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Un partido popular de centro en gestación


El domingo pasado el Partido Demócrata Cristiano postuló sus candidatos a Legislador y Alcalde en la ciudad capital y en San Miguelito. Se avanzó así en la gestación del partido popular de centro que Alberto Vallarino y el Partido Demócrata Cristiano acordaron forjar cuando el PDC respondió positivamente a la propuesta de apoyar la candidatura presidencial del primero, sin exigir un puesto en su nómina.
Las postulaciones integraron cuatro componentes. Primero, incluyeron a cuatro Legisladores provenientes del Arnulfismo: José del Carmen Serracín en el Ciruito 8.6, Lucas Zarak en el 8.7, Olmedo Guillén en el 8.9 y Daniel Arias en el 8.10, todos en el primer puesto de sus respectivas papeletas. Segundo, se postuló a cuatro candidatos provenientes del Movimiento Papa Egoró, que se habían separado por la proclividad de este partido hacia el PRD y su realidad interna de liderazgo ausente y conflictos recurrentes: Enrique Jaén en el Circuito 8.6, Francisco Mosley en el 8.7, Marcos Díaz en el 8.9 y Aida Batista como candidata a Alcaldesa de San Miguelito. Tercero, se integraron dirigentes gremiales y cívicos, independientes o del PDC: Anel García, principal dirigente independiente de MODESAM, quien ha luchado insistentemente por el Hospital San Miguel Arcángel y por los desempleados de San Miguelito, en el Circuito 8.6; Teresita Yániz de Arias, Presidenta de la Fundación por la Promoción de la Mujer y demócrata cristiana, en el 8.9; Enelda Rosales, ex Ð Presidenta del Magisterio Panameño Unido independiente, en el 8.10, y Mayín Correa, Alcaldesa independiente de la capital, como candidata otra vez al cargo.
Cuarto, el PDC postuló a demócratas cristianos activos y destacados: el joven Guillermo García y los abogados Raúl Rosales y Alberto Mendoza, hijo de un fundador del partido, en el Circuito 8.6; Julio Aizpurúa, miembro del Comité Político, en el 8.7; Rubén Arosemena Valdés, Presidente del partido y Legislador, Migdalia Fuentes de Pineda, periodista y Representante del Corregimiento de Pueblo Nuevo durante los últimos diez años, y Guillermo Márquez Amado, ex Ð Magistrado del Tribunal Electoral, en el 8.8; Teresita Y. de Arias y Edwin Cabrera, ambos miembros del Comité Político del partido, en el 8.9; y el abogado Percy Roman y la profesora Angela Dolores de Saénz, miembros probados del partido, en el 8.10.
Esta combinación de gente proveniente del Arnulfismo, de Papa Egoró, de las organizaciones sociales de la sociedad civil y de la membresía demócrata cristiana constituye un desarrollo del partido popular de centro.
El germen se dio con la inscripción de más de 25,000 nuevos miembros a raíz de las primarias en las que se escogió al Ing. Alberto Vallarino como candidato presidencial de la Estrella Verde. Ahora se desarrolla en la actividad electoral concreta, donde se ponen a prueba los ideales y proyectos políticos. Partiendo del PDC se gesta un partido más flexible, incluyente, internamente pluralista, con una ideología social cristiana abierta al enriquecimiento proveniente de la corriente histórica panameñista, de la vivencia contemporánea de Papa Egoró, del espíritu crítico y la exigencia de participación de los independientes y de otros sectores que se sumen al mismo proyecto.
Esta gestación me compromete profundamente. En mi experiencia como Presidente de la Internacional Demócrata comprobé que el fin de la confrontación Este-Oeste, con sus consecuencias económicas, políticas y sobre todo culturales, invita a la transformación de los partidos demócratas cristianos. Como resultado, partidos con diferente origen, como el PAN de México, el Conservador de Colombia y el Justicialista
de Argentina se han integrado recientemente a los organismos internacionales de la Democracia Cristiana. Después de una tendencia hacia una derecha neoliberal a raíz de la caída del muro de Berlín, se inicia en la política un retorno al centro en términos de un "centro reformista", tal que lo propone José María Aznar como orientación fundamental de su Partido Popular en España. Se busca un nuevo ordenamiento socioeconómico a través de reformas, pero decididas por consenso, no impuestas, y ejecutadas gradualmente, no a rajatablas, en virtud de las cuales se conjuguen la mano invisible del mercado, la mano de justicia el Estado y la mano de solidaridad de la sociedad civil.
En Panamá, el surgimiento de un partido semejante significa superar el bipartidismo empobrecedor que parecía imponerse, por parte del PRD y de la versión "mireyista" del Arnulfismo. Estos dos partidos se parecen más de lo que difieren. En efecto, se reclaman de una figura del pasado, pero retóricamente, contraponiéndose a lo que en realidad representaron de rebeldía y de innovación en su momento. En su acción gubernamental han perdido tanto el compromiso social como el agudo sentido de identidad nacional que tuvieron en sus inicios. Como resultado estamos viviendo en un país cada días más polarizado entre una cúpula que todo lo tiene en demasía y una base que carece de lo indispensable, y en un país en el cual a medida que nos acercamos a la fecha de la plena panameñización del Canal se insinúan dudas sobre nuestra capacidad para ser protagonistas soberanos de nuestra propia suerte. Se han convertido ambos en administradores de oportunidades presentes en beneficio propio, sin proyecto de crear nuevas oportunidades futuras para beneficio del pueblo y del país.
Por ello, las postulaciones del PDC impulsan la transformación del sistema panameño de partidos. Se experimenta ahora la conformación de un nuevo gran partido, comprometido con ampliar el horizonte de posibilidades para Panamá y los panameños, un partido que no concibe la política como el simple arte, oportunista y ensimismado, de lo posible, sino como el arte arriesgado y generoso, de hacer posible lo necesario. Por ello, su trayecto ha estado marcado por rupturas con el tradicionalismo: la ruptura de Alberto Vallarino y los llamados "saltamontes" con el tradicionalismo "mireyista", la ruptura de antiguos miembros del Papa Egoró con el cuadillismo "tradicional" en el que ha caído un partido que hace sólo cinco años encarnó una esperanza refrescante, la ruptura de dirigentes sociales con la cautelosa "indiferencia" tradicional hacia el compromiso político de los gremios y asociaciones de la sociedad civil, la ruptura del Partido Demócrata Cristiano con una posible participación en una alianza que se encerraba en el presente vivido no como apertura hacia un futuro nuevo, sino como la repetición de un pasado frustrante.
Al escoger la alianza que encabeza el Ing. Alberto Vallarino, el PDC volvió a ejercer la independencia de criterio y el arrojo que lo caracterizó en los momentos que se colocó a la vanguardia de la lucha por la democracia panameña. Superó conflictos que en el pasado había restringido su acción, por ejemplo, con el Partido Liberal y con la Alcaldesa Mayín Correa, y se convirtió en vehículo de un nuevo proyecto que puede ser tremendamente creativo. Quienes quieran perspectivas nuevas para el país, saben ahora donde encontrarlas.

101 años de Panamá América

 
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