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Un país diferente


El día primero de este mes, el mandatario leyó un discurso ante la Asamblea Nacional, en la que insistió en retratar que al final de su gestión deja un país diferente al que recibió. No se quién le escribe los discursos, pero es evidente que debe ser un extranjero. La pausada lectura dejó claro que no se quería hablar del país nuestro, sino de otro. Es así como se trató de resaltar que carreteras inconclusas y de mayor costo que el pactado, son logros dignos de resaltar. No se dijo nada de la cantidad de contratos para caminos y carreteras que han debido ser rescindidos, y cuyas aseguradoras no han respondido ante la estampida e incumplimiento de las empresas comprometidas, que no son pocas.

Es cierto que tenemos un país diferente al que teníamos en el 2004. Ahora con la reforma fiscal se colectan millones que han servido para publicidad gubernamental. Se pregona que existía un déficit, que pudieron superar, pero no se dice que la deuda pública ha crecido irresponsablemente. En este nuevo país el mandatario pasa más tiempo afuera, que en su tierra, porque más interesa la política de Chávez, Uribe, Correa, etc., porque son de espíritu reeleccionista, y él también aspira a regresar. Nos entrega un país con escuelas en total desastre, pese a la inversión en materia de educación. Recibimos un país con un sistema de transporte sumido en negociados, indemnizaciones inmerecidas y pagos de todo tipo, por causas inexplicables.

En efecto, el país diferente que tenemos cuenta con una vía Transístmica en las peores condiciones, destruida por falta de mantenimiento, pese a la inversión altísima con una constructora intocable. Tenemos un país diferente cuando los inspectores de Obra del MOP dejan que se incumplan los contratos, aceptan que se pague por trabajos mal hechos, con material de pésima calidad y no denuncian, ni obligan a los contratistas. Véase el contrato de carretera Palenque, Aguas Claras Y Guayabalito, en el corregimiento de Santa Rosa, en Colón, el tramo de Villa Hernández en Coclé, con material que nunca debió ser admitido por los inspectores.

Un sector salud deficitario, con una red de oportunidades con niños fallecidos hasta por lombrices, y una carencia de medicinas, sumado al pésimo servicio, dibujan un país realmente diferente.

Basta salir a la calle y hablar de la inseguridad que se ha extendido a todo el país, para darse cuenta que la delincuencia se impone cada día. La corrupción es nota que decora la gestión pública, la impunidad reina y el tráfico de influencia es una necesidad en cada inversión.

El gasto público innecesario, como el del Carnaval, la pérdida de las estatuas de antaño, la pérdida de la oportunidad para los exportadores hacia Europa, el costo a pagar por llevar los productos, un IDAAN incapaz de suplir de agua potable a la población, y como cereza en el pastel, los cierres de vías públicas, demuestran que en realidad tenemos un país diferente.

101 años de Panamá América

 
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