Un ministro entre gestores, cabilderos y verdugos
NO SÉ SI LAS civilizaciones enferman como la gente, pero creo detectar en la sociedad en que vivo serios signos preocupantes y una vulnerabilidad psicológica que la predispone a la enfermedad de las vacas locas. La epidemia viene del norte, mas los "epidemiólogos" la esperan por el sur.
De las 21 civilizaciones existentes sólo queda un puñado, las demás han desaparecido. Unas veces por efecto de la guerra. Cuando el romano decretó: "delenda est Cartago", no sólo destruyó una ciudad, sino a toda una civilización africana. De ella únicamente sobrevive el nombre de Barcelona (por Amílcar Barça, su fundador). Otras desaparecen como por arte de magia, como la Maya. Algunas son absorbidas por culturas más fuertes o perecen por degeneración y desgaste, o se disuelven mutuamente para pasar a integrar otras sociedades nuevas. Si las observaciones de Toynbee son ciertas, una de las distintas causas de su desaparición es debida a la corrupción, es decir: a la pérdida o la sustitución degradante de los valores sobre los cuales aquella se sustenta.
La democracia es un sistema político ideado para gobernar, es decir, para ordenar pacíficamente a la sociedad dentro de ciertas premisas que no pueden ser vulneradas sin tener consecuencias funestas. La democracia es la base política de la civilización occidental. Todo aquello que la afecte, afectará también a Occidente. Renacida a fines del siglo XVIII, tras un inicio débil y confuso, de adelantos y retrocesos, la democracia se fue consolidando poco a poco a costa de grandes luchas. La Guerra Civil estadounidense, la Guerra de la Independencia americana de España, las dos guerras mundiales y la caída de la URSS la fueron consolidando con los años. Su fuerza imbatible siempre radicó en tres valores sagrados, la libertad, la justicia y el respeto a los derechos del hombre. Sobre ellos se construyó el más formidable progreso que la humanidad haya tenido a nivel científico, cultural, político, económico y militar.
Definida clásicamente por Lincoln como el gobierno del pueblo para el pueblo y por el pueblo, y por Churchill como el peor sistema exceptuando al resto, en sus orígenes, al ser la voluntad de la mayoría la rectora de la sociedad, tenía fuerte acento gregario y al enarbolar la bandera de las libertades civiles también fue liberal. Hasta la introducción en su seno del concepto de libertad económica que hoy casi ha suplantado al político, la democracia fue un sistema revolucionario de intereses sociales mayoritarios y liberales. Así nacieron en América Latina los partidos liberales, opuestos al autoritarismo monárquico entonces dominante y sostenido por quienes pretendían conservar ese poder: los partidos conservadores o "tradicionalistas". Mientras uno representaba el cambio, la inseguridad y el progreso, el otro sostenía un cómodo status quo, retardatario al progreso y reaccionario al cambio.
Dos perversiones nacieron entonces. En el socialismo, el cáncer del marxismo en sus distintas variantes, estalinista, leninista y maoísta que terminó por aniquilar casi hasta su exterminio, las buenas bases socialistas democráticas y liberales que sostienen que la función del Estado es la protección de todas las libertades por igual y en especial la de los sectores más débiles, cuando éstos son oprimidos por los grupos más poderosos, provenientes de cualquier orden, ya sean privados o estatales. El marxismo no sólo fue en la práctica una farsa democrática, sino un sistema corrupto cuya Nomenklatura todavía hoy gobierna en Rusia bajo otro nombre. El otro cáncer nació del capitalismo, y su translocador genético fueron estos conceptos individualistas que flemáticamente en la Inglaterra puritana llamaron "private vices, public benefits" (vicios privados, beneficios públicos) y cuya filosofía puede resumirse así: "En el ámbito económico el liberalismo extendió la idea de que el libre desarrollo del egoísmo económico redundaba en beneficio de todos, pues la magia del mercado (la mano invisible) transforma la aparente rapacidad individual en una contribución a la armonía económica al servicio de la productividad". Una falacia demostrada por los hechos y por la historia. Los países supuestamente más liberales desde el punto de vista económico son los que en realidad tienen más tendencias hegemónicas, monopólicas y proteccionistas, tendencia por lo general oculta en adendas o anexos, como dramáticamente lo acaba de demostrar con su renuncia el ex ministro Laurentino Cortizo Cohen en las actuales negociaciones del TLC con EU. Utilizando la misma "mano invisible" de la que nos hablaba Adam Smith, los "liberales" compran votos y coimean voluntades, imponen bloqueos económicos a su voluntad, decretan guerras preventivas, cambian una dictadura suní por otra chiíta, toleran el manipuleo de los precios del petróleo por el Cartel de la OPEP, controlan el ingreso al Club de las Armas de Destrucción Masiva, se burlan de la ONU y levantan murallas migratorias pero no sancionan a los empleadores de mano esclava.
