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Un pedacito de mi corazón


Mi corazón es grande y fuerte porque el amor en él abarca un mundo de personas, traspasa las fronteras pero tiene sus raíces en mi familia; es lo que recibí como hija; lo que fortalecí en mi matrimonio y lo que engrandecí como madre, abuela y bisabuela. De ese encantamiento se trata este artículo, dedicado especialmente a mi hija Netty, quien lo inspiró.
Para mí fue una sorpresa saber que estaba en cinta después de mis dos primeros embarazos. Mi hija mayor ya tenía trece años y mi hijo diez. Lo celebramos con entusiasmo y bajo cuidados médicos intensivos, pero el parto se me adelantó un mes y la bebé nació pesando apenas cuatro libras. Aún así su diminuta carita era la fiel estampa de su padre. La bautizaron estando en la incubadora con el nombre de Bernadette, pero su hermana mayor la nombre Netty para que hiciera juego con su tamaño.
Jamás imaginé que esta criatura, este pedacito de mi corazón, cambiaría mi vida notablemente; probaría mi fortaleza y me daría tanta felicidad por muchos años. Esta perlita espontánea, como gota de rocío, fue operada cinco veces de la vista. Nació con cataratas y una profunda deformación de sus pupilas. Todavía con tantos gestos en su contra, yo podría escribir un libro de sus hazañas.
El ambiente del hogar siempre fue con música instrumental y esto fue alimentando el alma de Netty. Estudió en colegios públicos, ayudándose con grabadoras y la asistencia en casa. En la secundaria estuvo en cuadro de honor y nos dio el placer de verla marchar con su cinta tricolor. Estudió música por 12 años y escogió el órgano como su instrumento musical. En el IPHE estudió el braille y pudo leer a su antojo. De repente dejó la música y regaló su órgano a una iglesia.
Al principio me pareció extraño su proceder, sin embargo poco a poco me di cuenta que Netty lo que ansiaba era desarrollar su personalidad, no quería tanta disciplina; quería ser ella misma y probarnos que sus lentes y sus visitas a oftalmólogos famosos en el exterior, aunque habían hecho mella en su carácter, su meta era ser idéntica a nosotros a pesar de su desventaja y así lo hizo.
Este pedacito de mi corazón se convirtió en mi secretaria y mi mano derecha. Su mente trabaja como una computadora donde guarda datos por años. Nosotros no usamos el directorio telefónico. Ella responde a toda la familia cuando queremos saber el número de teléfono de alguien, ya sea personal o comercial. En su memoria ha registrado los cumpleaños de unas cincuenta personas, familiares o conocidos y los felicita sin fallar año tras año. También lo hace en época de fiesta como Navidad, Año Nuevo y el día de la madre. Está al tanto de al política nacional porque oye mucho radio y por sus voces puede identificar rápidamente a un centenar de políticos, sus puestos y su trayectoria.
Mis citas médicas, que yo ya ni recuerdo, Netty las ha registrado de tal manera que puede darme fecha, por qué asistí a las mismas y qué medicina me recetaron. Cuando escuchamos música ella me indica si tuvimos o no ese disco, cómo se llama la pieza y quién la está ejecutando. Aunque jamás ha cocinado, es magnífica probadora informando, a su vez, qué condimento le hace falta.
Este pedacito de mi corazón camina conmigo todos los días. En la barriada y en el Dorado se ha vuelto tan popular que cuando nos dividimos en los quehaceres, la gente me pregunta dónde está la “secre”.
El 15 de enero Netty cumplió años. Ese día no salimos porque ella tiene que atender sus llamadas, que son muchísimas. Yo diría que Netty irradia luz, aunque ella está limitada en ese campo. Ella regala mucho cariño, pero también lo recibe. Es una perlita anacarada que se ha formado en el interior de nuestros corazones.
Te queremos, Netty. ¡Feliz cumpleaños!

101 años de Panamá América

 
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