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Un presidente desquiciado


Según Lord Acton, "El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente". Para otros, el poder no corrompe, sino que desenmascara. Luego de unas elecciones plagadas de acusaciones de fraude y coerción, al punto que miles de candidatos fueron eliminados de las listas por orden del Consejo Supremo de la Revolución, el más radical de los candidatos fundamentalistas, Mahmoud Ahmadinejad, logró la presidencia de Irán. El Sr. Ahmadinejad no tiene fama de corrupto, todo lo contrario, y su corta estadía en el cargo no nos permite saber si el poder lo corromperá, lo que sí ha hecho el poder es desenmascararlo como el líder nacional más peligroso para la paz mundial de estos tiempos.
Si bien el programa nuclear iraní empezó antes de su llegada a la presidencia, con la ascenso de Ahmadinejad, el programa y sus inclinaciones armamentistas se han exacerbado. Sumado a este giro hacia la faceta militar de la tecnología nuclear, se dan constantes y alarmantes declaraciones del presidente iraní, primero en el sentido de proponer la eliminación del Estado de Israel, luego negando el Holocausto y finalmente reiterando su convicción de que Irán debe tener la capacidad de construir armas nucleares. Entre todo esto, Irán ha hecho lanzamientos de prueba de misiles Shihab de largo alcance, que podrían llegar no sólo a Israel sino a Turquía, India, las tropas occidentales en la región y algunos países de Europa Oriental. La combinación de un discurso agresivo que explícitamente propone la eliminación de un Estado miembro de las Naciones Unidas, el desarrollo de una industria de misiles de largo alcance y el de una industria nuclear con fines cada vez más alejados de la generación pacífica de energía, ponen al mundo frente a la pesadilla más negra de los líderes mundiales: Un desquiciado con armas atómicas de largo alcance.
Ante el anuncio de Irán de que reanudará el programa de enriquecimiento de uranio, y la negativa de dicho país de aceptar que el combustible nuclear sea producido y reciclado en Rusia, que es el proveedor de la tecnología, cada vez hay menos dudas de las verdaderas intenciones de Ahmadinejad.
Ya el ministro de Defensa israelí ha dicho que habrá que preparar "otras opciones no diplomáticas" ante la amenaza iraní y la Agencia Internacional de Energía Atómica, recientemente galardonada con el Premio Nobel de la Paz, ha advertido a Irán que se expone a que su caso sea referido al Consejo de Seguridad con las posibles consecuentes sanciones. Nadie en su sano juicio estaría de acuerdo en darle un arma a un desquiciado, pretender justificar a Ahmadinejad es una irresponsabilidad, pero cruzarse de brazos es una actitud suicida.

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