cualquier intento español de recuperar "sus colonias". También podría estar latente el deseo de que el militarismo latino adquiriera, aunque fuera someramente, respeto y sometimiento al poder civil, noción ésta que enerva a la soldadesca de nuestros ejércitos, pero que es inherente a la tradición sajona.
Por eso resulta irónico que, como alegan algunos, los yankees nos enseñaron a tener dictaduras. En realidad, Estados Unidos no era ni siquiera una referencia geográfica con la trascendencia que tuvo posteriormente, cuando ya la herencia española nos había hecho sentir, por varios siglos, los rigores de los "capitanes generales" (o su equivalente), a quienes hasta los oidores del rey les tenían temor reverencial. Ejemplo de ello es Cristóbal Colón, a quien para agradecerle el descubrimiento de un nuevo mundo, lo encadenaron tras su retorno del cuarto viaje; típico y castizo ejemplo de envidia .
Por su parte, a Vasco Núñez de Balboa, como reconocimiento y agradecimiento por haber descubierto todo un océano, le cortaron la cabeza.
Como detalle histórico y didáctico paso a describir una de estas situaciones tragicómicas que se dieron en Panamá en los años de 1940, preludio del ascenso de la bota militar, narrada por uno de sus protagonistas, el señor Bellido, quien en esa época fungía de Ministro de Gobierno y Justicia, bajo la presidencia del Dr. Daniel Chanis. Según su versión, un buen día el presidente Chanis lo llamó y le dio órdenes de llamar a la presidencia al coronel Remón (jefe de la policía), para comunicarle que estaba destituido y lo retuviera a la fuerza si era necesario, hasta que el nuevo comandante tomara posesión. El buen señor cumplió la orden presidencial y preparó el recibimiento haciéndose acompañar por varios copartidarios, armados todos "por si acaso", ya que temían una reacción violenta del coronel, quien, sin embargo, una vez reunidos y dado a conocer el propósito, sorprendió a todos asumiendo una actitud sumisa, y cabizbajo comentó: "Está bien, ya me lo estaba esperando; bueno, voy a la comandancia a sacar mis cosas personales y entregar el cuartel central a mi sucesor". Todos al unísono gritaron: "No sea usted tan bellaco, usted no va para ningún lado, está detenido, nos cree tontos..."
Cuando los ánimos se apaciguaron, se escuchó una voz que dijo: "Señores, cómo van a dudar de la palabra de un caballero, de un militar, de un militar de carrera...él nos está dando su palabra de que va a desocupar su despacho para su sucesor".
"Además -acotó el coronel Remón-, tengo que ir a la comandancia a sacar unos "documentos muy comprometedores", de diversa índole y, en particular, relacionados con las últimas elecciones..." (Hacía poco se había cometido un monstruoso fraude electoral).
La misma voz apaciguadora, que era la de David Sacudio, agregó con mayor énfasis: "Ya ven ustedes, el coronel nos está advirtiendo de un peligro, y es que esa documentación caiga en malas manos, recuerden que aunque "ganamos las elecciones", aún nuestros enemigos especulan de mil maneras... Señores, tengamos fe en la palabra de un militar de carrera, es más yo me comprometo, como garantía, a acompañarlo a la comandancia y ayudarlo a sacar sus cosas..."
Más que estos risibles argumentos que provenían de un acto de humor involuntario, a todos parecía preocupar superlativamente, los "documentos", y cayeron todos en la trampa, no sin antes exigirle al coronel que verbalmente reiterara otra vez, su promesa y su palabra de "militar de carrera", además de que iría acompañado.
Una hora después, todos estos confiados caballeros (menos ya tú sabes quién, por supuesto), estaban detenidos y destituidos, incluido el presidente Chanis, quien en esos momentos se enteró que ya le habían redactado su "carta de renuncia".
En la actual contienda electoral hay un partido, tú sabes cuál, que propugna que se nombre en la policía a un "militar de carrera". Dios nos tome confesados...