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Un pacto con Martín Torrijos


La APEDE en particular y el sector privado en general, han mostrado una preocupación histórica por la pobreza, desigual distribución de la riqueza, el subempleo y desempleo, como con las lacras que de éstos se derivan. Esta preocupación ha hecho que el sector afronte los retos de plasmar su visión en varias propuestas de desarrollo.
El Gobierno reclama que dio subsidios y exoneraciones a la empresa, sin lograr impactos importantes en un desempleo y subempleo de dos cifras. La empresa se queja de los costos laborales, de los aumentos en la energía, del incremento inconsulto en los impuestos y en la cuota de Seguro Social, así como de un Estado gigante, caro y lento; con una abrumadora corrupción, por ejemplo, en el sistema de administración de justicia, lo que afecta la competitividad del país.
El nuevo Gobierno elimina las granjas autosostenibles del anterior, cuando ya Moscoso, en su período, había eliminado la Sala Quinta de la Corte y derogado el sensato decreto de los días puente. Sucede que cada gobierno desarma aquello y arma lo otro, ante la vista impávida de una sociedad a la que por lo general se le consulta poco y, por lo tanto, pasa factura cada cinco años al alternar el poder.
Dentro de cuatro años, y por el capricho del próximo gobernante, sin dudas podría caer el Plan de Desarrollo que unilateralmente presenta en la WEB el ministro Ricaurte Vásquez a nombre del Gobierno.
Y mientras los sucesivos gobiernos se distraen en desarmar lo que el anterior armó, la mitad de los panameños sigue siendo pobre, la clase media se encoje, la inseguridad deteriora la calidad de vida hasta de los que más tienen y los políticos siguen sumidos en la absoluta incredibilidad y con ningún liderazgo.
Por otro lado, naciones como Chile, China, Singapur y la pequeña Irlanda, que manifiestan crecimiento acelerado, primero logran un "mega acuerdo social" que define un rumbo de la sociedad más allá de los períodos presidenciales. Aquellos Estados sacudieron el mismo miedo a la consulta, y luego negociaron una visión a largo plazo que unificó al país en una sola visión.
La Mesa del Diálogo por el Seguro demostró que los panameños de distintas ideologías, hemos sido capaces de negociar y encontrar caminos en un área tan espinosa como la seguridad social.
Panamá camina a pasos agigantados a un TLC con la nación más poderosa de la tierra. Como todo megaproyecto, las oportunidades son enormes, pero también las amenazas. También afronta un proceso de integración política y económica casi imperceptible, pero no menos profundo, con Centroamérica.
Este país, cuyos habitantes miran con recelo los cambios, para siquiera cumplir con las exigencias del TLC y de la integración centroamericana, tendrá que cambiar profundamente, como nunca lo hizo en cien años de república. De allí que tiene un tremendo significado, que luego de 16 meses, el Gobierno muestre disposición a presentar su plan en público, mismo que ya había debutado cuando, luego del primer año de gobierno, fue presentado vía la Internet.
El horizonte del país luce esperanzador. Grandes proyectos que potencian nuestra privilegiada posición geográfica y la ruta marítima del Canal, abren inmensas oportunidades para sustentar la razón de ser del Gran Pacto Nacional. A la vuelta de la esquina están el megapuerto, la megarefinería, la ampliación del Canal, el ascendente turismo residencial, construcción y fortalecimiento del sistema de transporte multimodal, Tratados de Libre Comercio con los EU, Singapur, Chile y el Caribe, etc.
El país también enfrenta grandes desafíos, como el incremento en el costo del petróleo, la energía eléctrica, el aumento en los impuestos y contribuciones a la seguridad social. También, en lo político, necesitamos una base que corresponda con el nuevo Panamá que podemos diseñar a través de ese Gran Acuerdo. APEDE aspira a unos partidos permanentes y dignos de confianza que respondan a la globalización, y que gobiernen con eficiencia.
Panamá requiere de un dirigente unificador, uno que actúe como estadista, que ponga a Gobierno y sociedad a conversar directamente. Uno, que busque el acuerdo de los panameños visionarios y responsables; uno, que capture oportunidades, que suene sensato para convencer al país a darle vigencia a los acuerdos; uno, que potencie las cercanías entre grupos disímiles que heredó al país el Gran Diálogo por el Seguro.
Martín Torrijos podría ser el indicado, en la coyuntura actual, para llevar adelante el gran proyecto de un Panamá unido y progresista que postule ese Gran Plan Nacional de Desarrollo que haga más competitivo al país. El Presidente necesita erigirse como el líder de esa cruzada para todos y desde todos los panameños, que entonces, el país lo agradecerá.

101 años de Panamá América

 
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