Un momento para la reflexión
La Semana Mayor es tiempo que nos invita a la reflexión, a las rectificaciones, a la conversión sincera, el amor, a la comprensión; es tiempo para compartir, porque en esa forma, demostramos solidaridad y profunda fe en ese gran líder que murió en la cruz para salvar a la humanidad.
Este es el momento para cambiar las malas obras y pensamientos por legítimas promesas de ayuda y protección a los que menos tienen; a los que son víctimas de las ambiciones y de la soberbia de quienes no han comprendido la misión de servicio que nos lleva a buscar el bien común.
Es tiempo de caminar teniendo como guía los principios de justicia, de paz y de amor que nos legara el mártir del Golgota; es el tiempo para reflexionar a fin de darnos cuenta cómo estamos cumpliendo con la patria; reflexión para ahondar en los compromisos que impone el ser un panameño cristiano responsable que tiene plena conciencia de sus deberes y derechos en una sociedad golpeada por la quiebra de valores éticos y morales.
La Semana Mayor, que implica en su profundidad el drama más humano de la Tierra, tiene que movernos a ser más justos, más piadosos, más sinceros como lo supo ser quien murió en la cruz en defensa de la verdad, de la justicia social, de la felicidad y bienestar del universo entero; a luchar, permanentemente por el engrandecimiento del país que siente, en carne viva, las consecuencias de una injusticia social que raya en la pobreza más extrema; a esforzarnos, porque aquellos que tienen en sus manos la suerte de la nación, se orientan por el camino de la concertación en sus ansias de mejoramiento.
Toda la gama de antivalores que contribuyeron a la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo, está presente en nuestros días, porque en el corazón del hombre de todos los tiempos, siempre ha habido la traición, el engaño, la mentira y la ambición como instrumentos desbastadores de la verdad y de la justicia social; es el drama permanente que vive el mundo atormentado por la falta de valores espirituales que lo lleven a su liberación por la defensa de la dignidad del ser humano.
La Semana Mayor, que trae consigo la crucifixión y resurrección del más grande de los líderes de la humanidad, debe ser el mejor ejemplo para aquellos que no han comprendido, ni quieren comprender el mensaje de "Amaos los unos a los otros", para aquellos que en sus ambiciones de poder económico y político, han olvidado los principios de amor, equidad, de paz y de justicia social y continúan en su empeño de fomentar el odio, el egoismo, la intriga, la deshonestidad en menoscabo de una patria que es merecedora de un mejor futuro.
Este es el momento para cambiar las malas obras y pensamientos por legítimas promesas de ayuda y protección a los que menos tienen; a los que son víctimas de las ambiciones y de la soberbia de quienes no han comprendido la misión de servicio que nos lleva a buscar el bien común.
Es tiempo de caminar teniendo como guía los principios de justicia, de paz y de amor que nos legara el mártir del Golgota; es el tiempo para reflexionar a fin de darnos cuenta cómo estamos cumpliendo con la patria; reflexión para ahondar en los compromisos que impone el ser un panameño cristiano responsable que tiene plena conciencia de sus deberes y derechos en una sociedad golpeada por la quiebra de valores éticos y morales.
La Semana Mayor, que implica en su profundidad el drama más humano de la Tierra, tiene que movernos a ser más justos, más piadosos, más sinceros como lo supo ser quien murió en la cruz en defensa de la verdad, de la justicia social, de la felicidad y bienestar del universo entero; a luchar, permanentemente por el engrandecimiento del país que siente, en carne viva, las consecuencias de una injusticia social que raya en la pobreza más extrema; a esforzarnos, porque aquellos que tienen en sus manos la suerte de la nación, se orientan por el camino de la concertación en sus ansias de mejoramiento.
Toda la gama de antivalores que contribuyeron a la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo, está presente en nuestros días, porque en el corazón del hombre de todos los tiempos, siempre ha habido la traición, el engaño, la mentira y la ambición como instrumentos desbastadores de la verdad y de la justicia social; es el drama permanente que vive el mundo atormentado por la falta de valores espirituales que lo lleven a su liberación por la defensa de la dignidad del ser humano.
La Semana Mayor, que trae consigo la crucifixión y resurrección del más grande de los líderes de la humanidad, debe ser el mejor ejemplo para aquellos que no han comprendido, ni quieren comprender el mensaje de "Amaos los unos a los otros", para aquellos que en sus ambiciones de poder económico y político, han olvidado los principios de amor, equidad, de paz y de justicia social y continúan en su empeño de fomentar el odio, el egoismo, la intriga, la deshonestidad en menoscabo de una patria que es merecedora de un mejor futuro.