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Un país que apunta hacia un mejor mañana


LOS CONOCEDORES de la teoría económica saben, perfectamente, que lo que haga o deje de hacer un gobierno en relación a las políticas económicas, indefectiblemente, incide, negativa o positivamente, en el crecimiento de la economía. En nuestras sociedades, históricamente, han existido regímenes o gobiernos que, no obstante, de tener las condiciones objetivas para un despunte o despegue de las actividades económicas de la nación, se han convertido en un nefasto obstáculo de las mismas, por lo que en este tipo de gobiernos no ha sido difícil advertir el manifiesto desastre o desgreño que termina dando cuenta de la afectación total de la sociedad entera que muestra síntomas de descomposición.
Ya nos hemos referido a los gobiernos bastardos que, lejos de promover el desarrollo social, la cohesión y unidad de la nación de caras a soluciones concretas a un pueblo que clama por mejores días, resulta que la negligencia, la indolencia, la apatía, la frialdad ante el dolor y el sufrimiento humanos, hacen presa de ellos sin importarles, en lo mínimo, la solidaridad social y el derecho de las grandes mayorías marginadas de la Patria a aspirar a mejores niveles y condiciones de vida. .
Lo anterior nos sirve para llamar la atención sobre algunas afirmaciones provenientes de adversarios de la Administración Torrijos, quienes sostienen que el crecimiento -reconocimiento expreso por parte de los detractores de dicho crecimiento- por el que atraviesa la economía del país no tiene nada que ver con la estrategia o la acción de gobierno que dirige el presidente Martín Torrijos Espino.
Dichas opiniones atribuidas, básicamente, a un poderoso empresario y también a un intelectual y viejo adversario del torrijismo, nos inducen a pensar que se trata de una postura impropia, cuya cuna o prosapia guarda acomodo en un discurso electoral oposicionista adscrito, a su vez, en el nefasto adagio de la "oposición por la mera oposición", la oposición asistemática, acientífica, incoherente, indolente, oportunista, negligente e improvisada.
Por ello, estamos convencidos que los interlocutores de este tipo de argumentos saben, perfectamente, que lo que ha hecho la administración actual ha jugado un papel protagónico en el despegue económico que está viviendo el país. Pruebas al canto no taxativas:
1. La decisión que asumió el mandatario del país, a como diera lugar, de salvar financieramente la Caja de Seguro Social que, como sabemos, estaba a punto del inminente colapso, lo cual de haberse dado habría traído como consecuencia inmediata un grave perjuicio para la economía, puesto que se trata de una de las instituciones que más ahorro interno genera a la sociedad panameña; 2. El saneamiento de las finanzas públicas lo mismo que la implementación de las reformas tributarias con marcado énfasis en la cuestión relativa a la equidad; 3. La reducción percentil de la relación deuda pública-producto interno bruto, lo mismo que la reducción del déficit fiscal que, al final del período de la administración anterior, virtualmente conducía al país hacia una eventual bancarrota y con ella, el padecimiento de las mayorías marginadas; 4. La estrategia de inversiones públicas agresivas que amplían el mercado nacional; 5. La ejecución de los currículums que hacen énfasis en la formación y capacitación del más importante capital con que cuenta el país: sus recursos humanos; 6. La ampliación del Canal; y 7. La modernización digital de variado aspecto que tiene que ver con seguimientos administrativos, de inversiones y compras, etc.
Cierto que hay situaciones y condiciones objetivas que de previo inciden negativamente en el despunte económico mencionado, pero cuyo potencial de lesividad ha venido siendo catapultado por las acciones y decisiones de gobierno del mandatario Torrijos.
Como observamos, el éxito que está teniendo la economía sí esta relacionado con la acción e impronta de la actual administración.
Pero lo más importante resta decirlo: Existe todo un esfuerzo mancomunado de los hombres y mujeres preocupados por el desarrollo de nuestra gente que apunta a priorizar el componente del desarrollo con sostenibilidad y equidad.
Los números o los porcentajes, como indicadores de nuestra realidad económica, traducen un incremento de nuestra economía que supera el 8%; que los gastos públicos han recibido un claro mensaje por parte del actual gobierno "no al desgreño ni a la ampulosidad, tampoco a los festines"; que la educación de nuestros jóvenes sí importa y que, mientras más se eduque una persona, más se escapa y se distancia de las terribles garras de la miseria, de la pobreza. Y como bien dijera el ministro de Economía y Finanzas, Carlos Vallarino: "Toda la preocupación de los detractores de este crecimiento radica, sustancialmente, en que todo esto se ha logrado en apenas dos años y medio de gobierno".

101 años de Panamá América

 
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