default

Un monumento histórico


Recientemente se vendió en una cifra modesta, pero significativa, el que iba a ser uno de los hospitales más grandes de Chile y, si me apuran, del mundo: 83 mil 500 metros cuadrados en Ochagavía.
Una aberración. No había la suficiente cantidad de enfermos ni médicos para ocuparlo. Habríamos tenido que importarlos. Quizás se pensó, cuando se inició esta aventura, en una guerra civil, como la que pudo haber ocurrido en el gobierno de la Unidad Popular. Algo de visión, pero equivocados e irresponsables con el dinero que nos quitan con los impuestos. Allende, a pesar de ser médico, detuvo la construcción en 1971. Quizás porque comprendió que era una burrada, porque el fisco no tenía dinero o porque había otras urgencias revolucionarias. Tomó la decisión acertada.
Se invirtieron millones de dólares para nada. Es lo que llaman gasto social. El enorme edificio quedó abandonado y agentes espontáneos del capitalismo se robaron desde los ascensores para abajo. Los hampones se hicieron del lugar y éste cobró notoriedad cuando una menor fue violada y asesinada ahí en febrero de 1991. Desde entonces se ha tratado de hacer "algo social" y se pusieron vigilantes, pagados por los contribuyentes, para nada. Ahora se vendieron los despojos, con condicionalidades o regulaciones para evitar el "qué dirán", y se felicita al ministro.
Da lata poner números, pero ¿se da cuenta de lo que habría rendido la "inversión" puesta a interés desde el decenio de 1960 hasta ahora? Es una cifra sideral que, simplemente, se la llevó el socialismo. Por supuesto, está contabilizada en el llamado gasto social y en la inversión.
El hospital nonato no se pudo vender en el pasado, ni siquiera en el momento del auge de las privatizaciones. Ante esa realidad, se me ocurrió que el edificio podría declararse monumento histórico y convertirse en un museo del socialismo. Un lugar donde exhibir los planes decenales de desarrollo, las armas decomisadas, las muertes por el terrorismo, las colas, libros, fotografías y filmaciones de la epopeya callejera de la lucha popular, incluida la reforma agraria. Hasta se podrían haber exhibido ejemplares del "Clarín" y del "Puro Chile", documentos históricos del leninismo; las alabanzas de nuestro Premio Nobel, Pablo Neruda, al padre Stalin; los discursos de Fidel o de Pol Pot, las genialidades del Ché, de Joan Garcés y las de su mozo o garzón y tanta verborrea del mortal sueño socialista del siglo XX.
Mi idea del homenaje al socialismo no fue comprendida. Se prefirió seguir con el edificio vacío y en depreciación. Como, por lo demás, fue el caso de tantos hoteles, puertos y construcciones inútiles, hechos en los tiempos del desarrollismo latinoamericano. Sin embargo, sigo creyendo que hay que relegar el socialismo a los museos. ¿Dónde más puede quedar la pretensión burocrática de decirnos cómo vivir y ser felices?
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América