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¿Un país sin confianza ni esperanzas?


ADEMÁS DE insatisfacciones ciudadanas con la educación, salud, seguridad, altísimo costo de la energía eléctrica y muchos otros; nos está corroyendo el descomunal sentimiento generalizado de la desconfianza, incredulidad y liderazgo insulso.
Aquellos tiempos en que la palabra dada era solamente una, pasó para muchos. El honor cayó en desuso. Pareciera que estamos llevando a nuestra Patria al despeñadero y a la anarquía, y me pregunto: ¿Será casualidad o será un plan bien orquestado? ¿Será que nos fuimos acostumbrando a tirar la piedra y esconder la mano, pactar hasta con el diablo y luego fingir ser honorables?
Cuando el Grupo de Garantes entregó al mandatario ideas y sugerencias sobre el sistema de atención en salud mediante una carta conceptual a la que denominamos "hoja de ruta", dijimos claramente que cumplíamos con la primera etapa y que, acto seguido, se convocaría a la sociedad panameña a un gran debate público sobre el sistema de atención en salud que los panameños quieren. Por ese estado inherente al desconfiado nato o más bien al que oculta sus propósitos, la desinformación continúo a pesar que el documento fue publicado íntegro, por el Ejecutivo, en todos los periódicos de circulación nacional, en cumplimiento de lo conversado.
Ya se inició la segunda etapa del proceso de reforma del sector salud en materia de atención al paciente; nadie creyó que se daría. La primera persona con quien nos reunimos los garantes durante el proceso de consultas fue con Amanda Blanco, dirigente de la Coordinadora Nacional de Gremios Profesionales y Técnicos de la Salud (CONAGREPROTSA). Siempre la he visto como una persona combativa, defendiendo a su gremio. Con claridad meridiana declaró, recientemente: "Si los problemas de salud no son abordados en una mesa de discusión para tomar decisiones, mal pueden los panameños esperar a que el proyecto de la Autoridad Nacional de Atención de Salud (ANAS), presentado por la Comisión de Garantes, resuelva el problema..., es la primera vez que el tema de salud es abierto a discusión; sin embargo, si bien se buscan soluciones integrales por parte de la sociedad al tema de la Caja de Seguro Social (CSS) y el Ministerio de Salud (MINSA), resulta importante la sostenibilidad social y política para las respuestas que se esperan".
Ella tiene razón. Cuando los ciudadanos deciden concertarse en un proceso de diálogo nacional democrático e incluyente, es normal que surjan dudas. Estas aprensiones son el producto del incumplimiento repetido de la palabra empeñada por quienes detentan el poder y, por ende, los ordenados a prohijar los cambios consensuados en estos esfuerzos ciudadanos. Sin voluntad política y sin apego a la vieja usanza de palabra dada, hecho cumplido; el status quo prevalecerá y todos irán a sus hogares desilusionados, una vez más.
Cuando un humilde morador de ese caserío metido en las montañas de Bocas del Toro dice que no hay interrelación entre los diferentes estamentos del sector público y que allá llegan en forma desorganizada, cuando llegan; o uno de Veraguas asevera que los educadores eran antes agentes de cambio y que hay que retomar ese concepto... no podemos buscar otra alternativa que actuar para producir esos cambios reclamados por ese ciudadano incluido en la estadística de pobreza extrema, pero excluido de las mesas de concertación nacional. Su grito desesperado ha pasado, hasta ahora, desapercibido.
Tenemos ante nosotros otra oportunidad de concertación nacional para lograr acuerdos nacionales encaminados a cumplir las metas del milenio y lograr desarrollo humano sostenible que no sólo genere crecimiento económico, sino que los mismos sean distribuidos equitativamente y que potencie a las personas en lugar de marginarlas, ampliando opciones y oportunidades. Nos toca escuchar lo que necesita la gente pobre, nadie mejor que ella para indicarle a quienes gobiernen, las políticas a implementar.
Poco a poco se está decantando el tema de la pobreza para llegar al punto de claridad que el país reclama, un compromiso con lo concertado, para recuperar confianza y esperanza.

101 años de Panamá América

 
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