El neoliberalismo actual permite en pequeñas dosis la intervención del Estado siempre y cuando lo haga a favor de las empresas que viven de el o por el (como la famosa Halliburton del vicepresidente Cheney) y algunas de nuestro patio que con este TLC saborean anticipadamente sus ganancias sin ver cómo chorrean enfrente las babas del diablo. Este neoliberalismo egoísta y profano, de extensas raíces, mantiene secuestrado a los Estados Unidos y los tinterillos de los "think tank" que lo alimentan propaga la falacia por el mundo a través de los medios de comunicación social, como Fox News, CNN, Firmas Press, Heritage Fundation, Aipenet y pagan amanuenses -econoliberales de bolsillo- y conferencistas para adocenar aún más a la masa consumista "light". Lo hacen precisamente desde donde la democracia liberal y el capitalismo con visión social había nacido el día en que el pueblo británico, cansado y hastiado de tanta tropelía, le dio el poder del hacha al verdugo que en 1649 decapitó a Carlos I.
La otra perversión, tan antigua como el más viejo oficio conocido: la prostitución, afecta tanto a capitalistas como a socialistas, a ricos y a pobres y a políticos de toda cepa. La corrupción se ha extendido y ha penetrado profundamente en todas las sociedades. Desde los inocentes obsequios, incentivos o invitaciones iniciales fue creciendo hasta alcanzar las proporciones monstruosas de los cabilderos de hoy.
Estoy esperando que el embajador de Panamá en EU, mi estimado amigo Freddy Humbert, haga una rueda de prensa para poder discutir los perjuicios que podemos sufrir aquí por las correrías de los corredores de influencia contratados de parte y parte. Sería conveniente que antes de descuartizar al sistema político nuestro, el gobierno panameño mantenga los mínimos miligramos de dignidad para cesar de una vez por todas el cabildeo o gestoría que ha contratado a un precio bochornoso para beneficio de unos pocos intermediarios de adentro y muchos productores de afuera. ¿Nadie en el Gobierno se ha dado cuenta lo que hierve bajo sus pies?
De las 21 civilizaciones existentes sólo queda un puñado, las demás han desaparecido. Unas veces por efecto de la guerra. Cuando el romano decretó: "delenda est Cartago", no sólo destruyó una ciudad, sino a toda una civilización africana. De ella únicamente sobrevive el nombre de Barcelona (por Amílcar Barça, su fundador). Otras desaparecen como por arte de magia, como la Maya. Algunas son absorbidas por culturas más fuertes o perecen por degeneración y desgaste, o se disuelven mutuamente para pasar a integrar otras sociedades nuevas. Si las observaciones de Toynbee son ciertas, una de las distintas causas de su desaparición es debida a la corrupción, es decir: a la pérdida o la sustitución degradante de los valores sobre los cuales aquella se sustenta.
La democracia es un sistema político ideado para gobernar, es decir, para ordenar pacíficamente a la sociedad dentro de ciertas premisas que no pueden ser vulneradas sin tener consecuencias funestas. La democracia es la base política de la civilización occidental. Todo aquello que la afecte, afectará también a Occidente. Renacida a fines del siglo XVIII, tras un inicio débil y confuso, de adelantos y retrocesos, la democracia se fue consolidando poco a poco a costa de grandes luchas. La Guerra Civil estadounidense, la Guerra de la Independencia americana de España, las dos guerras mundiales y la caída de la URSS la fueron consolidando con los años. Su fuerza imbatible siempre radicó en tres valores sagrados, la libertad, la justicia y el respeto a los derechos del hombre. Sobre ellos se construyó el más formidable progreso que la humanidad haya tenido a nivel científico, cultural, político, económico y militar.
Definida clásicamente por Lincoln como el gobierno del pueblo para el pueblo y por el pueblo, y por Churchill como el peor sistema exceptuando al resto, en sus orígenes, al ser la voluntad de la mayoría la rectora de la sociedad, tenía fuerte acento gregario y al enarbolar la bandera de las libertades civiles también fue liberal. Hasta la introducción en su seno del concepto de libertad económica que hoy casi ha suplantado al político, la democracia fue un sistema revolucionario de intereses sociales mayoritarios y liberales. Así nacieron en América Latina los partidos liberales, opuestos al autoritarismo monárquico entonces dominante y sostenido por quienes pretendían conservar ese poder: los partidos conservadores o "tradicionalistas". Mientras uno representaba el cambio, la inseguridad y el progreso, el otro sostenía un cómodo status quo, retardatario al progreso y reaccionario al cambio.
