default

Un Nobel inmerecido


Obama mostró sorpresa cuando la Academia Sueca anunció que el Premio Nobel de la Paz de este año era para el mandatario de Estados Unidos. En el resto del mundo el comentario más frecuente es que se trata de un premio inmerecido. En escasos nueve meses de gestión, el Presidente Barack Obama aun no ha tenido verdaderos logros en lo que respecta al flagelo de la violencia que azota al Asia Central y al Medio Oriente. Ha tenido, sí, posiciones valientes y ha mostrado una estrategia interesante. Ha hecho discursos propios de una antología del pensamiento político y sus movidas en el ajedrez internacional han sido, cuando menos, audaces.

Pero, ¿logros a favor de la paz mundial? No, definitivamente no. Es el Ejecutivo que tiene el mayor número de tropas de combate en lugares muy alejados de la geografía de su país y, con mucho, el del mayor presupuesto destinado a las actividades militares. Con todo lo que puede tener en su contra, el Premio a Obama sí es significativo como emblema de una apuesta que reúne los mejores intereses del mundo occidental: la paz solo será una realidad hasta que los Estados más poderosos se comprometan con su progresiva conquista y con la eliminación de los resortes que impulsan las guerras, entre hermanos y entre países. La decisión de la Academia sueca solo se justifica como la identificación de un camino, que aunque apenas empieza, ha hecho surgir grandes esperanzas.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América