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Un nuevo Gabinete


Lo más probable es que mañana cese la incertidumbre y se confirme la composición del nuevo gabinete ministerial de la presidenta Mireya Moscoso. Hasta entonces, la especulación seguirá reinando en los corrillos políticos, económicos y sociales del país.
Todas las encuestas de opinión coinciden en que el gabinete no sirve. Es una lacónica opinión que comparte la ciudadanía, incluyendo a los más entusiastas partidarios del gobierno.
La falta de coordinación entre sí y la carencia de un liderazgo de claras directrices es la clave de tan mal desempeño. Los ministros apenas se soportan el uno al otro, hasta el punto que las reuniones de Gabinete, que debieran ser constructivas sesiones de trabajo, con frecuencia se limitan a un agrio intercambio de acusaciones recíprocas y despliegue de crasa ineptitud, mientras la presidenta observa impasible.
La señora Moscoso tiene por delante una oportunidad dorada para recomponerlo todo. Requiere de personas de mucho talento, que piensen en el país por sobre sus apetencias personales, que vean su nombre y el de su ascendencia y descendencia comprometidos, que sientan el cosquilleo de la historia sobre la nuca y después de su muerte.
Ser Ministro de Estado es el honor y servicio supremo que puede un ciudadano prestar a su patria. Es tarea para sacrificarlo todo en pro de los demás. Es darse por completo en cuerpo y alma. Es honestidad a toda prueba, es buscar el bien común y desdeñar el particular.
Henry Kissinger, secretario de estado del presidente norteamericano Richard Nixon, marcó con su obra, para gloria del mandatario, la historia contemporánea y determinó el comienzo del fin de la Guerra Fría, llevando un mandatario de extrema derecha a China.
Allan Greespan, el enigmático director de la Reserva Federal, no es ministro, pero más que eso es el responsable de determinar día a día la suerte del dólar y de la economía del mundo, cosa que hace con determinación y buen juicio.
En Panamá también hemos tenido en nuestra historia ministros extraordinarios, tales como Rubén D. Carles, ministro de Agricultura, aplaudido por todas las bancadas a inicio de los 60. Hay que añadir a Gilberto Arias en Hacienda; José Renán Esquivel en Salud, artífice de la regionalización del sector; Cosaco López en Obras Públicas; Galileo Solís en Hacienda y Relaciones Exteriores; José Manuel Quirós y Quirós en Educación; Carlos Sucre Calvo en la misma cartera y en Hacienda; Ricardo J. Bermúdez en Educación; Federico Velásquez en el mismo cargo, Guillermo Quijano en Obras Públicas; y tantos otros que con su talento y sentido de nación, contribuyeron a forjar este país y a su engrandecimiento.
La presidenta Moscoso y Panamá, requieren con urgencia de gente como esa. Los momentos actuales son demasiado difíciles para dejar los cargos de ministro en mediocres y politiqueros. Un buen gabinete, dotado de ciudadanos insignes enriquecería su mandato, salvaría su gobierno y haría del nuestro, un país mejor.

101 años de Panamá América

 
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