Dos perversiones nacieron entonces. En el socialismo, el cáncer del marxismo en sus distintas variantes, estalinista, leninista y maoísta que terminó por aniquilar casi hasta su exterminio, las buenas bases socialistas democráticas y liberales que sostienen que la función del Estado es la protección de todas las libertades por igual y en especial la de los sectores más débiles, cuando éstos son oprimidos por los grupos más poderosos, provenientes de cualquier orden, ya sean privados o estatales. El marxismo no sólo fue en la práctica una farsa democrática, sino un sistema corrupto cuya Nomenklatura todavía hoy gobierna en Rusia bajo otro nombre. El otro cáncer nació del capitalismo, y su translocador genético fueron estos conceptos individualistas que flemáticamente en la Inglaterra puritana llamaron "private vices, public benefits" (vicios privados, beneficios públicos) y cuya filosofía puede resumirse así: "En el ámbito económico el liberalismo extendió la idea de que el libre desarrollo del egoísmo económico redundaba en beneficio de todos, pues la magia del mercado (la mano invisible) transforma la aparente rapacidad individual en una contribución a la armonía económica al servicio de la productividad". Una falacia demostrada por los hechos y por la historia. Los países supuestamente más liberales desde el punto de vista económico son los que en realidad tienen más tendencias hegemónicas, monopólicas y proteccionistas, tendencia por lo general oculta en adendas o anexos, como dramáticamente lo acaba de demostrar con su renuncia el ex ministro Laurentino Cortizo Cohen en las actuales negociaciones del TLC con EU. Utilizando la misma "mano invisible" de la que nos hablaba Adam Smith, los "liberales" compran votos y coimean voluntades, imponen bloqueos económicos a su voluntad, decretan guerras preventivas, cambian una dictadura suní por otra chiíta, toleran el manipuleo de los precios del petróleo por el Cartel de la OPEP, controlan el ingreso al Club de las Armas de Destrucción Masiva, se burlan de la ONU y levantan murallas migratorias pero no sancionan a los empleadores de mano esclava.
El neoliberalismo actual permite en pequeñas dosis la intervención del Estado siempre y cuando lo haga a favor de las empresas que viven de el o por el (como la famosa Halliburton del vicepresidente Cheney) y algunas de nuestro patio que con este TLC saborean anticipadamente sus ganancias sin ver cómo chorrean enfrente las babas del diablo. Este neoliberalismo egoísta y profano, de extensas raíces, mantiene secuestrado a los Estados Unidos y los tinterillos de los "think tank" que lo alimentan propaga la falacia por el mundo a través de los medios de comunicación social, como Fox News, CNN, Firmas Press, Heritage Fundation, Aipenet y pagan amanuenses -econoliberales de bolsillo- y conferencistas para adocenar aún más a la masa consumista "light". Lo hacen precisamente desde donde la democracia liberal y el capitalismo con visión social había nacido el día en que el pueblo británico, cansado y hastiado de tanta tropelía, le dio el poder del hacha al verdugo que en 1649 decapitó a Carlos I.
La otra perversión, tan antigua como el más viejo oficio conocido: la prostitución, afecta tanto a capitalistas como a socialistas, a ricos y a pobres y a políticos de toda cepa. La corrupción se ha extendido y ha penetrado profundamente en todas las sociedades. Desde los inocentes obsequios, incentivos o invitaciones iniciales fue creciendo hasta alcanzar las proporciones monstruosas de los cabilderos de hoy.
Estoy esperando que el embajador de Panamá en EU, mi estimado amigo Freddy Humbert, haga una rueda de prensa para poder discutir los perjuicios que podemos sufrir aquí por las correrías de los corredores de influencia contratados de parte y parte. Sería conveniente que antes de descuartizar al sistema político nuestro, el gobierno panameño mantenga los mínimos miligramos de dignidad para cesar de una vez por todas el cabildeo o gestoría que ha contratado a un precio bochornoso para beneficio de unos pocos intermediarios de adentro y muchos productores de afuera. ¿Nadie en el Gobierno se ha dado cuenta lo que hierve bajo sus pies?